20 de maig 2026

La Escuela



La Escuela Lacaniana de Piscoanálisis 

a la luz de la AMP y de la Escuela Una


Es sabido que las formas que consolidan lo instituido tienden a neutralizar, incluso a reprimir, el deseo instituyente que las causó en acto. Pocas organizaciones e instituciones han encontrado una manera de operar con las paradojas que supone tal oposición, si es que en algún momento han llegado a reconocerlas en su propia experiencia.

La creación de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP)impulsada por Jacques-Alain Miller en 1992, fue una apuesta decidida, incluso un desafío, en la historia de las instituciones psicoanalíticas para tratar lo más real en el que se fundan y darle el lugar de dignidad que merece. Porque este real no es, de hecho, distinto al que orienta la propia experiencia del psicoanálisis en la singularidad de cada caso. Lo que conocemos como la “Teoría de Torino acerca de la Escuela sujeto” [1] es así indisociable de aquel momento: “la Escuela es una experiencia inaugural en el sentido de la experiencia analítica” [2]. Retroceder ante las consecuencias de esta hipótesis es devolver al sujeto al punto anterior de su constitución.

Encontramos ya en los primeros pasos de la enseñanza de Jacques Lacan un análisis de este fenómeno al distinguir, a partir de la experiencia psicoanalítica, la palabra constituyente y el discurso constituido. Lacan no dudó en aplicar este análisis a la propia institución analítica heredera de Sigmund Freud, la International Psychoanalytic Association (IPA), que había reprimido el filo cortante del descubrimiento de Sigmund Freud. El resultado de aquella neutralización había sido una burocratización de la experiencia analítica apoyada, incluso garantizada, por los usos instituidos en la formación y cooptación de los psicoanalistas. 

Es sabido también cómo Lacan, excluido de la IPA, fundó en 1964 su escuela, la École freudienne de Paris, para volver a abrir ese filo cortante de la verdad freudiana. Y es también sabido cómo no dudó en disolverla unos años después, en 1980, para “adoptar” como suya una contra-experiencia impulsada bajo el nombre de Ecole de la Cause freudienne (ECF)Fue también el origen del Campo Freudiano que traspasó las fronteras de Francia para extenderse a otros países y lenguas donde su enseñanza había arraigado generando una fuerte transferencia.

La creación de la AMPdespués de una creciente extensión del Campo Freudiano en el mundo, no podría entenderse sin estos antecedentes. Fue la apuesta de un movimiento instituyente que, siguiendo la enseñanza de Lacan, fundara un modo de formación y de nombramiento de analistas acorde con ella y más allá de los impasses de las instituciones y asociaciones clásicas conocidas. Tampoco podría entenderse sin ella la larga gestación que llevó a la creación en España, en el año 2000, de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP). La ELP nació después de varios impasses e imposibilidades que el lector habrá encontrado explicitados en este volumen y que verá desarrollarse en los siguientes: desde los grupos reunidos bajo la égida del Campo Freudiano, pasando por las Secciones de la Escuela Europea de Psicoanálisis, hasta la Escuela del Campo del Freudiano de Barcelona que no llegó a constituirse como tal. 

Hay que subrayar, entonces, la lógica que condujo estas escansiones temporales y qué estructura resulta de ella. 

La creación de la AMP vino acompañada de un acto crucial que, con el llamado Pacto de París, tomó la forma de la llamada Escuela Una, no una Escuela más en la serie de las ya existentes y de las que vendrían a añadirse, sino la Escuela Más Una que hiciera de cada Escuela incluida en la serie una experiencia de formación inédita, vinculada a las otras del mismo modo que los integrantes de un cartel se vinculan entre ellos por la función de uno de sus miembros como Más Uno. Es la función que previene los efectos de grupo y que vela por la producción singular de cada uno de sus miembros. La Escuela Una, cuyos miembros son los Analistas de la Escuela (AE), producto de la experiencia del pase instaurada por Lacan, es translingüística, transnacional y, si podemos decirlo así, trans-grupal. 

La AMP y cada una de sus Escuelas no podría entenderse entones sin la función de la Escuela Una que tiene su fundamento en la lógica del cartel y en la singularidad de cada Analista de la Escuela (AE) producto de la experiencia del pase. No hay, por ejemplo, Analistas de una Escuela nacional determinada sino Analistas de la Escuela Una. Es una rasgo singular y fundamental que descompleta de hecho cada Escuela en su vínculo con cada una de las otras en la serie.

¿Se entenderán entonces los impasses propios de la experiencia de cada una, y de la ELP en concreto, como las dificultades para mantener la experiencia de los carteles y del pase siguiendo esta lógica a contracorriente de los efectos de grupo propios de toda institución?

Las Escuelas de la AMP, y la ELP entre ellas, se ordenan entonces en una serie más allá de las jerarquías institucionales propias de su eje vertical. Y ello gracias a la insistencia –más que a la existencia, ya que ella misma no tiene una forma jurídica– de la Escuela Una en un eje horizontal que debe contravenir los efectos de grupo. 

Leamos qué significa esta insistencia en los documentos que dan testimonio de su creación:

      La Escuela Una es un pacto entre pares fundado en la función de un Más Uno. El Pacto de París [3] (1992) fue el acto que lo estableció como tal. Que la creación de la ELP tuviera lugar ocho años después implica un efecto retroactivo sobre este momento de pacto. 

      La Escuela Una es lo que más tienen en común las Escuelas de la AMP. Es “Una” no en el sentido del Uno Universal sino en el sentido del Uno por Uno que hace la serie tan incompleta como imprevisible en su desarrollo.

      El Uno del Ideal del Yo –que Freud localizó en su análisis de las masas como inherente a sus formaciones– no deja de existir por ello, pero puede ser utilizado para interpretar los efectos de grupo que desconocen lo real en el que se fundan. Tal función debe ser reconocida, sin embargo, por cada uno de sus miembros. Que esta condición sea, a su vez, un ideal supone un trabajo constante de disolución y de reinstauración de la lógica del Más Uno en cada uno de los momentos de la experiencia de la Escuela sujeto. La idea inicial de que la Escuela Una fuera disuelta periódicamente por las Escuelas miembros de la AMP era un intento de dar una forma común a este momento necesario.

Digamos para concluir que la especificidad de la ELP, dada por su configuración en Comunidades definidas como “autonomías” por el propio Estado español, se aviene de manera singular a tener presente esta lógica tanto hacia el interior de cada una de sus individualidades como hacia el exterior en el que hace serie con las otras Escuelas de la AMP.

Sólo así la Escuela Una se realiza en la AMP como una suerte de antídoto contra el virus del confort intelectual –Lacan dixit– que caracteriza la inercia de lo instituido.

 

Barcelona, abril de 2026

 



[1] Miller, J.-A., “Teoría de Torino acerca de la Escuela sujeto”. El Psicoanálisis, Revista de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, nº 1, Madrid (sin fecha), págs. 65-75. Que en ninguna de las 116 páginas de este primer número de la revista de la ELP conste la fecha de su publicación no es tal vez un simple olvido editorial. O, más bien, significa lo que un olvido es para la experiencia analítica: el retorno de lo real cuando lo simbólico no llega a encontrarle un lugar.

[2] Miller, J.-A. Opus cit., pág. 72.

[3] Miller, J.-A., “El Pacto de Paris”. El nacimiento del Campo Freudiano, textos reunidos por Graciela Brodsky, Ed. Paidós, Buenos Aires 2023, págs. 293-295.