09 de desembre 2009

Cartel bisagra











Hace unos días escribí unas líneas sobre el pase - experiencia y dispositivo - como una bisagra de la Escuela, como un dispositivo que permite transmitir lo más íntimo y singular de la experiencia de convertirse en analista hacia el exterior que habita en la Escuela misma y hacia su exterior en el discurso social*. Pues bien, el dispositivo del cartel me parece que es la otra bisagra inventada por Jacques Lacan para que las aberturas de la Escuela sean verdaderos lugares de pasaje y no barreras de clausura. El cartel, como lugar de elaboración de un saber de cada uno de sus miembros en un trabajo que es también colectivo, es un lugar de pasaje del saber del psicoanálisis entre lo interior y lo exterior de la Escuela.

Tres experiencias distintas en carteles vienen ahora a ponerme de manifiesto esta función de bisagra del cartel de maneras diversas.

El primero fue el primer cartel como tal en el que participé, a principios de los años noventa al inicio de la experiencia de la Escuela, justo antes de su misma creación, en lo que era en ese momento una suerte de crisol donde se fusionaban grupos distintos para dar lugar a la Escuela Europea de Psicoanálisis. Era realmente la experiencia de una elaboración colectiva con un exterior que hasta ese momento era tan cercano como distante y que se hacía presente por colegas que venían de otro grupo. Algunos forman hoy parte de la ELP, otros se fueron antes de su creación. El tema del cartel giraba entorno a la identificación en distintas vertientes y fue un modo de entender que no se podía construir una Escuela con los emblemas de las identificaciones sino a partir del vacío que hace presente el ser del psicoanalista. El trabajo de aquel cartel coincidió de hecho con mi entrada como miembro en la Escuela que se constituía entonces.

Los otros dos carteles en los que participo actualmente tienen rasgos distintos en esta función de bisagra y hacen presente la extimidad de la Escuela de dos modos diversos.

Uno está integrado por dos miembros y por tres no miembros de la Escuela. Inscrito en la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, esta circunstancia hace presente en ella una exterioridad de hecho, una exterioridad que cumple una doble función de control y de transmisión que siempre debería ser propia del cartel de una forma u otra. El cartel tiene un tema que se está trabajando de modo específico para cada miembro siguiendo el hilo del Seminario XVII de Jacques Lacan, “El reverso del psicoanálisis”. El tema articula tres términos, “Discurso, capitalismo y subjetividad”, que son cada uno el reverso del otro: el sujeto y el discurso del Otro, el discurso del psicoanalista como reverso del discurso del Amo, el capitalismo como una reversión de términos de este último.

El tercero de los carteles es el cartel del pase B9 de la École de la Cause freudienne, cartel en el que cumplo la función de Más uno y que tiene la delicada función de decidir el nombramiento de los Analistas de la Escuela (AE) a partir de la retransmisión de los testimonios de los pasantes por los pasadores. Realiza así un trabajo clínico en los más fino y depurado de la experiencia analítica, allí donde el sujeto realiza el pasaje de analizante a analista y se postula a la Escuela como el que puede ser analista de su experiencia. La experiencia en este cartel del pase está suponiendo para mí una enseñanza crucial sobre cuál es la verdadera pareja-sinthoma de los analistas tomados uno por uno y para entender cuál es hoy la verdadera pareja-sinthoma de la Escuela tomada como sujeto que hace presente el discurso del psicoanálisis en la contemporaneidad.


*Contribución a la publicación virtual Cártel Express.

2 comentaris:

Vicent Adsuara i Rollan ha dit...

A mí personalmente se me escapan los criterios fuera del simple deseo del analista, se me escapan digo, los criterios por los que se obtiene el pase para poder ejercer de psicoanalista, lo que sí veo muy positivo, y que de verdad no se me escapa es la inutilidad de estudiar en las universidades los estudios de psicología para poder ejercer de psicoanalista, lo que pasa es que hay que arrodillarse bajo el discurso del nuevo amo, el discurso científico y sus connotaciones legales, de todas formas veo positivo el que haya un pase en el que no pueda filtrarse ningún Jung en el caso de Freud que pueda poner en entredicho las bases más aceptadas del psicoanálisis freudiano como el inconsciente puesto en entredicho por los seguidores más tardíos de Freud. Bien lo dejo, señor Miquel, no he aportado mucho a este su bloc, solo unas impresiones para mí de lo que es el pase. Un saludo y Feliz Navidad.

Miquel A. Bassols i Puig ha dit...

La formación de un psicoanalista nunca podrá reducirse a unos estudios universitarios, por completos que se quieran. Por lo demás, los que ya pensó Freud como condición necesaria no existen en ninguna Universidad por el momento. (Por cierto, está ya en marcha una Universidad Popular de Psicoanálisis Jacques Lacan que iniciará en breve sus actividades a nivel internacional). La formación del psicoanalista incluye la propia experiencia analítica que no es regulable desde el discurso universitario con cursos, pruebas o tiempos prefijados. El pase es la respuesta de Lacan a esta especificidad de la formación del psicoanalista de un modo coherente con el propio discurso del psicoanálisis.
¡Gracias por su observaciones y buen año 2010!