04 d’octubre 2011

Tu Yo no es tuyo

En el orden simbólico cuyos cambios estamos experimentando en el presente siglo, esta voz parece resonar cada vez con más fuerza en cada rincón del planeta… y más allá*. Es la época anunciada por Internet y por Facebook, donde las identidades vuelan y cambian de lugar más rápidamente de lo que podría decirse o imaginarse. Es la época de los MUD (multiuser domains), de la multiplicación de avatares —significante también multiuso—, en realidades, o ventanas, diversas. Y la ventana llamada realidad no es necesariamente la que más puede interesarle a este Yo desmultiplicado que goza de la no identidad consigo mismo. Para su ración de goce puede pasarse muy bien de esa llamada realidad, a pesar de los síntomas que lo acucien en su falta irremediable de identidad. Entonces:

—Tu yo no es tu Yo.
Y, sin embargo, la reivindicación de un Yo más fuerte e independiente, más autónomo, a pesar de más anónimo, se hace hoy totalmente compatible con su desmultiplicación. Es lo que verificamos como una exigencia de identificación llevada hasta los mayores extremos del control social. Hay razones de estructura para ello y las veremos aquí. Pero enseguida constatamos la extensión progresiva de un campo abonado para los viejos espejismos del Yo y de sus artificios: tu yo no es tu Yo, tampoco es tuyo, necesitas autoayuda, coaching, corrección de algún error cognitivo[1]. El Otro te dirá entonces quién es tu Yo o, en el mejor de los peores casos, de quién es. Por el momento, la ciencia ha hecho ya posible que algunas secuencias de tu ADN estén patentadas, y que no puedas disponer de ellas… sin pagar un precio a determinar por el Otro. Pero también, por la misma razón, ese Yo podrá muy bien decir que él no es el responsable de sus actos y de sus elecciones, que lo son sus genes, los del Otro.
Sí, también es ésta la voz de la ciencia contemporánea:

—Tu yo no es tuyo.
Tu yo es del Otro que se hace existir en el gen o en la neurona. Ese tu Yo anida, aunque tal vez un poco diseminado, entre las circunvoluciones del cerebro coloreado que estamos a punto de cartografiar en su totalidad. Solo que allí mismo donde empezábamos a localizar tu Yo, resulta que también estamos detectando, con los mismos colores, lo que tú llamas “Tú”, tu Otro tan exterior como íntimo a la vez. Sorpresa entonces: la ciencia contemporánea no hace más que toparse con el fantasma del Yo —llamado también “conciencia”,— en cada rincón donde había localizado lo más real de su objeto: en la física, en la biología, y sobre todo en las llamadas neurociencias. Lo veremos también aquí. Como señalaba J.-A. Miller en su Curso, “lo neuro-real es lo que está llamado a dominar los próximos años”[2]. Nuevo significante amo para todo uso, lo neuro ha venido a significar supuestamente lo más real del ser, aunque sea un real ya pasado varias veces por el cedazo de lo simbólico.
Pero entonces, de este simbólico agujerado por lo real, sin otra imagen que el vacío que habita y carcome al Yo, ¿quién se ocupa de este simbólico? En una época, Lacan pensó que el psicoanálisis —ciencia conjetural—, encontraría su lugar en la ciencia con una referencia de su experiencia a las ciencias del lenguaje. El inconsciente estructurado como un  lenguaje se localizaba en lo simbólico, registro donde se distingue y se separa muy bien al Yo y sus espejismos del sujeto del inconsciente y su verdad. De ahí la máxima que marcó esta época en el psicoanálisis:

— Tú no eres tu Yo.
Es cierto: desde la perspectiva del Ello freudiano, no solo tú, como sujeto, no eres tu Yo sino que, a consecuencia de ello, eres un sujeto dividido. Eres un sujeto dividido al que le falta el ser, pero sin Otro posible en el que puedas resolver esta división ni esta falta —vano sueño que prometen realizar terapias de aspecto científico—. La experiencia analítica te presta en realidad una apariencia, un semblante decimos también, de ese Otro en la función de un objeto singular que el analista sostiene durante cierto tiempo. Es el famoso objeto a en el que finalmente encuentras la razón de que tu yo no sea tuyo, así como la razón de tus síntomas. Con este objeto a, Lacan pudo reformular el imperativo ético freudiano: “Donde ello era, Yo —como sujeto— debo llegar a ser”.

—¿Tú eres, entonces, tu objeto a?
Una ciencia del objeto a, este hubiera sido tal vez un destino para el psicoanálisis. La idea posterior de Lacan de que la lógica era una ciencia de lo real y que el psicoanálisis debía seguir su referencia, es también una vía a explorar. Pero el problema se complica si seguimos esta lógica en la enseñanza de Lacan tal como Jacques-Alain Miller la ha mostrado y la sigue elucidando. La idea de que habría una ciencia de lo real parece entonces más bien una quimera, una futilidad de la que es necesario seguir los impasses para aislar aquello que no cesa de no escribirse en ella. Condición indispensable para aislar lo real propio del psicoanálisis, lo real que se hace presente en el síntoma. Por este sesgo, tú eres más bien tu síntoma.
Me parece que es por esta vía, vía de impasse siempre sintomático, vía de desencuentro, incluso de malentendido, que debemos seguir investigando el lugar de lo real del psicoanálisis en la ciencia de nuestros días. En esta perspectiva, ha sido para mí un acicate el trabajo desarrollado en el Laboratorio de la Universidad Jacques-Lacan sobre “Psicoanálisis y criterios de cientificidad”, trabajo que seguimos en Barcelona con el asesoramiento de Guy Briole y Vicente Palomera. Varios puntos tratados aquí tienen su origen en este marco de trabajo.
De hecho, una vez localizado el lugar de extimidad que lo real del psicoanálisis ocupa en la ciencia de nuestro tiempo, una serie de textos —algunos más antiguos, otros más recientes—, se ordenaron para venir a formar parte del sumario que ofrezco a la lectura. Fue la amable invitación de Florencia Dassen la que me animó a dar forma de libro a este recorrido de discontinuidades. Su ordenación ni es ni pide, pues, una lectura cronológica: permite los saltos de los que guste la lectura, las idas y vueltas necesarias y las referencias recíprocas entre capítulos.


*Prefacio del libro de próxima publicación: Tu Yo no es tuyo (Lo real del psicoanálisis en la ciencia) en la editorial Tres Haches (Buenos Aires).



Ilustración: Autorretrato, M.C. Escher

[1] MAMI (Métodos de Autocoerción Mental Inducida) sería, en realidad, el nombre más adecuado para muchas de las terapias que hoy se ofrecen con un sello científico. Ver Miller, J.-A. en Jacques Lacan, Le Sinthome, du Seuil, Paris 2005, p. 158.
[2] Miller, J.-A. (2007-2008), curso del 16 de enero de 2008.

7 comentaris:

Vicent ha dit...

En adonar-me a mig anàlisi que tot el que jo feia venia dictat d'un Altre, de mon pare en primera instància, de la televisió en segona i finalment dels llibres em vaig adonar que el meu jo no era yo ni era meu, la meua psicoanalista, la Teresa, em va fer el paper de Pare o Altre fins a trobar-me un lloc, fins a donar lloc a l'objecte a, que jo desitjava fins que vaig llegir Marx i Nietzsche cap als dotze anys d'edat, després de la lectura, que hui la veig com part de la meua formació o de la formació de la meua ànima o símptoma, mai d'una manera despetiva, després de la lectura vaig intentar una autoafermació, un "jo sóc el meu jo i jo faig el meu jo", i vaig acabar analitzant-me, potser això era el que buscava després del meu contacte amb Freud cap als quinze anys, i finalment em vaig adonar que ara sí que puc dir que en base al record de l'Altre que va suposar mon pare, la Teresa, els estudis, la filosofia, els llibres, però també la meua experiència personal amb altres persones a les que vaig deixar de subestimar vaig configurant el meu jo en base a estar a l'objecte a si es pot fer servir aquest símil.
Bé, estic completament d'acord, no som tan amos de nosaltres i només en alguns moments com ens ho creiem abans de l'experiència impagable que suposa l'anàlisi.

Una abraçada senyor Bassols i fins un altre article, molt interessant com sempre.

Miquel Bassols i Puig ha dit...

"Yo soy el que es hoy" escrivia Julián Ríos al seu "Larva — Babel de una Noche de San Juan". Bona part del treball analític és atrapar aquesta metonímia infinita del desig de l'Altre que anomenem "Jo".
Salut i gràcies per la lectura.

Vicent ha dit...

Disculpe que insista, se'm va quedar una cosa interessant, mire:
No s'ha adonat que quan Jean-Paul Sartre fa precedir l'esència a l'existència està en certa manera primant el desig d'un altre o Altre?
El desig del Pare?

Anònim ha dit...

En la imagen el espejo esférico –¿el ojo de los demás?- es sostenido por la mano de quien es reflejado. Suponiendo un juego en donde a la mano se le llame Yo y también le se le llame Yo al ojo podríamos leer algo así como:

mi yo lo veo por tu yo ojo en tanto mi yo mano
(y viceversa)

Muy interesante el articulo!
Reciba, nuevamente, mi yo saludo.

Miquel Bassols i Puig ha dit...

El Yo: sombra ciega que dice verse en el espejo de la mirada de los otros...
Gracias por su cuidadosa lectura.

Eduardo ha dit...

Quizás porque somos significante en relación con otro significante y es habitando ese lugar que es el otro donde nos encontramos a nosotros mismos, un lugar donde podemos ser.

Miquel Bassols i Puig ha dit...

"Yo es otro" —es la cita de Rimbaud que Lacan solía comentar en esta misma dirección que señalas. La alteridad del ser nos acompaña siempre...
Gracias por tu lectura.