11 de novembre 2010

Crónica de la presentación de “Llull con Lacan”, por A. Rodríguez y C. Artiga
















El 25 de octubre, en la librería Bertrand de Barcelona y auspiciado por la Comunidad de Cataluña de la ELP se presentó el libro de Miquel Bassols, Llull con Lacan. El amor, la palabra y la letra en la psicosis (Editorial Gredos, colección “Escuela lacaniana de psicoanálisis”, Madrid, 2010).


Introdujo el acto Juan Ramón Lairisa, Director de la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona. Tras hacer una breve semblanza de los participantes en la mesa -Jose Enrique Ruiz-Domènec, prestigioso medievalista de la Universidad Autónoma de Barcelona, Antoni Vicens, psicoanalista, AE miembro de la ELP, profesor de la misma universidad, y el propio autor- situó la importancia de este exhaustivo trabajo, inicialmente presentado como tesis doctoral en el Departamento de psicoanálisis de la Universidad de París VIII, bajo la dirección de Jacques-Alain Miller.

Como señaló Lairisa, Miquel Bassols muestra en su tesis la virulencia del logos sobre el gran creador del catalán literario que fue Ramon Llull (1235-1315) poniendo de manifiesto los efectos parasitarios del lenguaje sobre el ser viviente. En intrincado paralelo con el caso Schreber freudiano, que retoma Lacan, la desbordante escritura luliana muestra al lector la estrecha relación entre la estructura del lenguaje y el goce en el cuerpo.

De ello, la intervención de Antoni Vicens fue una preciosa muestra que hacía audible el poder creador de la palabra, su potencial generador de la cosa misma. Si esa palabra es palabra de amor, hace surgir algo nuevo. El parlêtre, enzarzado en esas redes, se encuentra con que, una vez dicha esa palabra de amor, algo de sus efectos ya circula, genera un mundo, queda escrito. En su Libre de Meravellas Ramon Amat (ése es su nombre, su patronímico, el Nombre del Padre que retorna en lo real de su obra) sostiene que Dios creó el mundo por amor. En su apasionada búsqueda de la verdad, este sorprendente mallorquín medieval, paradójico heterodoxo del Uno, va de la duda a la increencia (Unglaube) para extraer finalmente un pedazo de certeza. Su escritura, una suerte de mística de la distancia, interesa a ese pescador de palabras que es el analista.

En su intervención, M. Bassols explica cómo, en efecto, ha querido extraer una enseñanza clínica de la lectura del texto luliano, de su cruzada intelectual contra el averroismo y su doctrina de la doble verdad. Sumergiéndose en su obra, la logificación total del intelecto que supone, Bassols advierte que el autor evita así toda tentación de diseminación: mártir del Uno que busca la integración total en una unidad superior, un lenguaje universal que hiciese callar toda disensión, que convirtiese el mundo en el Uno mudo, capaz de silenciar incluso la palabra. Laico medieval que en la Iberia de las tres culturas busca convencer a cristianos, islámicos y judíos de su “creencia” decidida a unificar las tres religiones en un solo sistema de pensamiento. Llull funda esa certeza en la Revelación. Y es ahí donde el analista localiza en la relación del sujeto con la Revelación un rasgo de estructura que, a modo de jerogífico, va repitiéndose en el texto. Certeza que surge cuando el sujeto intenta comprender el sentido enigmático de su propia relación con su Otro más íntimo al que designa con el nombre del Amado (Amat).

¿En qué saber textual -inconsciente- se sostiene?, se pregunta Bassols. Y destaca un dato de archivo que resultó clave para la formulación de su hipótesis central que lecturas anteriores no supieron “pescar”: en efecto, el verdadero apellido de Ramon Llull, es Amat. El padre había sustituido su patronímico por el apodo ‘Llull’, conservándolo como el apellido familiar. Así, encontramos que su verdadero apellido —Amat— es el vocablo, la cifra o letra que en sus textos designa el nombre de los nombres de su Dios: Amat, es decir, Amado.


Como señala Bassols, y también Antoni Vicens, todo el sistema del Ars luliano gira alrededor de la A mayúscula de este Amado que viene a ser el verdadero y único interlocutor de su diálogo. Todas las significaciones de su mundo remiten a la huella dejada por la A de este Amado que viene al lugar del punto de basta que falta en las significaciones huidizas de su realidad. Bassols propone dar todo su peso a la materialidad del texto luliano, que hace de la letra soporte del discurso en la lógica del inconsciente. Tomado a la letra el texto del filósofo y místico ecuménico se convierte en sujeto-supuesto-saber sobre lo real de la lengua, que da soporte a la lógica de la relación del sujeto con su Otro inconsciente: relación marcada en Llull por la Revelación divina del Ars que funda su sistema y sus significaciones.

El Amado (Amat), en su alteridad irreductible, vendrá así a ocupar el lugar del Otro de la palabra y del Uno del goce. Otro que interpela al sujeto en tres órdenes: en los signos de amor que, en forma erotomaníaca, sustentan la relación con el goce del Otro. Llull designa esa lógica del signo con el neologismo Amancia. En el orden de su experiencia de la palabra es el término, neológico también, de Affatus el que nos remite a la aparición del significante en lo real. Está, además, el famoso sistema de su Ars; ahí es la letra la que cifra el goce del Otro; la letra (lettre) como escritura del ser (l’être), como soporte material del amor. En el Ars luliano existe la posibilidad de transformar las cosas como si fueran nombres. La letra pasa así a ser el único objeto de amor verdadero. La letra, en sí misma, crea el mundo. Tres órdenes que Bassols lee como el anudamiento que en su cuarto elemento, en el hacerse un nombre, Amat, constituyen para el sujeto Llull el sinthoma lacaniano. Tirar de ese complejo ovillo abre espacios inéditos de la experiencia del sujeto psicótico que Bassols explora en el libro.

José Enrique Ruiz-Domènec, en su intervención, manifestó su sorpresa y satisfacción con este estudio que calificó como “un libro que despierta la conciencia en una época en que la conciencia está de siesta”. Libro que lleva el pensar al límite sin dejar de explicar, por una vía que asoció a la de la metafísica y que se vale de atinadas referencias. Ruiz-Domènec describe su lectura del texto como una peregrinación a través de lo proceloso del lenguaje, acompañado por tres autores: Llull, Lacan y Bassols. Describió el libro como laberíntico en el planteamiento, pero que abre respuestas según avanzamos en su lectura. Señala el problema que recorre todo el libro: “El mundo de la metáfora deviene en Llull un Ars Magna y se pregunta ¿es una impostura? Ofreció interesantes apuntes del particular contexto histórico preguntándose ¿Por qué el significante y no la historia para resolver esta pregunta? Bassols nos aclara: “Es el inconsciente del sujeto, y no el analista, quien es la interpretación. Por consiguiente, el inconsciente del sujeto Llull –el inconsciente y no su biografía–, será la mejor interpretación de la obra.” Y es por ello que nos propone un “Llull a la letra”. El criterio de verdad es la ley interna de su discurso.

Amalia Rodríguez y Cristina Artiga

1 comentari:

Vicent ha dit...

El Uno, todos somos Uno llevado en el éxtasis puede ser un "finito" desestructurante y a la vez el absoluto sin llegar a la paranoia, yo conocia a un amigo, muy frío de sentimientos, que me decía que a veces al estar solo en casa llegaba a tener la sensación de que se diluía, de tan a gusto como estaba, y esto le daba la alarma para juntarse con el otro, sus amigos o la gente.

Bien, voy a la tercera crónica señor Bassols, un saludo.