09 de novembre 2017

Lecturas del Procés catalán










por J. V. Marcabrú

“Proceso” —palabra ambigua, significante equívoco que sugiere cosas tan diversas como contradictorias. Cada vez que escucho la palabra en castellano, “el proceso”, resuena en mí tanto la novela de Kafka como aquel episodio terrible y trágico que nuestra querida Argentina tuvo que sufrir en tiempos de la dictadura militar, ese terrorismo de Estado organizado bajo el eufemismo del “Proceso de Reorganización Nacional”. En Catalunya, el término “procés” ha venido a designar entre los políticos y los medios de comunicación cosas también muy diversas, que van desde un movimiento vacío, circular y repetitivo, hasta el ansiado viaje hacia las Ítacas de la independencia de Catalunya.

Siguiendo un amplio recorrido semántico, este es el abanico que he podido encontrar para intentar desentrañar los sentidos del “Procés”, a veces transcrito irónicamente en castellano como “Prusés”:

— Una cortina de humo que habría creado la burguesía catalana de la extinta Convergencia Democrática de Catalunya para tapar sus casos de corrupción: el famoso 3%, Jordi Pujol y la tragicomedia del padre de la nación. Es el Procés, coartada de corruptos.

— Una manera más de seguir la política de recortes del “Govern de la Generalitat” convergente contra las clases populares en Catalunya. El Procés, neoliberal a fondo.

— Un movimiento de desestabilización golpista destinado a acabar con el Estado y la nación española, “una, grande y libre”. El Procés, golpista.

— Una suerte de “proceso primario” del sueño nacionalista, o pesadilla identitaria, que lleva inevitablemente a la frustración social y política de Catalunya, a aquellos “lendemains qui chantent” como se dice en francés. El Procés, suicida.

— Un legítimo movimiento del pueblo catalán que busca su lugar desde hace tiempo en una Europa de los pueblos con la apuesta de afianzar una República como “estado no identitario”. El Procés, pueblo soberano.

— Una consigna mesiánica lanzada por un gobierno nacionalista que la población ha seguido masivamente sin saber nadie a dónde iba. El Procés, desde arriba hacia abajo.

— Una suma de movimientos sociales, pacífica y sabiamente organizados, que ha arrastrado desde la calle a los dirigentes en sus despachos de la Generalitat, alguno de los cuales —Artur Mas, por ejemplo— ni se planteaba un ideario independentista. El Procés, desde abajo hacia arriba.

— Una algarada que empezó con manifestaciones de “abducidos” en las calles de Barcelona hacia 2012 y que terminó en octubre de 2017 con la detención y puesta en prisión de sus sediciosos impulsores. El Procés, “butifarrada catalana” (fiesta en la que se reúnen catalanes para comer butifarra y pan con tomate).

— Una suerte de resistencia legítima contra la monarquía de los Felipes al estilo de aquella insurrección que llevó a los Países Bajos a la independencia del opresivo imperio español en tiempos de Felipe II. (Ver el excelente libro de Blandine Kriegel, La République et le Prince moderne, PUF, Paris 2011 que hace de este momento el verdadero
 nacimiento de las Repúblicas modernas en Europa). Un renacimiento del proyecto republicano en España y en una Europa de las Repúblicas. El Procés, decididamente republicano.

— Un proyecto de construcción de una Europa política de los pueblos que reconfigure los Estados-Nación, más inestables que estables en sus fronteras, después de la Segunda Guerra Mundial. El Procés, decididamente europeísta.

— Una pesada lata que los catalanes, esos “judíos de España”, se han inventado para soliviantar y molestar al resto del mundo. Historia de nunca acabar. El Procés, día de la Marmota.

Una cosa, o un semblante, que tenga tantas lecturas y tan distintas para tantos, debe ser sin duda algo de interés…

1 comentari:

Fackel ha dit...

De interés forzado por los mass media, la soberbia del secesionismo, los límites del gobierno español y la ceguera de los ciudadanos. Un procés igual a Esquizofrenia. Un procés de 110.759,94 euros anuales para cada conseller mientras estuvieron en activo (habría que ver si ya no lo perciben) ¡VIva la Pepa! Pero quien sabe, acaso todo es derivado del aburrimiento, ese fantasma que recorre a los occidentales, el verdadero pánico del siglo que dicen algunos filósofos.

Saludos y a conjurar el hastío.