16 de març 2022

Resolución de la transferencia y pase



 

 

















(Text en català)


Supongo que todos ustedes habrán ya recibido y leído lo que podemos llamar “El Informe Aromi”, enviado a todos los miembros, sobre la situación del pase en nuestra Escuela —“Mutualismo y regionalismo en el ELP”—, excelente informe realizado en la perspectiva de un próximo Colegio del pase. Imposible pasarlo hoy por alto a la hora de establecer una verdadera conversación sobre el pase, con toda la affectio societatis de la que seamos capaces, pero también fuera de cualquier “conformismo amable” y complaciente, para retomar la expresión de nuestro colega Andrés Borderías en un texto que he evocado recientemente en el Blog del pase de la ELP. Seguir en la complacencia no haría más que ahogar la experiencia misma de la Escuela del pase que debemos saber transmitir de la mejor manera posible. La affectio societatis requiere de una crítica recíproca que ponga en cuestión los acuerdos tácitos, las “costumbres establecidas”, como dice muy bien allí Anna Aromí, nuestra secretaria del pase en la AMP.

El informe se presenta con lo que se llama una “disfunción del pase en la ELP”. “Disfunción” es una palabra lo suficientemente fuerte como para ponernos en alerta si ya no lo estábamos antes, y evoca otros momentos en los que la experiencia del pase ha hecho síntoma de un real en el que la Escuela-sujeto ha encontrado un punto de impasse, ya sea para sacar una enseñanza, o ya sea para seguir ignorándolo. Y sólo con una verdadera conversación analítica podemos tratar este punto de impasse de la Escuela-sujeto. Es cierto que es necesario esperar la reunión del Colegio del pase, pero también es cierto que es necesario prepararla de manera conveniente para situarnos en esta experiencia de Escuela.

Diré primero cómo veo el problema de una manera general, tomando una perspectiva histórica, para pasar después a una posible interpretación de este impasse, con un término que he escogido para el título de mi intervención y que subrayo en el texto de Jacques- Alain Miller que tienen en sus manos: “Resolución”. Es un término que puede tener distintos sentidos. Una resolución es una determinación decidida, también una toma de partido. Se utiliza también para hablar, en el análisis de un problema, de una operación de descomposición y reducción de su objeto. También hablamos —por ejemplo, en matemáticas— de resolución de una ecuación, al igual que Lacan propone la resolución de la ecuación del sujeto al final de un análisis. Y también en la música se habla de resolución como una forma de encontrar el acorde final de una pieza. Lacan utilizó precisamente esta referencia musical en su texto prínceps del año 1951, “Intervención sobre la transferencia”, cuando habla de la “necesidad generalmente experimentada de dar a una frase musical su acorde resolutivo” [1]. Pero para encontrar el buen acorde resolutivo de una melodía hay que conocer primero la armadura de la partitura, incluso la clave en la que se desarrolla y que determina su armonía. Pues bien, creo que es sólo en una resolución de la transferencia cómo podemos tratar este punto de impasse, y especialmente de nuestra transferencia de trabajo en la experiencia de una Escuela que sea digna de este nombre.

 

* * *

 

Conviene, pues, primero hacer una puntuación de los momentos de esta experiencia para entender cuál es el movimiento que nos conduce, porque a menudo somos conducidos por un movimiento del que no podemos ver la lógica que lo conduce, que nos conduce. Estos momentos van, más o menos, de diez años en diez años. (Sin duda, siempre que hacemos una puntuación de los momentos de una historia lo hacemos ya desde una elección de perspectiva, nada inocente, que es ya una interpretación de la actualidad):

 

—1967: “Proposición del 9 de octubre sobre el Analista de la Escuela...” de Lacan, proposición del pase que —recordémoslo— fue rechazada por buena parte de los miembros de su Escuela y que llevó a una crisis importante.

—1980: Disolución de la EFP. Otro momento de crisis institucional, que no era ajena al fracaso de la experiencia del pase indicada por el propio Lacan. La razón: la carencia de una enseñanza relevante sobre esta experiencia. Y seguidamente, la creación de la ECF que hizo del pase su primer estandarte (bandera), que no estándar (norma tipo).

—1990: Es el momento de este texto de Jacques-Alain Miller: "Observación sobre el atravesamiento de la transferencia". Dos años después, en 1992, viene la creación de la AMP, y fue un momento también de relanzamiento de la experiencia del pase en la ECF. 1990 es también el momento de creación de la EEP con sus grupos en el Estado español.

— 1998: gran debate sobre el pase en la AMP y crisis con la partida de colegas que nos habían acompañado hasta entonces. En el año 2000: Creación de la ELP en España. El dispositivo del pase para sus miembros se mantiene en el marco de la EEP (después FEEP y Eurofederación de Psicoanálisis).

— 2010: El dispositivo del pase pasa a cargo de la ELP con la constitución de un cartel calificado como “propio”, después de un largo debate —un debate que es absolutamente necesario revisar ahora— sobre la “mediación” de la FEEP que ya no se consideraba necesaria con la idea de “acercar” el pase a los miembros del ELP.

— 2022: Debate abierto en la ECF, tras constatar que “algo no va, que está out of joint, desarticulado” entre la Escuela y el pase, tal y como ha indicado J.-A. Miller en una intervención del pasado 22 de enero, donde añadía como conclusión: "Ha llegado el momento de interpretar a la Escuela en su relación con el pase".

La pregunta que podemos hacernos ahora es si no ha llegado también este momento —el de interpretar a la Escuela en su relación con el pase— para la propia ELP. 

Estamos, pues, ante un problema que atraviesa la historia del psicoanálisis, que decide sus derivas y sus aciertos, sus divisiones, disoluciones y (re)fundaciones, y que enunciaré así: ¿Cuál es el destino de la transferencia al final de un análisis? Es un destino que a menudo se presentaba como su disolución, y esto ya desde el caso Sandor Ferenczi, cuando hablaba del agotamiento de la transferencia para dar un giro decidido a la psicoterapia, a falta precisamente de una resolución de la transferencia. ¿Cuál es el destino de la transferencia en aquellos que se ponen en el lugar de psicoanalista? Hoy, este problema se nos presenta así: ¿el destino de la transferencia es hacerse analista de su propio caso o bien hacerse analista de la experiencia de la Escuela? La equivocación en la interpretación de esta frase de Lacan – “devenir analista de su experiencia” ha sido, y sigue siendo sin duda, en el tuétano del impasse actual, todavía.

El pase estaba pensado para hacerse analista de la experiencia de la Escuela, no estaba pensado, —lo diré ya de entrada, clara y directamente— para continuar el propio psicoanálisis en público haciéndose El analista del analista, El analista —singular y universal a la vez— de la propia experiencia analítica, El analista precisamente que decimos que no existe, no más que La mujer.

Y esto por una razón primera que hay que recordar una y otra vez: el pase no es una experiencia individual, de un individuo en un grupo o comunidad del que esperaría un reconocimiento siempre recíproco. El pase es una experiencia transindividual, colectiva, entendiendo por "colectivo" no un grupo o una masa sino lo que Lacan definió como "sujeto de lo individual". Entender la proposición del pase es entender también esta definición sorprendente de Lacan cuando la aplicamos a la Escuela-sujeto: el colectivo es el sujeto de lo individual. De la misma manera podríamos decir que la experiencia del pase —repartida entre sus diversos participantes: pasantes, pasadores y carteles— es la Escuela-sujeto para cada uno de sus miembros, para cada uno y no sólo para algunos. De ahí que el pase sea inherente a la Escuela, que podamos decir que no existe Escuela sin pase, y que no hay pase sin Escuela. No es tan simple ver por qué, y quizás esto se hace más evidente cuando hay un real con el que tropezamos en la experiencia de la Escuela-sujeto y se nos presenta como un momento crítico. El pase es entonces una especie de “analizador” de lo real sobre el que se funda la Escuela. Estamos en uno de estos momentos y la cuestión es qué enseñanza podemos sacar ahora de él.

Voy a decir una, al menos una que podemos sacar de momento: a falta de una resolución de la transferencia (ya sea positiva o negativa), el análisis se continua en el pase, lo que no augura nada bueno para la experiencia de Escuela. No es un problema de una exigencia de perfección que esperaríamos de la experiencia del pase. Es más bien lo mínimo que debemos esperar, que no sea la extensión del caso clínico del pasante, volviendo una y otra vez sobre sus hechos clínicos, vistos ahora desde un supuesto exterior del análisis y de la transferencia, sino que sea la razón bien expuesta de su relación con la causa analítica y con la experiencia de la Escuela que se hace su representante (y pongo todo el cuidado al subrayar este término, representante, veremos por qué).

 

* * *

 

En esta coyuntura me ha parecido interesante leer hoy con vosotros este texto de J.-A. Miller publicado el mes pasado en su libro “Comment finissent les analyses. Paradoxes de la passe”, volumen que reúne intervenciones sobre el pase que van de 1977 a 2002, primera parte de un segundo volumen que se anuncia y que pide una lectura muy atenta por nuestra parte. “Observación sobre el atravesamiento de la transferencia” (1990) no es, a buen seguro, la última enseñanza, interpretación más bien, que Jacques-Alain Miller ha puesto a disposición sobre la experiencia del pase en las Escuelas del AMP. Y, con todo, anunciaba ya muchos de los impases en los que nos encontramos treinta y dos años después.

Les ruego que, si no lo han hecho ya, lean este texto de 1990 atentamente, línea por línea —hacerlo ahora y aquí daría para un largo seminario entre nosotros, lo que me parecería lo más deseable—. Es, por así decirlo, una intervención bisagra si tomamos 1990 como la fecha entre 1980 (la disolución de la EFP por Lacan, con la creación de la EFC por sus alumnos) y 2000, el año de creación de la ELP que, recordémoslo también, debía ser primero una Escuela del Campo Freudiano de Barcelona para el conjunto del Estado español. Y todo esto dos años después de la crisis de 1998, crisis, como saben, nada ajena a la experiencia del pase y a los destinos de la transferencia en nuestras Escuelas. Hay un mismo real que insiste en repetirse en esta experiencia, especialmente en lo que se refiere a la ELP.

Me hago a menudo la pregunta y la hago aquí y ahora con ustedes: ¿hemos estado a la altura para responder a este real que motivó la experiencia, instaurada para hacer avanzar al psicoanálisis y no a los propios psicoanalistas entendidos como un cuerpo profesional?

Creo que la respuesta a esta pregunta depende de cómo entendamos lo que en este texto de J.-A. Miller se ubica como la resolución de la transferencia.

Haré ahora algunas puntuaciones, siete, sobre la lectura de este texto que me han servido como interpretación para ponerlas a su consideración.

 

Observación sobre la travesía de la transferencia

 

1. Y la primera observación (p. 3)[2] es precisamente que “No hay atravesamiento de la transferencia.” Es una fórmula del estilo de aquella del Dante en la entrada de su infierno: “lasciate ogni speranza”, abandona toda esperanza. No es una salida, es una entrada. No hay atravesamiento de la transferencia, sólo hay destinos de los efectos positivos o negativos de la transferencia en el propio grupo analítico, y esto, como veremos, siempre a falta de su “resolución”.

 

2. “El atravesamiento del fantasma es a la vez resolución de la transferencia” (p. 4). Este punto parece algo más difícil. Hay atravesamiento del fantasma, eso sí, cuando se ha reducido su objeto a los “bordes del agujero que él mismo constituye” (p. 4). No hace falta producirlo ese agujero, hay que saber encontrarlo, y bordearlo en sus bordes. Entonces, al mismo tiempo, hay reducción de la representación del analista en su “representante de la representación” (la famosa Vorstellungrepräsentanz, un significante binario como indica Lacan en el Seminario XI: S1->S2). Y existe, a la vez, resolución de la ecuación del sujeto, una resolución con el valor aislado en su fantasma fundamental. Es la resolución que anotamos con el objeto a.

Es necesario hacer aquí una observación a propósito de la Vorstellungrepräsentanz. Hay representaciones del analista: "la transferencia designa, en efecto, las modalidades de la representación del analista" (p. 4-5). Estas modalidades o representaciones conforman la Vorstellung, que es una representación imaginaria, un asunto de psicología, no de psicoanálisis. Una vez reducidas estas representaciones —es ya un primer trabajo de duelo que hay que hacer en el propio análisis—, lo que encontramos, sin embargo, no es una representación sino un agujero, a lo sumo encontramos un representante aislado de la cadena, el representante de la representación reducido a un significante solo, pero que ya no representa nada. No hay, de hecho, representante de la representación de El analista (como no existe tampoco el de La mujer). Es, por así decirlo, un segundo duelo que hay que hacer también al final del análisis, el del “deser” del analista. El analista no existe como tal, carece de inscripción posible en la realidad del inconsciente. Éste es el agujero, no hace falta producirlo (como a veces oímos decir), hay que saber bordearlo.

Hay, pues, reducción de la transferencia y resolución de su ecuación con el objeto del fantasma fundamental. Son lo mismo: S1 = a. De momento, esto no nos dice nada de ninguna caída de la transferencia o del analista, ni tampoco que podamos invertir los términos de la resolución.

 

3. “No hay más allá de la transferencia” (p. 6), "no hay grado cero de la transferencia". Hay en todo caso "restos de la transferencia", como ya indicaba Freud, y el problema es, entonces, cuál es el destino de estos restos, siempre fecundos, si no hay un "más allá".

Subrayo aquí, en la p. 7, la cita que hace J.-A. Miller de Lacan: “Es la cuestión de saber cómo el pase puede afrontar [el deser] para revestirse con un ideal del que se ha descubierto [este] deser”. Traduzco así la expresión “s’affubler d’un idéal”: mudarse, revestirse, engalanarse. Sin embargo, sigue diciendo, “un ideal que sólo son oropeles” (affûtiau: oropeles). Nada con lo que colgarse ninguna medalla, ningún título con el que identificarse, ningún narcisismo de escabel, ninguna estrella de Hollywood.

Para ello, es necesario deshacerse de una vez por todas de esta épica novelesca con la que se revisten demasiado a menudo las llamadas “enseñanzas de los AE” y que J.A. Miller, ya en este texto, ridiculizaba de forma cómica (p. 8):

«El pase tiene la estructura del chiste. No está hecho para llorar, no está hecho para durar. Ya sabemos, buen señor, que no pagará nunca su deuda, que le han robado la cartera, que la mujer es una coqueta, que su vida es una galera y usted el condenado. Pues bien, sáquese ya de encima su dolor de vivir, como supo hacerlo Molière, que tal vez sólo era la máscara de Corneille, sáquese de encima su tristeza, sus heridas, los acentos hechos para aburrirnos. La comedia va más allá que la tragedia, habría que verlo para no olvidarlo. En una palabra: con el peor (pire), hacer reir (rire), y no padre (père). Y si así esto le hace demasiada pupa, pues bien, vuelva a venir cuando esté listo y hayá sabido hacer de su narizota, siempre demasiado larga o demasiado corta, como Cyrano, su estandarte. El único defecto de Cyrano, la obra inmortal de Rostand, es acabar dónde habría tenido que empezar, y empezar dónde habría tenido que terminar.»

Pregunta: ¿Cuántos de los llamados “testimonios”, repetidos una y otra vez, acaban hoy donde deberían empezar y comienzan dónde deberían haber terminado, vistos desde la perspectiva de la resolución de la transferencia?

Al final del análisis, pues, no se trata de la caída de la transferencia [3], ni de la caída de las identificaciones, ni de la caída del sentido. Esto es en cualquier caso uno de los momentos cruciales de un análisis, pero no su final que pide una resolución.

 

4. “En el pase, ya no es el analista quien soporta la transferencia del saber que se le ha supuesto” (pág. 9). Subrayo "el analista", no "su analista". Es un segundo duelo, por así decirlo. Este sujeto, destituido al final del análisis, se convierte en la Escuela, como "emanación de este conjunto que llamamos Escuela", que será la Escuela-sujeto, el colectivo. Esto no significa seguir el análisis con la Escuela, a falta de resolución de la transferencia. La Escuela no es sustitución del analista, es el sujeto transferido a ella en una transferencia de trabajo.

 

5. “La transferencia de trabajo es una transferencia sobre el trabajo”. (p. 10)

Y sólo puede soportarse "idealmente" con una Escuela. Es una transferencia sobre la Escuela como sujeto transindividual. Aquí trabajo significa: crítica recíproca y conversación sostenida, no dejar tranquilo a nadie en su rincón. Y sí, es un ideal.

 

6. “La resolución de la transferencia [es] la destitución subjetiva como destitución del sujeto supuesto saber” (p. 11). Destitución no es liquidación, ni caída, ni siquiera declive; destitución es desposesión, sacar de su lugar, pero para ponerlo en otro lugar (que es lo que significa también transferencia, Übertragungdesde su origen, traslado de un lugar a otro, transposición, transmisión, delegación, cesión, incluso transfusión, contagio). Y esto implica la transferencia a la Escuela-sujeto de lo que han sido los restos del trabajo de transferencia en el análisis.

Y es por eso que (p. 11): "el significante del AE tiene el valor de causa del deseo, que sirve para sostener tanto el trabajo de transferencia como la transferencia de trabajo". Imposible hacerlo después de una supuesta travesía, caída, disolución o des-suposición del saber del analista, hasta burlarse de él.

Entonces, hace falta que hagamos un trabajo colectivo sobre el pase. No es cosa de uno, ni tampoco de al menos uno, como leemos en la p. 11 : "el discurso analítico no podría soportarse con uno solo", sólo "idealmente" con una Escuela —y subrayo el término, "idealmente", por mala prensa que tenga ahora entre nosotros la cosa esta de los "ideales", como si fuera una exigencia superyóica que sería imposible cumplir.

 

7. “No existe atravesamiento de la transferencia porque la transferencia no tiene exterior”. (p. 12)

Inútil pues querer hacerse analista de la propia experiencia, como si hubiera una transferencia de la transferencia, un Otro del Otro, una manera de hacer existir "El analista del analista". Hay que hacer el duelo de “El analista”, y no sólo de “su analista”.

No, no hay travesía de la transferencia al final del análisis, ni en la forma de caída del sujeto supuesto saber ni de disolución de su causa y, menos aún, de sus efectos. No existe ni siquiera declinación de lo que debe ser, de hecho, el propio motor, la causa de la Escuela-Sujeto. No hay salida a un exterior de la transferencia desde donde podría contemplarse el paisaje de un análisis, en un precioso fantasma, como desde la cima de la montaña un día de bonanza. Estamos aquí de lleno, todos en el mismo barco y en plena tormenta, o no estamos de ninguna de las maneras. Y como no hay atravesamiento de la transferencia sólo nos queda llevar hasta las últimas consecuencias, uno por uno, lo que debería haber sido su resolución, más allá precisamente de sus efectos negativos o positivos, porque ambos llevan al impasse del pase.

Todo esto debería poder decirse en una o dos frases cuando se trata del testimonio del pasante que ya ha pasado y ha dejado atrás su historia en cinco actos del Cyrano. (Lacan lo hizo a propósito de dos casos en su texto “L'étourdit”: dos breves frases para dos casos). Lo que importa son las consecuencias de la resolución de la transferencia, “y mejor –p. 7— si es en un solo acto, el acto analítico”. Lo demás es papeleo para adornar el paquete superponiendo una supuesta "teoría", el saber epistémico, no como una consecuencia sino generalmente como un a priori a confirmar. Y también generalmente, para que después venga alguien considerado notable a quien se le pide que acabe el trabajo con la episteme de su comentario. Me he encontrado, a veces, llamado a este lugar —en Jornadas y Congresos de varias Escuelas—, y tengo que decir que siempre me he sentido incómodo, tratando de salir airoso con una reducción al mínimo de la épica novelada cuando pasa por testimonio, para no borrar el rasgo del deseo del analista, cuando está ahí, no borrarlo con un saber sobrepuesto en un deseo de impostura de hacer de analista del analista, una nueva forma, de hecho, de impulsar un cuerpo de analistas didactas.

Mi pregunta es, pues, ahora: ¿Qué hay de nuevo, en los testimonios que escuchamos, sobre cómo se produce el deseo del analista (y no el deseo de ser analista) en una resolución de la ecuación del sujeto, y en una transferencia de la que no hay atravesamiento posible? ¿Cómo, desde esta posición, se interpreta a la Escuela-sujeto? Es la clave de la propuesta de Lacan sobre el analista de la Escuela de 1967. Y es de eso que depende la transmisión del psicoanálisis más allá de relatos autobiográficos (que pueden estar muy bien por otro lado).

El hecho de que no haya atravesamiento ni exterior de la transferencia hace sin duda las cosas más complicadas: ¿qué es lo que se transmite, entonces, más allá de los efectos, positivos o negativos, de la transferencia de una generación a la otra?

A falta de una resolución de la transferencia, el análisis prosigue en el pase, lo que no es el mejor uso que se puede hacer de él como colectivo. Y los testimonios añaden entonces más sentido a lo que ahora llamamos la “starificación” del AE, añadiendo sentido más que sacarlo.

Más preguntas, pues:

¿Por qué no hemos escuchado todavía ninguna novedad sobre la doctrina del final del análisis y del pase por parte de los AE —al menos durante los últimos diez años— o ningún cuestionamiento de la doctrina que se repite una y otra vez para verla confirmada en cada caso? (He estado leyendo estos días nuestros informes de carteles del pase —yo mismo he redactado algunos en otras escuelas— con esta perspectiva). Y todavía es el momento de escuchar una enseñanza que haga objeción a nuestros acuerdos tácitos. ¿Pensamos que las nominaciones se basan en la confirmación de una teoría ya hecha por otros? Si hay teoría del final del análisis y del pase —lo que ya es discutible, sólo sería una teología del analista que no existe— un avance epistémico no es en todo caso el que más parece valorarse hoy en los testimonios y enseñanzas del pase. Incluso hemos llegado a escuchar en un espacio de enseñanza de AE ​​que la teoría y la elaboración conceptual no era su fuerte, como una suerte de excusa para rebajar sin duda las expectativas del auditorio.

Les diré mi "ideal" que ha sido para mí una verdadera interpretación: "hacer de la excepción un para cada uno". Quiero una Escuela en la que cada uno haga la función de más uno para cada uno de los demás, poniendo en cuestión los acuerdos tácitos que gobiernan demasiado a menudo un reconocimiento mutuo (este mutualismo del que nos quejamos tan a menudo). Y esto requiere de una verdadera conversación en la que cada uno se ponga en su lugar de sujeto. En este punto, no hay —como oímos decir a veces— ningún agujero que haya que producir en el saber —en el Otro o en el Otro del Otro... hasta el infinito—, un agujero que se buscaría siempre desde un lugar supuestamente exterior de la transferencia, un exterior imposible. Esta idea de “agujerear al Otro”, que no he encontrado en ninguna parte en la enseñanza de Lacan como una orientación analítica, me parece ahora una de las consignas que lleva a una de las derivas más oscuras de la transferencia negativa en nuestras Escuelas. Es totalmente opuesta a la operación de “poner a cada uno en su lugar de sujeto”, expresión con el que J.-A. Miller modificó una famosa frase de Kant en el momento de “Campo Freudiano, año cero” (2017), para hacer de ella el punto de apoyo de la ética del psicoanálisis: poner a cada uno en su lugar de sujeto no es agujerear al Otro, al contrario, por la sencilla razón de que el Otro ya está agujereado y que es sólo desde el agujero del Otro como podemos interpretar al sujeto.

Discutir esto, como a veces debemos hacer, me parece tan cómico como aquel famoso ejemplo freudiano del hombre que le devuelve al vecino el caldero que le había dejado, y que es un buen ejemplo de los impases y tragedias de todo mutualismo. Se lo recuerdo:

1. En primer lugar, tú no me has dejado ningún caldero;

2. En segundo lugar, el caldero ya estaba agujereado cuando me lo dejaste;

3. Y, en tercer lugar, ¡qué caramba!, yo te he devuelto el caldero completamente intacto.

Más bien, debemos concluir otra cosa: el Analista de la Escuela es ya ese agujero mismo desde su constitución para quien quiera escucharlo y para interpretarlo como tal, es decir, como objeto y causa de nuestro supuesto saber.

Y esto debe ser precisamente, si me permiten decirlo así, para poner a la Escuela en su lugar de sujeto.

 

 

 

Traducción al castellano de una intervención en la Comunitat de Catalunya de la ELP, el 15 de marzo de 2022, en el espacio “Seminario del pase”.



[1] Lacan, J., Éscritos, Ed. Siglo XXI, México 1971, p. 204, n. 2.

[2] Las referencias son a la traducción al catalán del texto, editada en un cuaderno para uso interno de la Comunitat de Catalunya de la ELP, con el acuerdo de J.-A. Miller. El lector podrá remitirse al texto original en francés para verificar la traducción. Miller, J.-A., Comment finissent les analyses. Paradoxes de la passe. Navarin Éditeur, París 2022.

[3] Sé muy bien que el propio Jacques-Alain Miller habló, en 2017 en “Campo Freudiano, año cero”, de su “caída de la transferencia con el Campo Freudiano”, pero no era para hacer de ello el culmen del pase sino, precisamente, por relanzar una apuesta por un pase de la Escuela-sujeto, aún por verificar.

Véase, si no: “El final del análisis, sin embargo, es completamente distinto si se le encuentra —aunque se la vele— una solución por la identificación o por la transferencia. Tan pronto como se habla del final del análisis en términos de liquidación de la transferencia o de caída del sujeto supuesto saber, uno siempre se ve conducido a la solución vía la identificación”. Miller, J.-A. (24 de enero de 1990), El banquete de los analistas. Paidos, Buenos Aires 2000, p. 175.

 

27 de febrer 2022

Entretien à Lacan Studio TV sur «Autorité et autoritarisme»















QS : Peut-on dire qu’il y a une crise de l’autorité?


R : Oui. On entend partout et souvent, avec un accent d’impuissance : il y a une crise de l’autorité. Il y a une crise d’autorité dans la famille, de l’autorité du père d’abord qui en était jadis son vénérable représentant. Il y a une crise de l’autorité pédagogique des enseignants qui n’arrivent pas à se faire respecter par leurs élèves. Il y a une crise de l’autorité épistémique des savants scientifiques, là où les comités d’éthique doivent garantir leurs recherches et les conséquences de leurs progrès. Il y a aussi, bien sûr, une crise de l’autorité ecclésiastique dans le domaine de la religion et de ses hiérarchies, toujours suspectes d’agir suivant des désirs qui ne sont pas conformes à la sainte béatitude d’une autorité exemplaire. Et il y a aussi et surtout une crise de l’autorité politique, dans les pays d’Occident où les démocraties formelles deviennent de plus en plus ce qu’on nomme « démocraties autoritaires », ou même « démocraties sans politique ». Aujourd'hui, c’est dans le domaine de la politique que les autorités sont le plus questionnées, contestées ; c’est là où la fonction de l’autorité a le plus de mal à s’exercer, là où les autorités ont le plus de mal à se faire reconnaitre ou à se reconnaitre entre elles. « Ils ne nous représentent pas », dit-on dans une revendication qui rejette toute possibilité de se faire représenter par une autorité quelconque.

Qs : Y a-t-il une crise de l’autorité particulière à notre monde contemporain?

R : En fait, si l'on passe en revue l'histoire, l'autorité a été toujours en crise dès lors qu'elle doit justifier ce qui l’autorise, ce dont elle s’autorise, c’est-à-dire ce qui la constitue comme autorité. Plus elle doit se justifier, plus elle s’affaiblit. Et plus elle s’affaiblit, plus on trouve des formes de plus en plus dures d’autoritarisme. Elles vont de l’usage du pouvoir par la force physique, voire la violence jusqu’au recours à la force de la norme juridique où elle cherche de trouver sa garantie. Jacques Lacan l’avait déjà signalé : il y a un rapport entre la perte d’autorité et l’exercice du pouvoir, je cite : « l’impuissance à soutenir authentiquement une praxis, se rabat, comme il est en l’histoire des hommes commun, sur l’exercice d’un pouvoir » (Écrits, p. 586). C’est donc dans l’impuissance à s’autoriser de façon authentique d’une pratique —pédagogique, thérapeutique, politique, etc.— qu’on trouve la pente à l’autoritarisme et à l’exercice d’un pouvoir par la force physique ou par celle de la loi.

Qs : Quel lien établissez-vous entre autoritarisme et autorité?

R : Il y a un cercle vicieux entre autoritarisme et crise d'autorité —l'un se nourrit de l'autre, l'un est un effet de l'autre. Il a été largement étudié par de nombreux penseurs —d’Hannah Arendt à Michel Foucault—, notamment après la Seconde Guerre mondiale, moment qui scelle le déclin des figures classiques de l'autorité. Lacan avait déjà interprété à ce moment-là ce déclin comme celui « de l’imago paternelle ». Il faut suivre les traces de ce déclin de l’image classique du père pour comprendre la situation dans laquelle nous nous trouvons aujourd'hui du fait de ces nouvelles formes d’autoritarisme. Lacan l’a souligné peu après : cela va « du père au pire ». La chute de l’autorité du père n’annonce pas un rapport plus libre à l’autorité. Toutes les tentatives de restaurer cette image du père semblent plutôt nourrir des formes renouvelées d’autoritarisme.

Qs : Autorité et autoritarisme, quel rapport avec la loi?

R : L'autoritarisme devient le symptôme de la disparition de l’autorité elle-même. On le constate en particulier dans l’usage du pouvoir et de la violence qui ne respecte plus la singularité des personnes. Et la disparition de l'autorité fait émerger l'usage du pouvoir de la force, celui de la norme juridique ou bien celui de la force physique. C’est Kojève — le seul maître que Lacan s’est reconnu dans le champ de la philosophie et de la politique— qui a su le voir avec lucidité, juste après la débâcle de la Seconde Guerre Mondiale. Il écrivait, en effet, dans son célèbre essai sur l’Autorité : « On peut dire que la Légalité est le cadavre de l’Autorité ; ou, plus exactement, sa ‘momie’ —un corps qui dure tout en étant privé d’âme ou de vie ».

L’autoritarisme tend à se poser comme une autorité universelle qui vaudrait pour « tous ». C’est ainsi qu’on croit fonder une autorité en politique, car gouverner pour tous, c’est toujours la promesse au nom de la loi. Mais cela touche bientôt un impossible, car il n’y a pas d’universel sans ségrégation, sans une exception qui reste impossible à gouverner. Plus on tend à une autorité universelle et plus on parvient à une position autoritaire.

Qs : Comment définir l’autorité dans le discours analytique?

R : La question de l’autorité se pose aussi dans le discours analytique : y-a-t-il une autorité qui puisse se fonder, non pas sur un « pour tous » mais sur ce point de butée qui fait objection au « tout » ? Ce serait une autorité fondée sur la logique du « pas tout », telle que Lacan l’avait formulée à propos de la position féminine. C’est-là le point de départ d’un programme à développer pour une politique de l’autorité analytique : une politique du pas-tout. Elle serait contrainte à entretenir une conversation continuelle avec ce qui fait toujours exception.

Pour nous en faire une idée, écoutons le poète Majorquin Blai Bonet. Il a formulé un beau paradoxe : « Nul n'est autorisé à ne pas avoir une autorité propre ». C’est la maxime de quelqu’un qui n'attend pas l'autorisation d’un Autre universel. Au contraire, il tient compte de la singularité comme le lieu d'affirmation d'une autorité authentique. Cette maxime ne dit pas, comme le dirait un bon Maître, « Tout le monde est autorisé à.… », ce qui serait plaisant à entendre pour tout un chacun. Cette maxime commence par : « Nul n'est autorisé à… », c’est-à-dire : « Il n'y en a pas un, pas même celui qui énonce cette maxime, qui soit autorisé à quoi que ce soit dès le départ ». Et, puisqu'il n'y en a pas un, alors on devra envisager le un par un. On devra vérifier comment chacun s’autorise de sa propre autorité.

Une telle maxime vise à mettre chacun dans sa position singulière de sujet de la parole, à s’autoriser de soi-même contre toute forme d’autoritarisme, et dans une conversation continuelle avec les autres.

15 de gener 2022

Boscuria. La naturaleza perdida de las cosas


 













Volcano 

Los personajes, los hechos y los lugares que aparecen en este libro son absolutamente reales. Las similitudes o las coincidencias que el lector encuentre con sus propias experiencias imaginarias o simbólicas serán siempre ciertas, cada una de ellas, pese a que en ocasiones le puedan parecer fruto del azar o de la contingencia.

Solo que, tal como dejó escrito Lucrecio, el orden de los elementos primordiales de la naturaleza, con las combinaciones y los movimientos que componen sus letras, le hará creer a veces que la ficción ha imitado la realidad. No es cierto; será un espejismo más de los que produce la inevitable naturaleza perdida de las cosas. La verdad que el lector va a hallar en estas páginas, la verdad escrita en minúsculas en la naturaleza, posee siempre la estructura de una ficción. Y solamente descifrando los jeroglíficos será capaz cada uno de revelar su propia verdad.

El umbral que trazamos entre la teoría y la experiencia, entre el nombre y la cosa, entre la palabra y la realidad es solo la manera que hemos adoptado de distinguir regiones en el mapa de la vida y tratar de orientarnos en un campo que no tiene ni sabe hacer estas diferencias. El lenguaje no es una representación de la realidad, sino que forma parte de la realidad hasta darle esa forma con la que se nos presenta. Por ello, el lector hallará al final del libro unas «referencias comentadas» que actúan como andamio aparentemente «teórico» y le podrán decir cuál sería su mapa conceptual, si es que lo había.

Porque el autor, que siempre ha practicado el género del ensayo, no ha logrado aún escribir una ficción que no tenga forma de verdad porosa.


01 de desembre 2021

Lituraterra, de Jacques Lacan


* * *

En una capsa tancada amb pany i forrellat que només pogués obrir-se des de dins, no tant parlar la llengua com ser parlat per ella: lletralettre, littera, llera, litter, litura, litoral, literatura, lituraterra, lecturaterra

        terra que t’erra, 

        par(au)la i (en)raona:

        un (gau)dir

La llengua, que no té ossos però en trenca de molt grossos: ai, lector, no prenguéssim pas mal...


Al lector


Lacan l’il·legible, l’intraduïble, l’inexplicable.
I alhora Lacan citat per tot arreu, ací i allà, per psicoanalistes i no, per universitaris i no, que s’hi abraonen se
gurs que trobaran el que hi vénen a buscar. Lacan-home-del-seu-segle, referència fonamental de la psicoanàlisi per al segle XXI. I fita inesborrable de la cultura contemporània.

I sobretot Lacan-ampolla-al-mar, a l’espera encara de ser llegit com demanava. Lacan amb perles que no es deixen enfilar per fer cap collar de saber d’impostura. Lacan-jeroglífic que, en desxifrar-lo, et permet a tu de desxifrar el que portes escrit a l’esquena i que en diuen: l’inconscient.

Lacan-carta-robada del nostre temps, tan a la vista que la seva enigmàtica lletra sembla que s’hi amaga.

Doncs aquí hem volgut llegir Lacan, traduir-lo, explicar-lo. I això en un dels textos tinguts per més difícils. I hi hem trobat perles. I hem llençat més ampolles al mar, a veure si arriben a lloc, a qualsevol que vulgui esmerçar el treball de llegir-ne el missatge, i de desxifrar-lo. Mai no decep.

I hem convocat Perejaume, la seva escriptura imatjada, per nuar el text amb la nostra lectura, amb «Una ratlla», tan subtil com acordada amb el text.

I hem fet troballes que oferim al lector, perquè hi trobi altres lletres encara per escriure’s.

D’aquesta feina, sempre inèdita, Lacan mateix en va dir Lituraterra.

M. B.

* * *


28 de novembre 2021

Margaret Thatcher, The Ironic Lady


 











El 12 de febrer de 1984, la senyora Margaret Thatcher va ser convidada pel president George Bush a un sopar organitzat en homenatge seu a la Casa Blanca*. Ja asseguts a taula i sense seguir el protocol, en l'ambient distès de l'acte, el president dels Estats Units va donar primer la paraula al senyor Denis Thatcher per fer un brindis. És sabut que Denis sempre va mantenir la màxima discreció. Era a ella, Margaret, a qui li tocava fer els discursos, i a ell quedar-se sempre en un segon pla. Denis no volia fer una excepció a aquesta regla, tot i ser a invitació del president dels Estats Units, perquè era a ella a qui li corresponia ser l'excepció a la regla, a ella, Margaret Thatcher, The Iron Lady, i a ningú més. Denis el discret, doncs, es va aixecar del seu seient per respondre amb cortesia a la invitació de fer el primer brindis de la taula. I heus ací les seves paraules, acolorides amb els trets de l'humor britànic: «Com va dir Marco Antonio en entrar a l'habitació de Cleòpatra, no he vingut aquí per parlar». Punt. I es va asseure. Un moment de silenci i, de seguida, un esclat de rialles i d’aplaudiments de tots els comensals. Tots? No, no tots. La senyora Margaret Thatcher va romandre asseguda, el rostre inexpressiu —potser amb la mà serrant ben fort el ganivet o la forquilla, no ho sabem—, amb una expressió seriosa i hieràtica —a l'estil de Buster Keaton, però sense cap intenció de produir l'efecte de perplexitat humorístic del còmic americà.

Ella, Margaret Thatcher, sempre l'excepció a la norma, segons la seva pròpia norma. No era cosa de jugar amb l'ambigüitat sobre qui havia de tenir ben agafat a la mà el significant amo per determinar les significacions del discurs. I pel que fa a les relacions entre els sexes, no es tractava sobretot de quedar-se en la reivindicació d'una igualtat que ella considerava impossible, sinó de saber qui és que té a la mà aquest significant amo per marcar la diferència, ja sigui per sota o per sobre de les estovalles. Com va dir una vegada: «Tan aviat com doneu a les dones la igualtat amb els homes, es tornen superiors a ells»[1]. Per tant, la pregunta és qui marca la diferència, i no pas quina és la diferència. Cap concessió, doncs, a l’humor de Denis que, sens dubte, aquesta vegada havia parlat una mica massa fent servir l'ambigüitat del significant.

Alguns col·legues de Margaret Thatcher al Partit Conservador, així com els seus biògrafs, parlen sovint d’aquest tret de la Dama de Ferro: era incapaç d'entendre un acudit. A diferència de Denis i els seus compatriotes britànics, semblava que no tenia cap mena de sentit de l'humor. Fins i tot es diu que després de veure un episodi dels famosos Monty Python, calia explicar-li de què es tractava, descrivint-li l’humor del guió, dels acudits que s’hi feien.

I, tanmateix, també sabem com va arribar a mostrar una ironia subtil en els seus comentaris i en les seves intervencions en la família i en la política. Vegem-la, per exemple, en un altre moment solemne, el 2007, quan va tornar a fer història en convertir-se en la primera expresidenta vivent homenatjada amb una estàtua de bronze a les Cambres del Parlament. Aquesta estàtua, la trobem ni més ni menys que al costat oposat, enfront de la de Winston Churchill, el polític que havia estat el seu heroi de joventut. Tenint en compte que una estàtua anterior de Thatcher, exposada a la Guildhall Art Gallery de Londres, havia estat decapitada pels seus enemics més durs, quan aquesta nova estàtua de bronze va ser presentada públicament, va dir sense somriure: «Potser hauria preferit que fos de ferro, però amb el bronze ja farem. No s'oxidarà. I, aquesta vegada, espero que el cap es mantindrà al seu lloc.» I sí, de fet, el cap es manté al seu lloc, immune a qualsevol decapitació operada per la força de castració de la norma-mascle, la norme-mâle.

D’altra banda, ser l'excepció a aquesta norma era la millor manera de confirmar-la. Si la premsa militar soviètica l'havia batejada un bon dia com The Iron Lady, seguint l'heroi nord-americà de l'Univers Marvel,  The Iron Man, ella va adoptar de seguida aquesta nominació per anar pel món i fer-s’hi representar pels seus mitjans. De fet, en repetir l'expressió The Iron Lady, la Dama de Ferro, per anomenar-la críticament, ningú s’adonava que l'afirmava, encara més, com a Dama. Iron Lady, sí, però Lady després de tot. I ella ho sabia més que ningú. Aquest nomenament s'havia de prendre literalment. Acceptar el bronze de Churchill que tenia al davant era només una petita concessió al temps de la història que rovella les imatges, però per sota del bronze era el ferro que animava el desig decidit de The Iron Lady. I no s'havia de prendre de manera còmica, sinó com una ironia que no volia cedir res en la lluita pel maneig del significant fàl·lic. L'humor era per a la Dama només un refugi dels loosers, un recurs de qui accepta perdre i que, per tant, sempre pot ser sospitós de covardia.

Quan es tracta de Margaret Thatcher, la qüestió no és pas l’humor sinó la ironia, dos fenòmens relacionats però molt diferents en la seva estructura. Coneixem la lectura que Jacques Lacan va fer en el seu text Kant avec Sade d'aquell preciós comentari de Freud sobre «L'humor». En aquesta lectura, Lacan reprèn la diferència freudiana entre l’acudit, sempre equívoc, i l'humor per definir-lo com «el trànsfuga en el còmic de la funció mateixa del superjò»[2], una manera d'apaivagar el seu sadisme exercit sobre el jo del subjecte. Un superjo que no accepta ser trànsfuga en l'humor és un superjo de ferro que pot imposar una cosa i la contrària, A i no A alhora, sense despentinar-se. Heus aquí la llei de ferro de la Dama que sabia molt bé que la veritat canvia de cara amb el pas del temps, però que cal romandre sempre amb la mateixa cara si es volen manejar els efectes de la significació des del lloc de la veritat en el discurs.

Va ser també amb aquesta ironia sense humor que va saber afirmar la seva relació amb el poder en política: «Ser poderosa —li agradava dir— és com ser una dama. Si has de dir a la gent que ho ets, és que ja no ho ets». O també: «En política, si vols dir alguna cosa, pregunta-li a un home; si vols que es faci alguna cosa, pregunta a una dona». En tot cas —podem afegir— cal preguntar sempre, i preguntar a qui sap manejar el significant, passant del dir al fet.

De ben segur, la frontera entre la ironia i el cinisme roman sempre borrosa, difícil de localitzar quan es tracta dels efectes de la veritat en «la política de les coses» —per utilitzar l'expressió de Jean-Claude Milner[3]—, una política de l'objectivació de l’ésser parlant que no té en compte la seva singularitat, una política que avalua els éssers parlants «en massa, en cos i ànima» amb la finalitat d’un control social. Quan es tracta de «la política dels éssers parlants», no n'hi ha prou amb saber manejar el significant amo i governar els seus efectes de significació, sinó que cal tenir en compte els efectes de gaudi que aquest maneig té en els cossos parlants, i més precisament en allò que s'escapa del significant fàl·lic, de la norma-mascle (norme-mâle, normal).

Des d'aquesta perspectiva, la relació de la Dama de Ferro amb la qüestió sexual i la norma masculina no ha estat tan clara i definidora com es podria suposar. Es conegut el seu antifeminisme declarat: «Les feministes m'odien, no? I no les culpo. Perquè jo odio el feminisme. És un verí.» Aquí res d’ambigüitats, és el rebuig radical de qualsevol reivindicació femenina per oposar-se a la  norma-mascle. La seva posició sobre l'homosexualitat va variar, però, segons el context. A més dels efectes devastadors de les polítiques neoliberals de Thatcher portades al límit —recordem la famosa repressió i la victòria de Thatcher sobre la vaga dels miners el 1984—, l'homofòbia de la Dama va ser un dels leitmotiv de les revoltes socials de finals dels anys 70’ i 80’. Durant la dècada de 1960, Thatcher va ser un dels parlamentaris que va votar per despenalitzar l'homosexualitat, un gest sens dubte lloable. No obstant això, va ser un govern de la Dama de Ferro que l'any 1988 va tenir el dubtós honor d'introduir la primera llei homòfoba del Regne Unit, l'infame «Secció 28», que prohibia a les autoritats locals «fomentar l'homosexualitat» en l'educació o en les publicacions, o bé difondre «qualsevol idea de l'acceptabilitat de l'homosexualitat com una suposada relació familiar». La posició homòfoba de Thatcher li va valer, per descomptat, totes les crítiques i l’oposició dels moviments LGTB que van veure suprimides part de les seves activitats, de vegades per autocensura per por a incomplir la llei, fins i tot si no hi va haver una persecució civil en contra d’ells. No va ser fins al 2003 que es va abolir la llei de la Dama i que l'any 2009 David Cameron va demanar perdó públicament per aquesta llei, amb uns motius no massa clars d’altra banda, cal dir-ho, raons que la Dama no hauria acceptat mai: «Estàvem equivocats —va dir Cameron—. Era un tema emocional. Espero que ens puguin perdonar». Demanar perdó d'aquesta manera no era pas l'estil de la Dama de Ferro: You turn if you want; the lady’s not for turning —«Canvieu de direcció si voleu, la dama no està per canviar de direcció», i sobretot no per una qüestió d'emocions. Ella no volia deixar-se guiar pels feelings.

Sens dubte, com va assenyalar Jacques-Alain Miller, la fascinació que exercia el subjecte Margaret Thatcher, fins i tot en els seus adversaris, va ser aquest «desig decidit». El cito: «Què era el que els va fascinar, si no és el seu desig? Desig decidit, resolt —sí, que ha trobat la seva solució, i que per tant és imperiós, imperatiu. En aquest cas, podríem establir l'equació desig = deducció. El subjecte dedueix les conseqüències de les seves premisses sense deixar-se aturar ni pels afectes, ni pel sentit comú, la decència, la humanitat, this kind of things, per qualsevol dany col·lateral. El que s'anomena jusqu’auboutisme —fins al final a qualsevol preu— és la identificació amb el QED (quod erat demostrandum[4]. És el maneig del significant amo d'una manera completament lògica, però sense cap senyal de divisió subjectiva, mentre amaga la divisió del subjecte que queda sota les estovalles, reprimit sota la barra del discurs de l’amo, sense cap mena de vergonya o de culpa. I això podia arribar, en un episodi increïble de la guerra de les Malvines amb l'Argentina el 1982, «a enviar al fons del mar la inofensiva carraca flotant —el vaixell Belgrano— amb 321 joves màrtirs a bord»[5], d'una manera tan cruel com absolutament gratuïta. Ironia sense vergonya, lògica sense divisió, aquesta va ser la norma-mascle de La Dama de Ferro que va signar en la història d’occident la impotència de l'humanisme per tractar el gaudi Altre.

Cal no menysprear les paradoxes de la fascinació que exerceix aquesta posició. Es va fer especialment evident en el moviment punk, que va tenir el seu notable creixement al Regne Unit sota els successius governs Thatcher. A la ferotge ironia de la Dama, aquest moviment va respondre amb una altra ironia. És el cas del gran èxit que va tenir la banda de punk batejada com els Notsensibles, l'any 1979, just després de la primera victòria de Thatcher a les eleccions generals, amb una de les diverses cançons dedicades a la Dama de Ferro. Ironia contra ironia, potser la més ferotge és que aquesta cançó és considerada avui com ben favorable al prestigi de la Dama de Ferro. Aquesta cançó es va incorporar, després de la seva mort el 2013, com a himne de campanya del Partit Conservador al Regne Unit. En la seva versió en directe més reproduïda, represa a la pel·lícula The Iron Lady, —not so good, però amb una Meryl Streep brodant el personatge—, la lletra de la cançó és tan curta com el seu títol, i el seu títol més curt encara que la frase de Denis el discret a La Casa Blanca. Aquest títol inquietant és la frase que es repeteix seguint el ritme extasiat de la bateria: I’m in Love with Margaret Thatcher. Punt.

 

Intervenció a les 51 Journées de l’École de la Cause freudienne (París20 de novembre de 2021) sobre La norme mâle.


[1] Les cites de frases de Margaret Thatcher es troben a les seves diverses biografies, i també als Webs dedicades a ella.

[2] Lacan, J., « Kant avec Sade ». Écrits, Éditions du Seuil, Paris 1966, p. 769.

[3] Milner, J.-C., La politique des choses. Éditions Verdier, Paris 2012.

[4] Miller, J.-A., « Il n’y a pas de Maître du Maître », a La Règle du Jeu, abril 2013, consultable on-line: https://laregledujeu.org/2013/04/20/13115/il-n’y-a-pas-de-maitre-du-maitre/

[5] Miller, J.-A., « Le masochisme français », Le Point, 26 de novembre de 2009.

15 de novembre 2021

Carta de Sigmund Freud a una mare (Sobre l’homosexualitat)




Torna, de tant de tant, la cançoneta que Freud i la psicoanàlisi serien homòfobs, heteropatriarcals i unes quantes coses més. La cosa es fa més curiosa quan escoltem aquest prejudici en alguns discursos acadèmics i en algunes veus dels anomenats «estudis de gènere». Freud es defensa tot solet, només cal llegir-lo bé. Tanmateix, aquí va una mostra per contradir aquests prejudicis. Es tracta de la resposta de Freud a una mare americana, publicada fa poc a The American Journal of Psychiatry, April, 1951, 107, No. 10, pp. 786 and 787. N’adjuntem el text original en anglès i el document manuscrit de la mà de Freud. (M.B.)

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9 d’abril de 1935

PROF. DR. Freud

VIENA IX., BERGGASSE 19

Benvolguda senyora [Esborrat]

Dedueixo de la seva carta que el seu fill és homosexual. M’impressiona molt el fet que no mencioni aquest terme vostè mateixa en la seva informació sobre ell. Puc preguntar-li per què ho evita? L’homosexualitat no és cap avantatge, però no és res de què avergonyir-se, ni és cap vici, ni cap degradació, no es pot classificar com a malaltia; considerem que és una variació de la funció sexual produïda per una certa aturada del desenvolupament sexual. Molts individus molt respectables de l’època antiga i moderna han estat homosexuals, alguns dels homes més grans, entre ells (Plató, Miquel Àngel, Leonardo da Vinci, etc.) És una gran injustícia perseguir l’homosexualitat com a crim i també és una crueltat. Si no em creu, llegeixi els llibres de Havelock Ellis.

En preguntar-me si jo puc ser d’ajuda, vol dir, suposo, si puc abolir l’homosexualitat i fer que l’heterosexualitat normal prengui el seu lloc. La resposta és, de manera general, que no podem prometre aconseguir-ho. En un cert nombre de casos aconseguim desenvolupar els gèrmens deteriorats de tendències heterosexuals, presents en tot homosexual; en la majoria dels casos ja no és possible. És una qüestió de la qualitat i l’edat de l’individu. El resultat del tractament no es pot predir.

El que l’anàlisi pot fer pel seu fill funciona en una línia diferent. Si és infeliç, neuròtic, esquinçat per conflictes, inhibit en la seva vida social, l’anàlisi pot aportar-li harmonia, tranquil·litat, plena eficàcia, tant si segueix sent homosexual com si ho canvia. Si vostè considera que ell hauria de fer una anàlisi amb mi —no espero que ho vulgui—, ell hauria de venir a Viena. No tinc cap intenció de marxar d’aquí. Tanmateix, no deixi d’enviar-me la seva resposta.

Atentament, amb els millors desitjos,

Freud

P.S.

No em va resultar difícil llegir la seva lletra. Espero que no trobi llegir la meva lletra i el meu anglès una tasca més difícil.


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Benvolgut DR. KINSEY:

A continuació us adjunto una carta d’un gran i bon home que podeu conservar.

D’una mare agraïda



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April 9th 1935

07 de novembre 2021

La força centrífuga










Felipe II no va conèixer mai altres lligams que els de l’Imperi de l’obediència. El propòsit de portar la Inquisició als Països Baixos, d’establir-hi el govern espanyol, fa palès  que no coneixia ni els flamencs, ni els pobles lliures, ni fins i tot els éssers humans. Aquelles províncies tan allunyades, tan estrangeres a Espanya i que podien trobar molts altres representants del poder [maîtres], només podien mantenir-se per la força de les lleis.

Montesquieu[1]

  

Res del que passa a Espanya en la política pot entendre’s sense aquest tret diferencial que consisteix, precisament, a rebutjar qualsevol fenomen diferencial en el seu si. El saber popular en va fer emblema amb una interpretació que venia del discurs de l’Altre: Spain is different. Però era per acabar dient que el diferent era l’altre que s’expulsava del seu si. Evocar el destí segregat de la cultura i del poble àrab, de la cultura i del poble jueu —n’hi ha d’altres—, segregació que va marcar el floriment del gran «segle d’or» espanyol sincrònic amb el declivi de l’Imperio —oh Góngora! oh Gracián!—, és un tòpic que es pot verificar, però, per la historiografia, per l’explicació dels fets, però més encara pel lloc des d’on es fa aquesta explicació, el lloc des d’on s’enuncia la historia mateixa: un centre centrífug. És una força i una inèrcia sense la qual tampoc pot entendre’s la geografia actual i la manca de veïnatge amb què l’imperi espanyol va anar perdent terres i pobles, bous i esquelles a cada fuetada de la seva força centrífuga. I segueix sent així, mal que ens pesi. Una lectura de l’excel·lent llibre de Blandine Kriegel sobre l’origen de les Repúbliques a Europa, —no, no va ser a França, va ser als Països Baixos— com una reacció a l’imperi sanguinari de Felipe II, n’és un episodi original i paradigmàtic per tal d’entendre fets decisius de la política actual. Brussel·les i Ambres en serven la memòria. De Felipe II a Felipe VI, cinc segles i només un pas.

És «la força centrífuga» pròpia dels nacionalismes enyorosos d’èpoques imperials, una força que, malauradament, ha travessat segles, moviments socials, polítiques a dreta i esquerra, vincles amb la llengua, la literatura, el pensament, amb totes les pràctiques i experiències que hi van associades. La seva justificació acostuma a ser sempre la mateixa: són ells, els altres, qui s’allunyen del centre, qui se’n volen independitzar per trencar la santa unitat nacional. Aquesta profunda creença del poble espanyol ha fet impossible la creació d’una nació en el sentit modern de la paraula, equiparable a nacions com França, Itàlia, Alemanya o Gran Bretanya. De fet, reprenent la coneguda definició que s’aplicava sovint a Catalunya —una nació sense estat—, podem dir ben bé que Espanya ha estat sempre un estat sense nació. I això és ara un fet més colpidor encara, quan els estats-nació d’Europa mostren les seves escletxes, el seu declivi imparable.

La dificultat actual per definir Espanya com una nació de nacions —Oh Bertrand Russell!—, com un estat plurinacional, mostra aquesta paradoxa lògica i política que, en les seves darreres conseqüències, no pot fer altra  cosa que expulsar del seu si la diferència mateixa que la podria constituir com a tal. No és només un centralisme —com el que trobem a l’Estat francès—, és un centralisme centrífug.

Un exemple: aquest text mateix no pot ser llegit avui al conjunt de l’Estat espanyol, fins i tot per alguns a Catalunya, sense els oficis del traductor. I si ho és —Google us servirà—, ho serà com un al·legat a la independència i no com un intent més de conversa.

Alerta, però! Aquesta força centrífuga s’alimenta avui al seu revers d’una força centrípeta, una inèrcia que havia quedat ocultada per molts que havien confiat en l’anomenada «transició» després de la mort del dictador. És el centre de gravetat d’un univers sense Altre on un forat negre s’empassa tot allò que s’hi pugui apropar, però també tot allò que vulgui sortir de bo per mantenir-s’hi a una prudent distància. Ho anomenen a vegades «franquisme sociològic» però no és només això. De fet, l’esquerra política espanyola, i també una part de la catalana, en participa més enllà de les seves declaracions d’intencions i, sobretot, després de la negació de les seves intencions declarades: l’anomenat Pacte d’Abril de 1977 del Partit Socialista de Catalunya, avui renegat (Verleugnung) de manera tan negligent, n’és un exemple inesborrable. Aneu-hi.

Avui, tanmateix, aquest forat negre apareix al bell mig d’Europa com una força centrífuga cada cop més comparable a la que travessa Polònia o Turquia, però també la Gran Bretanya mateixa. Així, el que havíem detectat i anomenat fa uns anys com a «símptoma Catalunya» a l’Estat espanyol és ja avui un símptoma al cor de la vella Europa. I si Europa no sap tractar-lo com cal —és a dir, com es mereix—, deixarà de ser l’Europa que volien els seus impulsors i que molts volem encara. Heus ací la lògica de la conjuntura en la qual ens trobem, encara.

 

[1] Citat per Kriegel, Blandine. La République et le Prince moderne. Presses Universitaires de France. Edició de Kindle. Lectura aconsellada fa temps per Jacques-Alain Miller i que, no ens cansem de dir-ho, és cabdal per entendre l’Europa d’avui.

(Imatge de capçalera: Montesquieu)