Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Homosexual. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Homosexual. Mostrar tots els missatges

15 de novembre 2021

Carta de Sigmund Freud a una mare (Sobre l’homosexualitat)




Torna, de tant de tant, la cançoneta que Freud i la psicoanàlisi serien homòfobs, heteropatriarcals i unes quantes coses més. La cosa es fa més curiosa quan escoltem aquest prejudici en alguns discursos acadèmics i en algunes veus dels anomenats «estudis de gènere». Freud es defensa tot solet, només cal llegir-lo bé. Tanmateix, aquí va una mostra per contradir aquests prejudicis. Es tracta de la resposta de Freud a una mare americana, publicada fa poc a The American Journal of Psychiatry, April, 1951, 107, No. 10, pp. 786 and 787. N’adjuntem el text original en anglès i el document manuscrit de la mà de Freud. (M.B.)

* * *


9 d’abril de 1935

PROF. DR. Freud

VIENA IX., BERGGASSE 19

Benvolguda senyora [Esborrat]

Dedueixo de la seva carta que el seu fill és homosexual. M’impressiona molt el fet que no mencioni aquest terme vostè mateixa en la seva informació sobre ell. Puc preguntar-li per què ho evita? L’homosexualitat no és cap avantatge, però no és res de què avergonyir-se, ni és cap vici, ni cap degradació, no es pot classificar com a malaltia; considerem que és una variació de la funció sexual produïda per una certa aturada del desenvolupament sexual. Molts individus molt respectables de l’època antiga i moderna han estat homosexuals, alguns dels homes més grans, entre ells (Plató, Miquel Àngel, Leonardo da Vinci, etc.) És una gran injustícia perseguir l’homosexualitat com a crim i també és una crueltat. Si no em creu, llegeixi els llibres de Havelock Ellis.

En preguntar-me si jo puc ser d’ajuda, vol dir, suposo, si puc abolir l’homosexualitat i fer que l’heterosexualitat normal prengui el seu lloc. La resposta és, de manera general, que no podem prometre aconseguir-ho. En un cert nombre de casos aconseguim desenvolupar els gèrmens deteriorats de tendències heterosexuals, presents en tot homosexual; en la majoria dels casos ja no és possible. És una qüestió de la qualitat i l’edat de l’individu. El resultat del tractament no es pot predir.

El que l’anàlisi pot fer pel seu fill funciona en una línia diferent. Si és infeliç, neuròtic, esquinçat per conflictes, inhibit en la seva vida social, l’anàlisi pot aportar-li harmonia, tranquil·litat, plena eficàcia, tant si segueix sent homosexual com si ho canvia. Si vostè considera que ell hauria de fer una anàlisi amb mi —no espero que ho vulgui—, ell hauria de venir a Viena. No tinc cap intenció de marxar d’aquí. Tanmateix, no deixi d’enviar-me la seva resposta.

Atentament, amb els millors desitjos,

Freud

P.S.

No em va resultar difícil llegir la seva lletra. Espero que no trobi llegir la meva lletra i el meu anglès una tasca més difícil.


* * *

Benvolgut DR. KINSEY:

A continuació us adjunto una carta d’un gran i bon home que podeu conservar.

D’una mare agraïda



* * *

April 9th 1935

01 de gener 2015

Homosexualidad y Transexualismo

Villa dei Misteri, Pompeya












Contribución para la Conversación Clínica del Instituto del Campo Freudiano 2015, “Homosexuales en análisis”, con el comentario del siguiente  texto de Jacques Lacan, distribuido por la comisión de organización.

"Falta sacar la lección de la naturalidad con que semejantes mujeres proclaman su calidad de hombres, para oponerla al estilo de delirio del transexualista  masculino. Tal vez se descubra por ahí el paso que lleva de la sexualidad femenina al deseo mismo."

Jacques Lacan, "Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina", Escritos 2, Barcelona, 2001, p. 714.

Con este párrafo, Lacan vuelve a poner sobre la mesa, una vez más, no sólo la asimetría que existe entre los sexos sino, más radicalmente todavía, la no reciprocidad entre la posición femenina y la posición masculina cuando se trata de las identificaciones y del deseo sexual. Masculino y femenino no son anverso y reverso de una misma moneda, ni son tampoco posiciones complementarias en el deseo. Pero además, no son tampoco posiciones recíprocas donde cada Uno sería el Otro para el Otro. Esta falta de reciprocidad se debe al lugar de la mujer como “Otra para sí misma”, del mismo modo que lo es para el hombre, tal como Lacan lo formulará en este mismo texto. Dicho de otra manera, la mujer encarna la Alteridad del sexo como tal, en oposición al Uno fálico. Y será precisamente la sexualidad femenina, desde la homosexualidad o desde la heterosexualidad, la que indicará a Lacan el camino hacia un más allá del goce fálico, así como un más allá del Edipo freudiano. En este más allá, entre Uno y Otro sexo no hay simetría ni reciprocidad posibles.
Pero recordemos que el párrafo de la cita está extraído de un texto escrito en 1958, año de especial relevancia por lo que se refiere a la elaboración en la enseñanza de Lacan sobre la significación del falo como significante del deseo y como localizador del goce. El significante del falo viene precisamente al lugar de la no reciprocidad —de la no relación, dirá Lacan más adelante— entre los sexos y es el significante que en el lugar del Otro, del Otro sexo en primer lugar, dará una significación a su deseo, haciendo posible la localización del goce en una identificación sexuada, masculina o femenina. Esta alteridad sin reciprocidad posible de la mujer en el campo del deseo y del goce quedará definida por Lacan en esta misma época como “la mujer que falta a todos los hombres” (en su texto “Cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”). Más adelante, en los años setenta, será el famoso aforismo lacaniano el que vendrá a confirmar esta imposibilidad de representación de la mujer como un universal que existiera para todos: “La mujer no existe”.
Valga pues este breve recorrido para situar una posible lectura del párrafo citado. Señalemos de entrada que el término “semejantes mujeres” designa en el texto a las mujeres homosexuales. Si la homosexual femenina puede afirmar su posición masculina de manera más “natural”, —el término no deja de tener cierta ironía en Lacan cuando nada de la sexualidad puede entenderse aquí como algo natural— es precisamente porque desde ahí, desde el lugar del Uno fálico, puede tomar más directamente a Otra mujer como objeto, encontrando así en ella esa “Otra para sí misma” y  amándola por lo que no tiene, ese Uno del falo que sí podrá hacer parecer ella misma con su cuerpo en la parada sexual. En esta lógica, el pasaje hacia el deseo del Otro parece, en efecto, más balizado incluso que en el caso del propio hombre que nada sabe de esa “Otra para sí misma”.
En el lugar opuesto, es interesante observar que Lacan no sitúa al homosexual masculino, que se identifica también con el Uno fálico para el deseo del Otro, para el deseo de la madre en primer lugar. Ni sitúa tampoco al travestista, que juega a hacer aparecer y desaparecer ese Uno del falo bajo los velos del disfraz femenino. Sitúa al transexualista masculino que se identifica precisamente con “La mujer” como tal, con esa “mujer que falta a todos los hombres” y que se encuentra tanto en el principio como en el horizonte del delirio del presidente Schreber, al que Lacan refiere de forma paradigmática la posición transexual.
Transformarse en “La mujer” que falta a todos los hombres, en la mujer de Dios para el caso de Schreber, es en efecto una posición opuesta a la que hemos señalado en la homosexual femenina en relación al Uno fálico. Pero sobre todo es una posición menos “natural”, si se nos permite redoblar la ironía lacaniana, dado que contraviene de manera decidida la famosa máxima según la cual la anatomía, natural, sería el destino de la identificación sexuada.