Las XXIII Jornadas de la EOL se anuncian con un título tan
enigmático como apasionante: “Bordes de lo femenino: sexualidad, maternidad,
mujeres de hoy”. Y la primera pregunta que el tema nos sugiere es precisamente
la siguiente: ¿Tiene bordes lo femenino, sea éste lo que sea? Un borde sugiere
la existencia de un límite, de una frontera entre dos espacios que son, a
partir de ese momento, extranjeros el uno para el otro, pero con una “medida
común”, como indica Jacques Lacan en su texto “Lituratierra”. La maternidad,
las diversas significaciones del falo, las diversas figuras de la feminidad
contemporánea, son en efecto formas que bordean la terra incognita de lo femenino para darle una medida común, una
topografía que permita nombrar sus accidentes
orográficos, los seres que la habitan, las construcciones simbólicas que
produce y que pueblan nuestra realidad más o menos cotidiana. Sin embargo,
estas formas, por inéditas que sean, dejan siempre una parte no representable
en el mapa del ser hablante, una zona en la que lo femenino no encuentra ya
“medida común”, ni con la maternidad, ni con lo masculino, ni con ningún otro
campo limítrofe. Es allí donde la referencia lacaniana al poeta, Henri Michaux
en este caso, nos lleva a una investigación de los bordes de lo femenino siguiendo
el tema propuesto por las Jornadas. Es una referencia que promueve una
investigación del espacio de lo femenino “entre centro y ausencia”. ¿Qué Otro espacio
indica esta localización paradójica? Es la pregunta que intentaremos responder.
