07 de novembre 2016

Violencias y pasiones


Entrevista realizada a Miquel Bassols el 20 de septiembre de 2016, por Gloria González, para el boletín de la Nueva Escuela Lacaniana.

Gloria González. La NEL escogió como tema de sus IX Jornadas: Violencias y pasiones, sus tratamientos en la experiencia analítica. ¿Qué perspectiva nos propone tomar para articular estos dos significantes? Violencias y pasiones.

Miquel Bassols. En primer lugar habría que situar el tema en su actualidad, donde la violencia ha encontrado nuevas formas. Siempre ha habido violencia, en todos los momentos de la historia, pero vivimos ahora un momento singular respecto a la extensión de la violencia, a sus modos de producción en masa y a la señal de alarma que ya se produce incluso antes de que se den acontecimientos violentos. Como decía Eric Laurent, vivimos en un “estrés pre-traumático” porque sabemos que un estallido de violencia en masa puede aparecer de un momento a otro en cualquier ciudad. Diría que la violencia ha cambiado incluso de significación: de ser una continuación de la política por otros medios ha pasado a ser ella misma un fin de acción política, más allá de lo que era tradicionalmente la función de la guerra. Es por eso que tal vez no podemos hablar ahora de una guerra generalizada, como a veces se dice para intentar atrapar algo de este fenómeno actual de la violencia. Hay un nuevo anudamiento entre la violencia y lo que propongo volver a pensar como la función de lo sagrado. Creo que es necesario replantearnos la función de lo sagrado y del sentido que clásicamente le ha atribuido la religión, que por lo demás ha sido también muy violenta, tal como se puede constatar en la historia de las religiones. Necesitamos repensar la relación entre la violencia y lo sagrado. La violencia terrorista en nombre del islamismo es tal vez la que más presente se nos hace ahora, la que nos parece también más incomprensible con sus nuevos medios.
De modo que el tema “violencias y pasiones” es sin duda un tema actual. Luego podemos escucharlo en la experiencia analítica diaria, en lo que escuchamos como fenómenos de violencia. También ahí creo que es muy importante estudiar la función de lo sagrado en cada sujeto, dimensión que ha sido borrada por un pensamiento secular, por un pensamiento supuestamente ateo. No es tan fácil ser ateo y la función de lo sagrado en la violencia nos lo muestra. Diría incluso que hoy en día, la violencia es uno de los modos de abordar el lugar de lo sagrado que para cada sujeto tiene el fantasma. La violencia nos muestra un modo de agujerear ese lugar de lo sagrado para cada sujeto. Es un punto de partida, tomar los pasajes al acto violentos que se presentan actualmente como un modo de apuntar, de tocar lo más íntimo y sagrado que se supone que hay en el Otro. Y es precisamente por querer golpear lo más sagrado del Otro que se desencadena el acto violento.
De hecho, Lacan había abordado esta dimensión en sus primeros escritos con la famosa función del kakon, esa forma de goce maligno que el sujeto aborda a través del fantasma y que se puede localizar en el lugar del Otro en el pasaje al acto violento, o bien en sí mismo en la autolesión. Hoy nos encontramos con una especie de reunión fatídica y siniestra de estos dos lugares porque el terrorista suicida finalmente lo que hace es abordar también ese lugar del kakon sagrado en sí mismo, a través del suicidio, a través de lo que es para él un modo de acceder a lo sagrado. Este es un punto de partida, no es el único, pero me parece especialmente actual, sobre todo para reescribir, para replantear, este lugar de lo sagrado que ha sido, diría, injustamente olvidado.
Luego habría que abordar la cuestión del lado de las pasiones y de lo que para el psicoanálisis fue introducido con la noción de pulsión. Pienso que la noción freudiana de pulsión es la que nos permite abordar esta dimensión. Hay que recordar el eco etimológico de la palabra “pasión”, que tiene que ver con el pathos, con el sufrimiento y también con lo pasivo, con una experiencia que se vive pasivamente. La pulsión siempre es activa, pero el sujeto la experimenta de manera pasiva y eso está presente ya en el desmontaje de la pulsión que Lacan muestra en su Seminario 11, cuando escribe la pulsión en ese grafo de ida y vuelta en el que la pulsión está en el origen, con su perentoriedad, su Drang, y el sujeto está al final del recorrido pulsional recibiendo su efecto en una posición pasiva. Freud también habla de una posición activa y una posición pasiva respecto a la pulsión, da todas las vueltas gramaticales de las distintas pulsiones, el voyerismo, exhibicionismo, el sadismo, el masoquismo… Pero  finalmente siempre el sujeto es efecto de la pulsión que es acéfala, que no tiene un sujeto de entrada. El sujeto está al final de recorrido, dividido por la pulsión en su deseo y en su relación con el placer.
Por otra parte hay que recordar la idea freudiana, que me parece muy interesante, de que la pulsión ni ama ni odia. Es decir, cuando hablamos de pasiones como el amor, el odio, y la ignorancia, —son las que Lacan enumera como las tres pasiones del ser—, hay que tener presente que la pulsión ni ama, ni odia, ni sabe ni ignora nada. La pulsión es una piraña que busca su objeto, objeto que no tiene predeterminado, sin ningún código genético o natural que le diga en qué objeto puede satisfacerse. Cada sujeto se construye su objeto con la pulsión, y es ahí donde, en efecto, el sujeto puede escapar o no a la violencia de la pulsión de muerte, construyéndose un objeto de la pasión que le permita vivir de acuerdo con su deseo.

G.G. ¿Qué destino para la pasiones al final del análisis? Hablamos de “un nuevo amor”, un amor más digno, ¿cómo concebirlo? De otro lado ¿qué podríamos decir del destino del odio al final de la experiencia? ¿Qué lugar para esa maldad estructural que es al mismo tiempo lo más in-humano y lo más humano?

M.B. Odioneamoramiento, es el término que usamos precisamente para decir que entre odio y amor no hay un corte tan claro y tan preciso como a veces pensamos. Dicho de otra manera, el odio y el amor están hechos de la misma estofa y esa estofa es siempre un elemento vinculado a la imagen corporal, a la imagen narcisista en términos de Freud. Por eso para Freud el odio y el amor siempre se vinculan con la pulsión, pero en tanto ésta está articulada al narcisismo, a la imagen narcisista del propio cuerpo. En algún lugar lo dice explícitamente, cuando afirma que la pulsión ni ama ni odia, dice también que la pulsión en sí misma no es agresividad, que hace falta que se vincule con la imagen especular del narcisismo para transformarse en agresiva. No se entienden los pasajes al acto sin pensar su relación con la imagen corporal. Habría que estudiar bien las imágenes del cuerpo que se construyen actualmente en distintas formas, en distintas tribus urbanas, en distintas tradiciones, para ver cómo se articula la pulsión con el narcisismo y es ahí donde podemos pensar lo que es el amor/odio o el odioenamoramiento en la actualidad.
El destino del amor/odio al final de análisis es un gran tema. Lo primero que podríamos decir es que hay un amor más allá del narcisismo. Si el amor se articula en términos de ser amado por el otro, buscando no sólo una reciprocidad, sino una simetría, ahí fracasa siempre el amor y tenemos los grandes virajes al odio en historias de amor que terminan en odio precisamente porque no hay relación simétrica ni entre los sexos, ni entre el sujeto y el Otro. Si hay un amor más allá del narcisismo es a partir de poder elaborar un amor sin Otro. ¿Qué ocurre con el amor cuando el Otro ya no existe, cuando el Otro de lo simbólico o de la reciprocidad deja de existir? Es ahí cuando Lacan empieza a hablar de un amor más digno, de un amor más allá del narcisismo. Es el amor que encontramos en el seminario Encore, el amor que se dirige al ser, a lo más íntimo y más ignorado también, en su ex - sistencia, como dirá Lacan. Es ahí donde tenemos que escuchar a los sujetos uno por uno, a quienes han terminado un análisis en primer lugar, y escuchar qué nos pueden decir, por ejemplo, en los testimonios del pase. Generalmente lo que escuchamos, siempre de una manera singular, es que se trata de un amor nada idealizado, del que no podríamos hacer ninguna pastoral, no es un amor armónico, es un amor que puede ser además difícil de vivir, un amor que no sigue las leyes del principio del placer.
La ignorancia. El yo es un ser de ignorancia, es el mayor grado de ignorancia en la estructura subjetiva, es la ignorancia que se encuentra en la supuesta transparencia del yo, ese Yo que no es más que opacidad de goce, que es “Egoce”, término que Jacques-Alain Miller inventó una vez en castellano. Hay una primera manera de abordar esa pasión más allá del narcisismo, creo que la encontramos ya en la referencia de Lacan a Nicolás de Cusa y a su “docta ignorancia”. Hay la ignorancia del que cree saber pero que no sabe en qué cree y hay la ignorancia de la docta ignorancia que no se sostiene en el sujeto supuesto saber, que no se sostiene en la impostura del sujeto supuesto saber que es la que solemos encontrar como figura del saber mas o menos académico, más o menos erudito, más o menos relacionado con el conocimiento, pero que también está presente como fenómeno de la transferencia analítica. La docta ignorancia es una ignorancia sin creencia, lo cual es muy difícil de pensar. Es difícil pensar un saber sin creencia. La ciencia misma no sabe qué cree cuando cree saber con su teoría del conocimiento. Hay una creencia siempre implícita en la mayor parte de saberes, de discursos del saber. Podríamos dirigirnos al arte para encontrar otra forma de saber en la que a veces la creencia se pone en suspenso. ¿Es posible un saber sin creencia, religiosa o no? Diríamos en términos lacanianos, ¿es posible un saber sin la creencia en el Otro? Creo que la fórmula “docta ignorancia” que Lacan retoma muy pronto en sus escritos y en su enseñanza apunta a ese lugar, apunta a poder sostener un saber descreído, un saber que no supone ninguna creencia, lo que obliga a preguntar siempre, porque es un saber que no da nada por supuesto. Me parece que una pasión por la ignorancia, como docta ignorancia, es lo mejor que podemos obtener de un análisis, porque eso además pacifica muchísimo, pacifica todos los efectos desastrosos de las pasiones del amor y del odio. Cuando alguien parte de una posición de docta ignorancia pone en suspenso la creencia en el Otro completo que a veces conduce a los pasajes al acto, ya sean de carácter religioso o no. Cuando digo religioso, me refiero a que si bien en realidad la creencia es inherente a la religión, es inherente también  a cualquier forma de relación con un saber supuesto. El discurso del analista ¿se podría plantear entonces como una docta ignorancia en este sentido? ¿Hay un saber sin creencia? Es una pregunta, y para seguir la lógica de lo que estoy diciendo, ignoro si hay una sola respuesta.

G.G. Antes de pasar a otro punto, quisiera aclarar por qué le resultó necesario a Lacan inventar un neologismo odioenamoramiento, para referirse a la pasión inventada por Freud, ¿por qué no le bastó para nombrarla el término “ambivalencia”?

M.B. Posiblemente porque cuando Freud hablaba de ambivalencia, y en especial cuando lo hicieron los post freudianos, se sustancializó mucho el amor y el odio como fenómenos hechos de dos sustancias distintas. Incluso la referencia a Eros y Tánatos fue utilizada así, como dos fuerzas que pelean en el universo de la humanidad y del sujeto contemporáneo. La perspectiva de Lacan creo que es distinta. Hay un dualismo pulsional, —libido del Yo, libido de objeto, por ejemplo—no lo olvidemos, Freud lo discute y se distingue de Jung para quien existía un monismo pulsional. Hay un dualismo pulsional, pero eso no se reparte en los términos de un dualismo amor/odio que es tal vez lo que dio lugar a un mal uso del término ambivalencia, suponiendo que eran dos fuerzas contrarias. No, amor y odio son la misma fuerza.

G.G. Pero entiendo que para Lacan la pulsión es una, pulsión de muerte.

M.B. A mi modo de ver Lacan mantiene el dualismo pulsional en todas sus versiones, pulsión de vida, pulsión de muerte, libido del yo, libido de objeto. Este dualismo pulsional se mantiene en la primera eneñanza de Lacan lector de Freud, inlcuso cuando podemos decir que toda pulisón es en su límite pulsión de muerte. Pero también cuando hablamos del goce en el Lacan posterior, el término dualismo se queda corto para estudiar el campo del goce, de la misma manera que se queda corto el término ambivalencia que sugiere aquel dualismo. Porque la  operación de Lacan con respecto a la pasión y al goce de la pulsión - entendiendo el goce como la satisfacción de la pulsión en sí misma - conduce a una lógica que no se puede resolver en una lógica binaria clásica. Cuando Lacan va elaborando la noción de goce llega a esa concepción, muy precisa y a la vez difícil de seguir, de la diferencia entre goce fálico y goce del Otro. Es una diferencia que a mi modo de entender no es un dualismo, y no es un dualismo precisamente porque no es ambivalente. Goce del Otro y goce fálico están, diríamos, en una disyunción interna, en un campo donde el Goce del Otro es éxtimo al goce fálico, como una suposición finalmente. Lacan en el seminario Encore tiene momentos muy interesantes respecto a eso, como cuando sostiene el goce del Otro… si existiera, o el goce que no haría falta que existiera. De modo que nos encontramos con un dualismo que no es tal, con un campo dividido en su interior, que requiere de otra concepción espacial, que no es la simétrica de un campo ambivalente. Por eso Lacan debe recurrir a la topología para estudiar espacios que no se distribuyen de una manera dual, sino de una forma donde la supuesta dualidad es una, como en la banda de Möbius. Hay un corte donde el goce se plantea con una disyunción interna, y eso lo vemos en muchos fenómenos como los vinculados al cuerpo, en el modo como el sujeto aborda su objeto de goce a partir de bordes. Lo vemos en el autismo y también en todas las formas en las que el sujeto construye un objeto que es interior y exterior a la vez.

G.G. Al final del análisis, el punto de ausencia de garantía del Otro y de absoluta soledad del parlêtre coincide entonces con el encuentro de su pasión? El analista no sería  solamente un advertido de su pasión, sino que, se serviría de ella para operar analíticamente?

M.B. Generalmente cuando seguimos al objeto de la pasión somos ciegos al objeto que realemnte causa nuestro deseo. Y un análisis, es cierto, es el recorrido que nos muestra que, detrás de esa ceguera, lo que no podemos ver, lo que no queremos ver, es la falta del Otro. Es este punto de incompletud, de la falta del Otro, lo que Freud llamaba castración y que Lacan elabora en términos lógicos más adelante. Sí, un analista es el que lo ha advertido al menos una vez – y digo “al menos una vez” porque no tenemos el convencimiento de eso de una vez por todas – y sería impensable una pasión que no fuera en algún punto ciega a su objeto. Siempre hay un punto de ceguera en la pasión. Pero uno puede estar, diríamos, “avisado” del fantasma que sostiene la ceguera de su propia pasión. Y cuando uno llega a averiguar las condiciones de goce que están fijadas en su propio fantasma, al menos puede darle un vistazo a lo que está más allá de la pantalla de ese fantasma, puede saber algo del punto ciego de su fantasma con respecto al goce.

G.G. En Colombia, uno de los países en los que se asienta la NEL, estamos atravesando un momento histórico, el de la firma de la paz con el más fuerte grupo insurgente. Recientemente preguntaban en entrevista televisiva a un integrante de las fuerzas armadas ¿cómo es posible dejar de odiar al enemigo? ¿cómo, si hasta hace unos días los perseguían por el crimen y el delito, hoy deben ser Uds. quienes velen por la seguridad de los guerrilleros? Su respuesta fue “nos ordenan que los perdonemos, entonces los perdonamos”. ¿Qué comentario para esta respuesta que deja entrever la posibilidad de dejar de odiar por decreto?

M.B. Es obvio que no se puede amar ni odiar por decreto, como tampoco se puede dejar de amar o dejar de odiar por decreto. No hay amor y odio por decreto, hay más bien un secreto del amor y del odio que no se puede ordenar ni representar tan ingenuamente. Y el secreto del amor, como decía Lacan, es dar lo que no se tiene a otro que no lo es. Frase siempre enigmática y que toca lo más dificil de reconocer de las condiciones de goce de cada uno. Lo importante en el caso de Colombia es que se haya llegado a establecer al menos un pacto sobre lo que siempre falta, porque un pacto simbólico es un modo de intentar simbolizar lo que siempre falta por colmar en esa odio/amor que se desata en la pasión. Toda pasión puede terminar entonces con la exclusión y la segregación más radical del otro ante lo imposible de soportar su forma de gozar. Pero esa exclusión o segregación radical es una forma, finalmente, de intentar hacer existir un Otro completo del goce, de reducir el Otro sin falta a lo Uno. Finalmente se trata de eso, de hacer existir al Otro como Uno completo, como el Uno único. La historia de las religiones también nos muestra eso, es la historia de las luchas en nombre del Uno único para hacer existir un Otro sin falta.
Pero el psicoanálisis, por esta misma razón, no puede ser una política para todos, por decreto, solo funciona uno por uno, a partir del secreto de cada uno que llamamos inconsciente. Dicho de otro modo, según la máxima lacaniana, el inconsciente es la política. Hay que ver si el análisis puede cambiar algo de las condiciones de goce de cada uno. No es nada simple, porque hay odios y amores que están marcados a fuego en el sujeto y forman parte de su escritura del síntoma, de su axioma fundamental.
Pensemos por ejemplo en Freud cuando, en el caso Schreber, planteaba el axioma fundamental para el sujeto, un axioma erotomaníaco, “el Otro me ama”, y seguía todas sus transformaciones gramaticales que Lacan comenta en su Seminario. En el caso de la erotomanía ese axioma coincide con “el Otro goza de mí”. Y eso puede llegar muy lejos, como en el caso de Schreber, hasta tener la certeza de ser la mujer de Dios, por ejemplo. Se trata de algo de este orden, “el Otro me ama” puede ser un axioma que funda una certeza muy difícil de desarmar. En los actuales fenómenos de civilización, vemos hoy la dificultad extrema para desarmar axiomas de este orden que están en el principio de la violencia, de las guerras, de los actos terroristas. Hay axiomas marcados a fuego en el cuerpo hablante y,  hay una dificultad límite para poder operar con eso a nivel de las masas. Sólo en un sujeto que llega a hacerse responsable de su acto puede tratarse este axioma.

G.G. Este punto se conecta con mi pregunta final. ¿Qué tarea correspondería al psicoanalista lacaniano, a la llamada Acción Lacaniana, en el caso colombiano?

M.B. En primer lugar, existen lo que llamamos los “Observatorios” que funcionan en distintos niveles de las Escuelas de la AMP, vinculados a la Acción lacaniana, y que tienen como primera función dar cuenta de los fenómenos que existen y de qué modo existen en cada lugar para plantearse una incidencia en ellos. No son lo mismo los fenómenos de violencia en Colombia, en Francia o en EE.UU. De tal manera que la primera función sería hacer una recensión del fenómeno, recoger testimonios, estudiar el tema a partir de ellos. Luego, creo que hay que salir de la lógica de la reinserción, que a veces orienta políticas que llevan a rápidos impasses. Estudiamos ya este problema en el congreso de Pipol 3, hace unos diez años, con la noción de “prise directe sur le social”, de conexión del psicoanalista con lo social. Vimos fenómenos que se suelen pensar en la lógica integración / desintegración social y que preferimos llamar en ese momento “de conexión y de desconexión”. Es algo que encontramos también en la actividad pedagógica, con el problema de la integración del niño en la actividad y el grupo escolar. El problema es que uno siempre piensa la integración a partir del propio fantasma, entonces se integra según lo que uno piensa previamente que es el cuerpo al que habría que integrar ese elemento extraño. Creo que para poder tratar y entender estos fenómenos, y sobre todo los nuevos fenómenos de violencia, hay que salir de la lógica de la integración o de la reinserción social y pensarlos en términos de conexión y desconexión. De hecho se va a realizar ahora también en la EOL un encuentro sobre los “hiperonectados”. Aunque el término sugiere de inmediato el tema de internet, del espacio virtual, se trata también de introducir otra lógica que la de la integración.
Podemos estudiar a lógica conexión / desconexión desde muchas perspectivas y nos plantea otra cuestión, ya no en la lógica de integrar algo en un espacio sino de conectar en una estructura de red puntos distintos que de entrada no tienen conexión. ¿Qué es lo que para cada sujeto hace conexión con el Otro? Tenemos varios elementos, tenemos el fantasma, tenemos el síntoma. El goce no hace conexión, el problema fundamental es ese, es que el goce desconecta, no hace vínculo social, no se integra a nada. Querer integrar o reinsertar el goce es una tarea fracasada de entrada. Si se plantea en términos de conexión o reconexión, a través de los elementos de los que disponemos en el psicoanálisis, que son el fantasma y el síntoma, creo que tenemos la posibilidad de entenderlo de otra manera, porque el fantasma es un primer modo de conexión del sujeto con el Otro, con el goce que no se conecta con nada. Y el síntoma es otro, es un intento de cada sujeto de conexión con el Otro. Para recapitular: ¿qué síntoma podemos pensar soportable para sujetos que de entrada han sido excluidos del vínculo social o se han excluido ellos mismos? ¿Qué tipo de síntoma puede construirse un sujeto que haga soportable la inexistencia del Otro, la no relación entre los sexos y la inconsistencia del Otro? Desde ahí podemos ubicar la función del psicoanálisis, incluso de la Acción lacaniana, de escuchar y acompañar las invenciones sintomáticas que pueden producirse en sujetos que se han desconectado radicalmente del Otro, pero que se conectan a diversas formas sintomáticas. Se trata de no entender el síntoma como algo que hay que borrar, perspectiva de la lógica higienista clásica que promueve finalmente así la misma segregación que quiere tratar. En la perspectiva de la conexión / desconexión no se trata de integrar al sujeto Otro, sino de tomar el síntoma como punto de apoyo para construir una forma soportable para el sujeto de conexión con el Otro.

31 d’octubre 2016

Los Écrits de Jacques Lacan, cincuenta años...

























Entrevista para el Dossier de la Escola Brasileira de Psicoanálise-Minas Gerais, celebrando los cincuenta años de la publicación de los Écrits de Jacques Lacan.


1.     ¿Cuál fue la repercusión de los Écrits de J. Lacan en el momento de su aparición, en 1966?

Es sabido que la publicación de los Écrits de Jacques Lacan significó un rápido éxito de ventas en las librerías francesas en aquel momento de gran ebullición intelectual. El propio Lacan lo recordaba con cierta sorpresa irónica diciendo que tuvo más suerte que Freud, cuya Interpretación de los sueños vendió muy pocos ejemplares en el momento de su publicación a principios del siglo XX. Y añadía: “mis libros son incluso demasiado leídos”. ¿Por qué demasiado? No era falsa modestia en alguien que sostenía  a la vez que sus escritos estaban hechos para no ser leídos, al menos no como son leídos otros textos en el campo del saber académico y universitario. Los concebía de hecho como el producto irreciclable de su enseñanza oral, la de su Seminario, allí donde Lacan desarrolló semanalmente, pacientemente, su elaboración de la experiencia analítica durante treinta años. De modo que los “escritos” no eran los de alguien que se identifica como su autor sino los de alguien que se sabe efecto suyo, lector en primer lugar de aquello que los ha causado.
Es lo que distingue radicalmente a estos Écrits de la gran producción escrita de otros “maîtres à penser” de aquella época. A diferencia de ellos, aquello que para Lacan es el motivo de sus escritos es la causa analítica, la propia relación del sujeto con el inconsciente, no la exposición de un saber ya sabido al modo académico, un saber referencial, como dirá un poco después, un saber teórico aplicable a la práctica desde el exterior. Es por eso que no hay modo de adentrarse en el texto de Lacan sin la elaboración del saber que él llama textual y que es el saber del texto del propio inconsciente, articulado según la lógica del significante y de la letra.
Entonces, se entiende que Lacan mismo abra uno de esos escritos, “La instancia de la letra en el inconsciente…”, diciendo curiosamente que está “a medio camino entre lo escrito y el habla” y que por eso mismo ese texto no puede considerarse un escrito. Parece incomprensible, es como si inscribiera en la tapa de su Écrits: “Esto no es un escrito”. ¡Ya me dirá entonces cómo lo leemos! Pero dice también cómo leer el texto: “no debe dejar al lector otra salida que la de su entrada, que yo prefiero difícil”. Entonces se entiende perfectamente, a condición sin embargo de no haber querido comprender demasiado rápido. Este escrito de 1957, por ejemplo, no se entiende sin las claves de su Seminario sobre “Las psicosis” del año anterior. Jacques-Alain Miller nos dio muy pronto la lógica de este movimiento interno en la enseñanza de Lacan y el modo de descifrarla.
Así, esos “escritos” son más bien restos, desechos depurados de una enseñanza oral que requiere de un trabajo constante para orientarse en ellos. Y es por eso que encargó a Jacques-Alain Miller el índice razonado que figura al final del volumen, instrumento que sigue siendo necesario. Es un mapa hecho —y sabemos por él que fue hecho en la urgencia— por el “al menos uno en leerme”.
De modo que los escritos de Lacan, siguiendo su propia indicación, siguen siendo como las flores japonesas que deben ponerse a bañar en el agua de sus Seminarios para que se abran un poco, y siempre desde adentro, llamando desde su interior, como decía del propio lugar del saber del inconsciente.
Su apreciación era que bastaban diez años de trabajo para que esa abertura se produjera de modo conveniente para el lector más abrumado. Mi impresión es que Lacan se quedó corto. Yo vuelvo una y otra vez a los Écrits, cuarenta años después de haberme encontrado por primera vez con ellos, y sigo abriendo pétalos que me habían pasado desapercibidos. ¡Son una mina que nunca defrauda!


2.     Pasados 50 años de su publicación, ¿cuál es según usted la actualidad de los Écrits en el “debate de las luces”?

Decir que los Écrits de Lacan no dejan de estar nunca de actualidad es decir poco porque ellos mismos ponen en cuestión la actualidad a la que se refieren. De modo que es necesario poner esos escritos en acto, por decirlo así, es necesario ponerlos en práctica, hacer lo que dicen para alcanzar esa misma actualidad. Uno puede simplemente ahorrarse el trabajo de hacerlo y dejarlos pasar al depósito de la biblioteca para que sigan durmiendo, no fuera que nos conduzcan a la pesadilla de la historia, como decía Joyce, sin poder ya despertar de ella. Es lo que le ocurre por ejemplo a una parte de la intelectualidad, especialmente la española que dice estar ya de vuelta de Lacan. Pero es un estar de vuelta sin haber ido nunca, sin haber ido en realidad a la verdadera actualidad de la enseñanza de Lacan, la que sigue poniendo en acto los nudos del debate más contemporáneo.
Por cierto, siempre me gusta subrayar este rasgo distintivo de los escritos de Lacan: hacen lo que dicen, ponen en acto aquello que quieren transmitir. Cuando Lacan quiere explicar la metáfora del síntoma, nos propone una metáfora, cuando quiere explicar la sutil topología del inconsciente, que sólo nos abre la puerta de su saber si llamamos “desde adentro”, Lacan escribe un texto cuya puerta sólo se abre “llamando desde el interior”. La actualidad de sus escritos es entonces la que le sepa dar el lector al seguir las consecuencias de ese acto. Las tiene siempre, es la constatación que hago cada vez que pongo a resonar en ellos cualquier tema de lo que llamamos, precisamente, “la actualidad”.
Pero su pregunta se refiere sin duda al “debate de las luces” que la propia contratapa del libro de los Écrits evoca como el nudo en el que encuentran su razón de ser: el debate de la Ilustración, el debate que se abrió en el siglo XVII con el nacimiento de la ciencia moderna —“aunque pareciera quedar así fechado”, añade ese texto de contratapa evocando el momento de la subversión del sujeto que el psicoanálisis introduce en el “comercio cultural”.
Y es que estamos siempre en este debate, encore, siempre y una vez más, más allá de las fechas. Es también el debate en el que se encuentra hoy el psicoanálisis ante la ferocidad higienista y evaluadora del cientificismo actual. Lo estamos viendo, por ejemplo, en el campo de las políticas del autismo en Europa.
Los Écrits, en efecto, se anunciaban en 1966 como punta lanza en el debate de las luces contra el oscurantismo de “la falsa evidencia”, convocando a los psicoanalistas a intervenir en él de manera decidida desde el lugar que ocupan. Ese oscurantismo de la falsa evidencia, que no parecía tan manifiesto en aquel momento, se ha extendido hoy en nombre de una supuesta ciencia. Cada página de los Écrits resulta desde esta perspectiva de una actualidad pasmosa para responder a las coyunturas clínicas y políticas de hoy.
Algo así no envejece nunca: for ever young!


3.     J. Lacan dice que para leer sus Écrits es necesario “poner de su parte”. ¿Cuál fue su propia manera de tomar contacto, es decir de leer esta obra de Lacan?

Recuerdo muy bien mi primer encuentro con el texto de Lacan. Joven estudiante de primer curso de psicología, me topé con una cita suya en un libro crítico con la psicología académica que tildaba de “mito científico”. La cita es de su escrito de 1966, Posición del inconsciente, y la guardo subrayada en rojo: “La psicología es vehículo de ideales: la psique no representa en ella más que el padrinazgo que hace que se la califique de académica. El ideal es siervo de la sociedad.”
Para alguien desencantado de las promesas y de los ideales de ese momento, angustia mediante, fue como agua de Mayo, y no precisamente de Mayo del 68. Me lanzó de inmediato a buscar aquella cita en la edición española de los Escritos, la de la editorial Siglo XXI, volumen que todavía se anunciaba con el título, tan coyuntural para el comercio cultural del momento como inexacto con respecto al discurso que Lacan sostenía, de “Lectura estructuralista de Freud”. El chaparrón fue desmedido. La primera lectura del texto generó en mí un torrente de preguntas que no sabían encauzarse. Produjo a la vez la certeza de que ahí había algo realmente interesante, algo que pedía ser leído con cuidado y que merecía la pena descifrar. Pero ¿cómo? El alud de referencias, las explícitas y las implícitas que podía encontrar por mí mismo, me llevaba a un estado que he calificado en algún momento de traumático. Un trauma de entusiasmo, diría ahora.
Las contingencias ayudan: un amigo y colega me indicó que estaban por empezar en Barcelona unos grupos de estudio de lectura de Lacan impartidos por Oscar Masotta, sin duda el primer lector serio de Lacan en lengua española. Nos inscribimos de inmediato. Y el chaparrón se convirtió en tsunami. De ahí al diván había solo un paso, que fue para mí el paso necesario para empezar a medir las consecuencias de lo que iba descifrando del texto de Lacan.
Un tiempo después, estas mismas consecuencias me llevaron a la práctica del psicoanálisis. Para mí, la práctica del psicoanálisis ha sido desde el principio una consecuencia del encuentro con el texto de Lacan, nunca a la inversa. No recurrí al texto de Lacan para organizar una práctica ya adquirida. Seguramente es por eso que no entiendo que se recurra a veces a ese texto y a la enseñanza de Lacan como un modo de justificar o de aderezar una práctica “psi” para otros fines, generalmente para barnizarla sin conexión alguna con la propia experiencia analítica. Creo que en este punto, siguiendo la lógica de esa enseñanza, es mejor no ceder ni un palmo. El precio suele ser alto para el propio practicante y finalmente resulta fatal para el futuro del psicoanálisis.
Esta es la fuerza del texto de Lacan, con todas sus consecuencias en los registros clínico, epistémico y político que Jacques-Alain Miller ha sabido desentrañar. Hoy, para los miembros de las Escuelas de la AMP, aunque también para otros fuera de ella, el trabajo de transferencia con el texto de Lacan es inseparable del trabajo de enseñanza que sigue realizando Jacques-Alain Miller, quien lo ha sabido interrogar siempre de la mejor manera.