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06 de gener 2019

Contra una Europa indiferente


Texto para el debate preparatorio del Forum Europeo de Psicoanálisis, Amor y Odio por Europa, Milán, 16 de Febrero de 2019.

El amor como arma para responder al odio —así es como se nos presentan las cosas en el campo de los ideales, de los Ideales del Yo para tomar el término freudiano. ¡Cómo querríamos todos que el amor por Europa venciera al odio generado por sus detractores, más o menos explícitos, tanto internos (Le Pen en Francia o Vox en España) como externos (Trump o Bannon a la cabeza)! Pero una pastoral del amor no bastará nunca para neutralizar el discurso del odio, para responder a los discursos que matan. Hace falta algo más que el entusiasmo del amor, hace falta un amor que no ignore el resorte que lo mueve… hasta que desemboca en el odio (cf. el final súbito e impensado del Seminario Encore de Jacques Lacan: “Y el verdadero amor […] desemboca en el odio”). No, el amor por Europa no la hará existir más que el odio mismo en el que desemboca al encontrar sus límites en la extrañeza del goce del Otro, cuando se siente asediado por él. Esta es una de las consecuencias imprevistas que podemos extraer después del precipitado entusiasmo que generó para muchos la caída del muro de Berlín. Hoy, constatamos la fragilidad de la identidad europea, más allá del proyecto de unificación económica que creía alimentarla, cuando se confronta a sus nuevos problemas. Tal como indica Manuel Castells en el excelente volumen del que es editor, La crisis de Europa: “En conjunto, la identidad europea es una identidad débil. Y su debilidad la hace vulnerable a cualquier perturbación importante en la Unión Europea, ya sea económica, geopolítica o migratoria”[1].

Señalemos entonces un rasgo de estructura que la psicología más banal repite sin sacar consecuencias: es la indiferencia la que se opone tanto al odio como al amor, al odionamoramiento (hainemoration, Lacan de nuevo). Las oscilaciones entre el amor y el odio por Europa se producen de un modo que la historia puntúa en giros inesperados. El Brexit es sin duda uno los que más sacude hoy al viejo continente. Hay el amor y el odio, es cierto, pero lo peor sería la indiferencia que alimenta la conversión del primero en el segundo. Es la indiferencia la que puede corroer a Europa sin saber cómo hacer virar el odio —la segregación inherente del goce del Otro— al amor de un vínculo que cuaje en una identidad, siempre ilusoria por otra parte. 

La indiferencia es el modo en que se manifiesta a veces la tercera pasión del ser, la ignorancia. Lo mejor en este caso es querer saber lo que ignoro en una docta ignorancia, y ello para salir de la peor indiferencia. En este tránsito pasional, la lógica es la siguiente: del amor a la indiferencia, de la indiferencia al odio imprevisto. La pura ignorancia, no la docta, es el puente de pasaje de una pasión a otra. Por el contrario, la docta ignorancia es la que no debe confiar en el amor, menos todavía en el odio, para salir de la indiferencia. Hace falta para ello un deseo que se ponga a prueba ante la segregación estructural del goce del Otro, de sus formas de vivir. Ante esta segregación estructural mejor saber lo siguiente: ignoramos de hecho qué es hoy Europa en la diversidad de sus formas de vivir. Para salir de la indiferencia es necesario partir de esta docta ignorancia.

Tal vez lo que hoy define mejor a Europa es precisamente la indiferencia, la indiferencia por lo que ocurre dentro y en el borde de sus fronteras: la migración, el aumento de los nacionalismos encubiertos de patriotismo, la falta de solidaridad entre sus miembros, incluso cuando alguno de ellos decide, con despecho, hacer su brexit particular. En España, por ejemplo, después de décadas de ardor amoroso por querer sentirse europeos, empiezan a aparecer claros signos de ambivalencia hacia la Unión Europa. Las cosas no eran como se esperaban. El “conflicto catalán”, que es en realidad la mejor expresión del conflicto de España consigo misma, no ha hecho más que poner de manifiesto esta ambivalencia histórica hacia las otras naciones europeas, siempre más seguras de su patriotismo, tan nacionalista al fin y al cabo como cualquier otro. El nacionalismo español se expresa ahora en una indiferencia creciente hacia una Europa que pone en tela de juicio sus propios juicios contra los soberanistas catalanes encarcelados desde hace más de un año en “prisión preventiva”. Manuel Castells puede escribir entonces, a propósito de lo que considera “las pruebas de fuego de la identidad europea”: “Si en los primeros refrendos en España y Portugal el voto proeuropeo ganó con facilidad, aunque con una tasa de participación muy baja (en torno al 40%), se debía a que los europeos del sur siempre vieron a la UE como un escudo protector contra sus demonios autoritarios y nacionalistas. Por añadidura, los catalanes y los vascos son los más europeos de España (igual que los escoceses en el Reino Unido), porque aspiran a la protección de la UE contra sus propios Estados-nación.”[2] En este puzle, no parece que la Europa actual de los Estados-nación, más burocrática que solidaria, sepa encontrar la pieza que la hace necesariamente inacabada e inacabable.

Entonces, no será una Europa de las naciones ni de las regiones la que podrá hacer avanzar un proyecto como el que animaron los padres fundadores de su Unión. ¿Será tal vez una Europa de las ciudades, una Europa de ciudadanos europeos en pie de igualdad, la que asegure la difícil coexistencia de espacios cada vez más densos y complejos?



[1]Manuel Castells et al. (eds.) La crisis de Europa. Alianza Editorial, Madrid 2018, p. 276.
[2]Ibidem, p. 286.

10 de juny 2018

Poder de la paraula, autoritat del desig

Alexandre Kojève (1902-1968)









Texte en français

Intervenció al Col·loqui Europe Kojève 2018 al Parlament Europeu, a Brussel·les, 7-8 de juny de 2018.


Just al bell mig de la tragèdia de la Segona Guerra Mundial, Alexandre Kojève va escriure aquest breu i trasbalsador llibre titulat La noció de l’autoritat. Un article d’Antoine Cahen publicat al diari digital Lacan Quotidien[1] em va fer conèixer aquest text la lectura del qual m’ha mostrat la seva sorprenent actualitat. Alexandre Kojève hi desenvolupa una anàlisi en la qual distingeix quatre teories de l’autoritat que tenen, cadascuna, una traducció pràctica en l’exercici del poder. Crec que Jacques Lacan, alumne en la seva joventut d’Alexandre Kojève en la seva lectura de Hegel, havia conegut d’una manera o una altra aquesta elaboració sobre la noció de l’autoritat i que la va tenir en compte en diversos moments de manera implícita, especialment en relació a la seva concepció de l’experiència psicoanalítica exposada al seu text de 1958, “La direcció de la cura i els principis del seu poder”. Si Alexandre Kojève pot sostenir al seu llibre que l’exercici de “l’Autoritat exclou la força”[2], ja sigui la força de la legalitat del Dret o bé la força física directament, Jacques Lacan, per la seva banda, voldrà mostrar a partir de la lògica descoberta en l’experiència psicoanalítica que —el cito— “la impotència per sostenir autènticament una praxis es rebaixa, com és comú en la història dels homes, a l’exercici d’un poder.”[3] Així, Lacan pren aquí una posició ètica que serà central en la pràctica psicoanalítica que segueix la seva orientació, amb la distinció del poder de la suggestió, l’autoritat conferida per la transferència a la persona de l’analista, i l’acció autèntica de la transferència que se sosté en la causa del desig i que dóna tots els poder a la paraula en l’estructura del llenguatge. Els poder de la cura són els poders de la paraula i l’autoritat autèntica se sosté sempre en el desig que es desplaça en la cadena significant de la qual el subjecte n’és l’efecte més que no pas la causa. El psicoanalista aprèn de la seva experiència que qualsevol autoritat li és conferida per la transferència, cosa que Lacan va formular després com la funció del Subjecte Suposat Saber.
Si Alexandre Kojève havia posat en tensió la funció de l’autoritat per una banda i l’ús del poder i de la força per l’altra — “L’Autoritat exclou la força, el Dret la implica i la pressuposa”[4] va escriure al seu text—, Lacan oposarà l’acte de “sostenir autènticament una praxis” —sigui quina sigui aquesta pràctica— i “l’exercici d’un poder” —sigui quin sigui aquest poder—. Quant més algú s’identifica amb els significants del poder, els significants amo que Lacan aïlla en la cadena significant, més haurà de fer un ús del poder i de la força, més es mostrarà impotent per sostenir una pràctica de manera autèntica. Aleshores, Alexandre Kojève de nou: “un Poder que no estigui fundat en la força només pot fundar-se en l’Autoritat”[5]. I aquesta autoritat no es podrà sostenir mai en l’únic ús del Dret o de la Legalitat. Més aviat a l’inrevés, tal com ho diu en una fórmula fulgurant, “La Legalitat és el cadàver de l’Autoritat o, més exactament, la seva ‘mòmia’ —un cos que perdura tot estant privat d’ànima o de vida”.[6]
Heus ací el pensament d’un subjecte que ha reconegut en els atzucacs de la política, en el mal ús de la Legalitat i de la força, la raó de la impotència per sostenir i per reconèixer el veritable ressort de l’autoritat. I la pregunta serà en efecte de quina autoritat es tracta quan el subjecte de la nostra època es mostra tan impotent i deixa a la sola legalitat l’acció i l’autoritat de la seva política. Talment el cadàver de Monsieur Valdemar del famós conte d’Edgar Alan Poe balbucejant ordres per tal d’intentar trobar una garantia a la impotència per sostenir aquesta autoritat de manera autèntica. No en donaré exemples que poden trobar en la nostra actualitat de manera immediata. Només diré que vinc d’un país, Catalunya, on aquesta qüestió de l’autoritat política, de l’ús de la força i de la legalitat com la seva única garantia produeix avui l’atzucac creixent d’una conjuntura que pot arribar a ser la de la pròpia Europa en el seu conjunt.
És aquí on l’anàlisi de Kojève sobre les formes clàssiques de l’autoritat agafa avui tot el seu relleu.
Resumim aquesta anàlisi que és ja un resum dels discursos de l’autoritat fundats, ja sigui en el discurs de l’Amo o bé en el discurs de la Universitat tal com Lacan els va ordenar en el seu ensenyament. La meva hipòtesi és que Lacan va tenir en compte aquesta anàlisi de Kojève, precisament fa ara cinquanta anys, en l’època de Maig del 68, en el moment de la mort del seu mestre hegelià, per tal d’extreure d’aquesta anàlisi una altra forma i un altre discurs de l’autoritat.
Heus ací resumides les quatre teories de l’autoritat segons Kojève, en quatre discursos que mai no es presenten, ens diu, de manera pura sinó d’una manera sempre mixta.
1. L’autoritat teològica en primer lloc. És l’autoritat absoluta de Déu però també la de la Monarquia hereditària, l’autoritat de la tradició que és, per a nosaltres analistes, l’autoritat edípica, fundada en el Complex d’Èdip freudià. És l’autoritat del Pare, del Nom del Pare aïllat per Lacan en el seu ensenyament, l’autoritat del pare de “Tòtem i Tabú” que és sempre el pare mort, el pare del gaudi i del saber, no pas el seu cadàver o la seva persona sinó el significant que sosté la seva funció simbòlica. Tal com ho indica Kojève, l’autoritat del pare mort és incontestable perquè no corre cap risc en l’exercici de la seva autoritat donat que no es pot actuar sobre un mort. Aquesta autoritat deixa sempre velat el veritable poder que és el del significant amo, el poder de la paraula que es realitza com autoritat en un “dit primer”, segons l’expressió de Lacan.
2. L’autoritat de l'Amo sobre l’Esclau seguint el dicurs de Hegel. És l’autoritat del Vencedor sobre el Vençut, l’autoritat del militar sobre el civil, però també de l’home sobre la dona en la societat patriarcal. És l’autoritat de l'Amo que es pensa idèntic a si mateix, que ha de velar sempre la divisió del subjecte que la sosté com un subjecte que no és mai idèntic a si mateix, tocat per una manca d’ésser que el fa desitjant sempre d’una altra cosa.
3. L’autoritat que se sosté en el saber i en la tradició seguint el pensament d’Aristòtil. És l’autoritat del càlcul, de l’algoritme sota el qual vivim cada cop més governats per l’avaluació continuada, pel càlcul de l’eficàcia i de la ciència amb els seus aparells tècnics. És l’autoritat del Cap (del Fürher o del Komintern), del savi tècnic, del nou profeta que gestiona les grans masses de dades per posar el saber al lloc de l’agent d’un discurs que es revela també cada cop més autoritari.
4. L’autoritat que se sosté en la justícia seguint la tradició del pensament de Plató. És l’autoritat del Jutge o de l’Àrbitre, del Controlador o del Censor, de l’home just i honest al qual fem confiança pel que fa a allò que és legítim en una societat justa. “Només allò que és just és legítim”[7], escrivia Simone Weil a la mateixa època d’aquest text d’Alexandre Kojève. És també l’autoritat del Legislador, sempre en dificultats avui quan ha de respondre a les demandes de resoldre un conflicte que, es repeteix sovint, només pot tenir un tractament polític. Quant més se li demana donar la garantia darrera de l’ús de la legalitat per tal de sostenir l’autoritat política, més ha de fer la funció d’un metallenguatge que diria la veritat de qualsevol altre llenguatge, i sobre tot del llenguatge polític, més es revela que el legislador és aleshores allò que Lacan havia dit que era en la mesura que vol omplir aquesta manca de l’Altre: una suplència o fins i tot, dit d’una manera més crua, un “impostor”.[8]
Diguem pel que fa a nosaltres, i per concloure, que només es podrà sostenir una autoritat autèntica, en el sentit de l’orientació lacaniana, en la mesura que es puguin travessar aquests quatre discursos de l’autoritat, encara més, en la mesura que se sàpiga fer alguna cosa amb la seva caiguda per consentir a una autoritat del desig que pugui donar tot el seu poder a la paraula. Però aquesta autoritat només podrà ser concebuda també en la mesura que arribem a “posar qualsevol altre al seu lloc de subjecte”, és a dir a prendre’l com a subjecte de la paraula i del desig, sempre inconscient.[9]

8 de juny de 2018



[1]Cahen, A. « L’État de droit en Europe. Entre autorité́ et légalité́, entre la vie et la mort”. Lacan Quotidien nº 734, juillet 2017.
[2]Kojève, A. La notion de l’autorité. Ed. Gallimard, Paris 2004, p. 60. (La traducció és nostra)
[3]Lacan, J. « La direction de la cure et les principes de son pouvoir ». Écrits, Ed. du Seuil, Paris 1966, p. 586. (La traducció és nostra).
[4]Kojève, A. Opus cit.p. 60.
[5]Kojève, A. Opus cit.p. 137.
[6]Kojève, A. Opus cit.p. 63.
[7]Weil, S. « Note sur la suppression générale des partis politiques ». « Simone Weil, Leçon de politique autre », La movida Zadig nº 1, p. 14.
[8]Lacan, J. “Subversion du sujet et dialectique du désir dans l’inconscient freudien”. Écrits. Ed. Du Seuil, p. 813 : « És com a impostor que es presenta per suplir-hi, el Legislador (aquell que pretén erigir la Llei) ».
[9]Ens referim aquí a la proposició de Jacques-Alain Miller en la seva conferència a Torí del 23/5/2017, enregistrada per Radio Lacan: “Kant diu: ‘pensar posant-se al lloc de qualsevol altre’, com si el lloc de qualsevol altre estigués constituït i que el subjecte hagués de posar-se del tot conforme en aquest lloc. Aleshors, jo modificaré el principi de Kant, es tracta de posar qualsevol altre al seu lloc de subjecte.”

31 de gener 2018

Catalunya, símptoma d’Europa

René Magritte: L'Art de la Conversation (1950)

















Convidat pel grup impulsor de la xarxa Zadig de Brussel·les, “La Compagnie d’Erasme”, vaig intervenir el dia 30 de Gener en un Forum obert al públic amb el tema “El suïcidi dels Estats-nació”, dedicat a l’Estat de dret, les nacions d’Europa i Catalunya. 
Van intervenir-hi prèviament Alexandre Stevens, impulsor de “La Compagnie d’Erasme”, i Antoine Cahen, Secretari de la Comissió Llibertats Civils, Justícia i Afers interns del Parlament Europeu.
El debat fou ampli i intens, prova del gran interès que el “símptoma Catalunya” té pels nostres col·legues belgues i flamencs.



Vam escollir l’any passat l’expressió “símptoma Catalunya” per abordar una qüestió, un real, que retorna de tant en tant en la història d’Espanya i que ha produït recentment alguns moviments, fins i tot terratrèmols, en la península ibèrica. Són terratrèmols que s’han fet sentir també més enllà de les fronteres espanyoles, i molt especialment aquí a Bèlgica, als carrers de la ciutat de Brussel·les on prop de 50.000 catalans s’han manifestat fa ben poc, el més de desembre passat, i on el seu president, Carles Puigdemont, ha hagut de refugiar-se de la persecució de la justícia espanyola. Aquesta qüestió, anomenada “símptoma Catalunya”, ha merescut la creació d’una xarxa Zadig, pròpia de Catalunya al costat de la xarxa Zadig-Espanya, proposada com a tal fa un any per Jacques-Alain Miller que ha estat sempre molt atent a la seva singularitat. He de dir que la xarxa Zadig pròpia de Catalunya, anomenada “Rel i Llamp”, ha tingut de moment una activitat molt modesta, fins i tot silenciosa, com el llamp del qual esperem el so del tro per saber a quina distància s’ha produït. La sorpresa ha estat que, tot esperant durant aquest temps el so del tro, el “símptoma Catalunya”, que havíem pensat com un símptoma propi d’Espanya, ha esdevingut, s’ha mostrat segons tots els indicis com un símptoma també d’Europa. Cosa que vol dir que les seves rels eren de manera subterrània més expansives, més transnacionals, més translingüístiques i més transidentitàries del que podíem pensar.

És la hipòtesi que vull considerar aquest vespre amb vostès: el que està passant avui a Catalunya és una qüestió que interroga la natura, la definició, la construcció mateixa d’Europa com una unitat política i social. I si Europa segueix considerant —direm que de manera “diplomàtica”— aquesta qüestió encarnada pel “símptoma Catalunya” només com un “afer intern” d’un dels seus estats-nació, un afer del qual fora millor desentendre’s, aleshores aquesta Europa seguirà ignorant l’aposta que pot fer de la seva construcció alguna cosa més que un club presoner de la caducitat dels seus estats —com deia fa poc Ernest Maragall—, una caducitat davant del temps lògic de la vida de les seves ciutats, de les seves regions, de les seves nacions.

Això toca, en efecte, la pròpia història d’Europa en el curs del que considerem avui com el declivi definitiu del sistema post-westphalià dels “estats-nació”, el sistema sorgit al segle XVII que ha configurat l’arquitectura europea per tal d’establir un equilibri entre les potències i les sobiranies nacionals que van prendre aquesta forma. Espanya encarna de fet un exemple molt paradigmàtic del fracàs de construcció d’un estat-nació, és potser el millor exemple d’aquest declivi perquè aquest declivi és la seva pròpia història, el declivi del seu Imperi precisament a partir del segle XVII i de la revolta de les “Províncies Unides” (els Països Baixos) contra la monarquia de Felip II, moment històric que Blandine Kriegel ha analitzat tant bé al seu llibre La République et le Prince moderne”[1] com el veritable origen de la República a Europa.

Podem dir que Espanya no ha pogut constituir-se realment com un Estat-nació que hagués seguit l’exemple dels seus veïns, França o Itàlia, on la Revolució francesa o la unificació promoguda per Garibaldi i Cavour van crear la seva unitat política i social, una unitat fundada sempre, com deia Ernest Renan, en un mite d’origen més o menys consistent. Espanya manca d’un mite d’origen semblant. El resultat, dit de manera breu, és que Espanya no existeix. El que existeix són les Espanyes com una barreja heterogènia de nacions més o menys constituïdes com a tals i entre les quals la nació catalana ha tingut sempre un lloc d’excepció i per a la qual s’ha buscat, també sense mai aconseguir-ho, “el encaje”, l’encaix, l’articulació, l’adaptació. “Les Espanyes”, és així d’altra banda com es coneixien els diversos territoris de l’Imperi. No faré pas aquí la història detallada d’aquesta inexistència i d’aquest encaix impossible, podran trobar-ho molt ben descrit per diversos historiadors. Subratllaré només la darrera fórmula que va intentar construir aquesta unitat impossible i que va ser anomenada “Estat de les autonomies”. L’expressió fou encunyada pel filòsof José Ortega y Gasset, promotor entre altres empreses de la traducció de les obres completes de Sigmund Freud a l’espanyol, en el moment de la segona República abans de la guerra d’Espanya de 1936. José Ortega y Gasset va escriure precisament un llibre clàssic que porta el títol de La España invertebrada on exposa a la seva manera la fallida d’allò que faria la unitat, l’U d’Espanya. Fou ell també el primer que va fer córrer una expressió que indica l’intent de trobar una fórmula per a l’Espanya democràtica de les autonomies. Era el “café para todos”, el cafè per e tots. Podem dir que aquesta fórmula ha intentat regir el real de les Espanyes després de la mort de Franco amb el règim del 78’, moment de la redacció de la Constitució espanyola, fins avui en dia: és l’U del “cafè per a tots”, ideal d’una justícia distributiva guiada per una homogeneïtzació, ideal que avui ha fet clarament fallida. Per tal de resumir la història de les Espanyes de la transició, una transició de fet mai acomplerta, diré que aquest “cafè per a tots” s’ha demostrat finalment com una “cafè per a ningú” a força de no haver pogut formular-se de bell antuvi com un “cafè per a cadascú”, cosa que hauria estat molt diferent i molt més lògic seguint la distinció que coneixem en l’ensenyança de Jacques Lacan. El “cafè per a tots” esborra necessàriament la singularitat i es funda en la segregació de l’excepció, excepció que Catalunya ha tingut sempre certa satisfacció d’encarnar, també cal dir-ho. El “cafè per a cadascú” hauria pogut construir potser un conjunt regulat per un “no tot”, un “no tot” que tingués cura de la singularitat, més enllà del necessari reconeixement de cadascú en l’altre, moment hegelià que mai no arribarà a configurar una forma política viable.

Diguem doncs que la política d’Ortega y Gasset del “cafè per a tots”, inspiradora de tota una política endegada de formes diverses i que la monarquia espanyola ha intentat encarnar també, ha estat l’intent de vertebrar Espanya amb l’U del “per a tot x” que defineix per a nosaltres, psicoanalistes lacanians, la lògica fàl·lica masculina, sempre al preu d’ignorar el real que fa la seva impossibilitat de constituir-se como a única. El projecte federalista, que malauradament ha fracassat sempre a les Espanyes, tal vegada hauria pogut partir d’una altra lògica per tractar aquest real propi de la seva història i amb el qual topa una vegada i una altra l’ideal d’una “autonomia per a tots”. Autonomia de tots en relació a què o a qui, precisament? És aquí on s’obre el buit de l’U de l’Espanya que no existeix i que torna de tant en tant, sempre amb resultats tràgics. Trobem per aquesta via el límit d’un real que fa objecció a la política, a manca de la funció del “Més U” necessari per ordenar-lo amb una altra lògica, un “Més U” que no ha funcionat mai en la història de les Espanyes. I cal dir aleshores que el rei actual, Felip VI, una vegada més no ha arribat a reeixir la funció d’acomplir, a fer-ne semblant si més no, aquesta funció, molt especialment en el moment, tràgic en efecte, del dia 1 d’Octubre passat quan la força indiscriminada de la repressió de l’Estat espanyol va caure sobre la població catalana d’una manera que mai, mai, hauria de ser acceptada a cap país d’Europa. En aquest cas, com en la persecució i empresonament dels representats polítics, escollits democràticament, i dels representants de moviments socials, l’únic recurs a la Legalitat com argument, a manca d’una veritable conversa política, no té límits. És en nom de la Legalitat, fins i tot d’una Constitució espanyola que ja no pot ser respectada pels uns i els altres, que es poden passar tots els límits. I, ho saben prou bé per la dita francesa, “quan es passen els límits [bornes] ja no hi ha límits [limites]”. Tal com deia Alexandre Kojève —en una preciosa referència, “La noció de l’autoritat”, que he conegut gràcies a Antoine Cahen— “la Legalitat és el cadàver de l’Autoritat, o més exactament la seva ‘mòmia’ —un cos que perdura tot estant privat d’ànima o de vida”. “L’autoritat —subratlla Kojève— exclou la força, el Dret la implica i la pressuposa, tot sent-ne una altra cosa que ella.”[2]

Diagnòstic, doncs: l’Estat espanyol ha perdut la seva autoritat política en una part molt important del seu territori i només li resta la força física i la del Dret de l’Estat —no pas de l’Estat de dret— per defensar-se.

Cal precisar el moment decisiu quan aquesta pèrdua d’autoritat de l’Estat ha fet símptoma a Catalunya. Coincideix precisament amb el creixement insospitat de l’independentisme que l’any 2006 era només d’un 15% dels electors catalans i que ara, dotze anys després, es d’un 48%. I cal suposar que aquest percentatge no s’aturarà seguint aquesta lògica imparable.

Hi ha una discussió sobre la cronologia que ha desencadenat i nodrit aquest augment progressiu però semblen prou clars si més no els següents moments:

—Setembre 2005. El Parlament català aprova, amb un 90% dels vots a favor, la proposta d’un nou Estatut d’Autonomia que semblava aleshores una bona manera de reinscriure Catalunya en l’Estat espanyol, de trobar-ne “el encaje”. El president socialista del govern espanyol, Rodríguez Zapatero, hi dóna el seu recolzament, el Parlament espanyol hi dóna el seu acord per majoria, encara que una part parla ja de “cepillar”, de passar el ribot a aquest Estatut, especialment en relació al reconeixement de Catalunya com a nació. El projecte federalista era tanmateix, i una vegada més, la perspectiva en aquesta nova conjuntura que hauria plagut a una majoria.

—Juliol 2006. El Partido Popular fa un recurs contra el nou Estatut davant del Tribunal Constitucional. Ningú a Espanya semblava veure de fet l’abast real d’aquesta operació que endegava una progressiva judicialització de la política i una politització del poder jurídic. La conversa política quedarà des d’aleshores en suspens. És aquí on comença a esborrar-se de manera manifesta la separació de poders que funda un Estat de dret. És el moment del desencadenament i del retorn del reprimit que donarà consistència al símptoma Catalunya.

—Juny 2010. El Tribunal declara inconstitucional una part important de l’Estatut aprovat pels Parlaments sense oferir cap mena d’alternativa. El bloqueig de la conversa política, la suspensió de la seva autoritat en les forces polítiques dels Parlaments, es desplaça amb el recurs constant i únic a la Legalitat, cap a una Constitució que, recordem-ho, seguia sense reformar-se des de l’any 1978 i a la qual el Partido Popular d’aleshores (Alianza Popular) no havia volgut donar el seu ple acord. És una paradoxa més: aquells que ara fan un recurs constant a la Legalitat de la Constitució no havien donat el seu ple acord a la mateixa Constitució l’any 1978.

La continuació és prou coneguda: manifestacions massives i pacífiques dels catalans, cada any, als carrers de les ciutats, “declaració de sobirania” al Parlament català l’any 2013 —cosa que vol dir el naixement d’un nou subjecte polític que es vol sobirà—, fins als esdeveniments d’aquest darrer any amb el referèndum “il·legal” i les eleccions “legals” guanyades per les forces independentistes al Parlament. Hom pot definir la situació actual com una mena de “cop d’estat recíproc”. És com l’amor que, segons Lacan, sempre és recíproc. Aquí ambdues parts poden dir que es tracta d’un cop d’estat, donat que Catalunya estava construint ja les seves pròpies estructures d’estat. Es de fet un conflicte de sobiranies i de legitimitats, no d’identitats que es barregen en un mateix espai. Però tot això s’esdevé en una escalada de repressió exercida a tots els nivells per l’Estat espanyol contra una nació sense estat —i, doncs, sense exèrcit, sense poder econòmic propi, etc.— i que té una part del seu govern i dels seus representants polítics a la presó o a “l’exili”. En una altra època, el rei Felip no va dubtar pas a assetjar i devastar militarment la ciutat d’Anvers com a prova de la famosa furia española. Impensable avui, volem pensar, encara que la ministra de defensa espanyola ha donat algunes indicacions en el sentit d’una intervenció de l’exèrcit. D’altra banda, apareixen ja sense embulls ni restriccions algunes demostracions al carrer amb emblemes del nazisme i del franquisme. Inquietant, més encara quan les forces anomenades progressistes no saben massa bé com respondre. Ja no es tracta, en efecte, d’un “afer intern” de les Espanyes sinó d’un afer que toca el més íntim de la difícil història de la construcció d’Europa.


Torno per acabar a la dimensió lògica que, com ens ensenya l’experiència analítica, sempre governa finalment. Es la qüestió lògica en joc també en la construcció d’aquesta Europa, potser també tan invertebrada encara com aquelles Espanyes d’Ortega y Gasset. ¿Hi ha una altra lògica possible per donar un lloc a la multiplicitat de les sobiranies i de les legitimitats que travessen la seva història? ¿Hi ha una altra lògica que no sigui la lògica fàl·lica de l’U que es vol total i homogeni? Queda per pensar i per desenvolupar una comunitat vertebrada amb l’U del “no per tot x”, lògica del cantó femení, que tingui en compte aquest real del qual Catalunya es fa símptoma.

No arribo a veure encara l’abast d’aquesta possible orientació en la construcció formal i efectiva d’una Europa veritablement solidària amb els seus principis. Diré, però, que és amb aquesta altra lògica, em sembla, que Jacques-Alain Miller va construir amb nosaltres aquella Escola Europea de Psicoanàlisi que ha estat el “gresol de les Escoles nacionals” —com en dèiem aleshores— i que ha esdevingut després l’Eurofederació de Psicoanàlisi que ha donat lloc a una Europa de les regions, tal como podem constatar veient el seu Anuari actual. No té potser encara la consistència que voldríem. L’ideal d’una Europa de les regions sembla de fet cada vegada més llunyà donada la por actual d’una balcanització. Però té un principi lògic de construcció que val la pena recordar avui. La Escola Europea fou creada a Barcelona, com per atzar, i fou creada de fet —no només però sobre tot— com el resultat de la impossibilitat de construir una Escola espanyola com a tal, prenent la base de les seves “autonomies”. Recordo sempre molt bé aquell moment. Fou només prenent com a base, i tenint alhora en l’horitzó, l’U d’Europa que cadascú podia reconèixer —i no pas l’U impossible de les Espanyes—, que l’Escola Europea fou creada i prengué forma per als espanyols, catalans inclosos. Aquella Escola tingué a Espanya una sèrie de Seccions al costat de les altres Seccions europees, seguint el mosaic de la seva diversitat i, diré fins i tot, de la seva necessària incompletesa. Vam trobar l’U a partir del divers i del múltiple, no pas a l’inrevés. Hi havia, en efecte, un Més-Un en aquesta construcció, l’École de la Cause freudienne. Aquesta marca de naixement era també el signe de la dificultat històrica per trobar la unitat d’Espanya, una unitat que sembla que només es pot imposar seguint aquell “destino en lo universal” emblema del franquisme, una unitat que es destrueix a sí mateixa cada vegada que ha volgut imposar-se excloent allò que la descompleta.

Era ja potser una manera de fer de l’excepció, de la singularitat, un “per a cadascú” que no volia ser pas un “per a tots”. És un punt a desenvolupar, de ben segur, però tal vegada podrà esclarir-nos una mica les dificultats davant d’aquest real del qual som, nosaltres europeus d’avui, sempre una mica massa la passió.





[1] Blandine Kriegel, « La République et le Prince moderne », PUF, Paris 2011.
[2] Alexandre Kojève, La notion de l’autorité, Gallimard, Paris 2004, p. 60 et 63.