(Entrevista realizada por los colegas de la Nueva Escuela Lacaniana)
1. En la Conferencia de presentación del tema del último Congreso de la AMP “Todo el mundo es loco”, Miller dice que pronto la clínica tal como la entendemos será cosa del pasado, lo que resulta un pronóstico sorprendente, ¿cómo entenderlo?, ¿a qué nos referimos con el concepto de “clínica”?
Me parece una pregunta muy actual porque creo que, incluso entre nosotros, utilizamos el término “clínica” de una manera no suficientemente elaborada y me parece muy importante hacer incluso una historia de la clínica en nuestro campo, como podría evocar el título de Foucault también. Esta observación de Miller realmente toca el centro de lo que es la actualidad de la de la experiencia analítica y que anticipa esto que lo que ahora entendemos como “clínica” será cosa del pasado. En realidad, Miller mismo en una intervención que yo tomé para elaborar precisamente esta cuestión de cómo entendemos el término clínica en nuestro campo decía que cedía con gusto el término clínica al DSM, con lo que habría un gap, una separación muy importante entre lo que se llama clínica y el propio psicoanálisis. Creo que con esta indicación Miller anticipaba ya algo que podemos llamar un declive, yo lo llamaría así, el declive de la clínica en su acepción más general. Respecto a eso yo lo subrayo con frecuencia y creo que debemos debemos tomarlo como un signo importante: es que en el “Índice Razonado…” de los Escritos de Lacan tenemos en el apartado de “Clínica” dos subapartados, uno es “Clínica Freudiana” y ahí va en el uno por uno de los casos de Freud. La Clínica Freudiana en realidad se puede concebir no como una clínica de las grandes descripciones clínicas, sino del uno por uno, en cada caso. Porque ahí encontramos en ese “Índice Razonado…” elaborado por Miller en el momento de la edición de los Escritos, los casos de Freud y no son sólo los cinco, son los cinco más el Sueño de la Bella Carnicera, etc. Es decir, los casos que Lacan pescó para hacerlos casi paradigmas a partir de su singularidad, pero eso sería la Clínica Freudiana según el “Índice Razonado…” de los Escritos. El otro subapartado es “Clínica Psiquiátrica” y ahí encontramos las neurosis, la psicosis, las perversiones y cada uno en sus propias distinciones. La histeria, la neurosis obsesiva, las distintas formas de la perversión y en la psicosis: la paranoia, la esquizofrenia, creo que también está la melancolía y si no está hay que agregarla. Es decir, la clínica que el psicoanálisis heredó de la psiquiatría. Ahora bien, cuando uno sigue y dice “bueno, ahora vendrá el de la Clínica Psicoanalítica”... no está. No hay un capítulo que diga “Clínica Psicoanalítica”. La primera idea para mí fue: ha habido aquí un error, falta este capítulo y habría que hacerlo. Luego me di cuenta de que no, de que es realmente un índice razonado el que hizo Miller muy al ras de la lógica interna de los Escritos de Lacan, de los que no se puede deducir así de buenas a primeras una clínica psicoanalítica. Entonces hay que interrogar el término “clínica” cuando hablamos en nuestro campo, porque generalmente hacemos jornadas clínicas, secciones clínicas, y a la vez hablamos de la clínica del caso por caso, de la Clínica del Pase, incluso hablamos de la Clínica del Cartel. Es decir, el término clínica tiene un uso entre nosotros, pero hay que preguntarse qué quiere decir entonces este término que no es el que utilizamos habitualmente cuando hablamos de la clínica de las neurosis, de la psicosis, etc. Por qué no pensarlo así, aventuro algo, creo que finalmente con la enseñanza de Lacan, lo que era la clínica, la famosa clínica de las estructuras clínicas, eso realmente va a desaparecer y deberemos pensar otra dimensión clínica como tal. ¿Cuál es nuestra orientación para esta nueva orientación de la clínica? Voy a decirlo de manera muy sintética, creo que no hay en realidad para el psicoanálisis otra clínica que la Clínica del Pase que es una clínica del uno por uno, sin duda alguna, de la singularidad extrema que no se deja atrapar por ningún tipo clínico. Es la Clínica del sinthome para distinguir sinthome de los síntomas descriptivos que hacen tipos clínicos. El núcleo fundamental de la experiencia de la Escuela, que es la experiencia del pase, apunta a esa clínica del psicoanálisis, la única que podemos pensar lógicamente con la enseñanza de Lacan y que es la clínica de la singularidad extrema del sinthome como el producto final de un análisis, pero bueno ahí claro la clínica no está antes. Conviene que el analista conozca muy bien la clínica psiquiátrica, la clínica de los tipos, para eso hacemos las secciones clínicas pero sin duda el psicoanálisis no sólo va más allá, sino que anticipa ya de una manera clara y decidida el declive de la clínica que ahora intenta organizarse con el DSM con los distintos manuales de clasificación y que se muestran cada vez más inconsistentes e inútiles para tratar el malestar del sujeto contemporáneo.
De modo que resumo en tres puntos: Primero, no hay propiamente una clínica psicoanalítica en el sentido clásico de la palabra clínica, esa clínica en efecto se la dejamos al DSM y a su declive progresivo. Segundo, eso no quiere decir que no hagamos Secciones Clínicas donde debemos aprender la historia de estas clínicas. Tercer punto el futuro es la clínica del pase entonces que elaboramos en la experiencia de la Escuela.
2. Tomando la cita de Lacan que se trabajó en el último Congreso de la AMP: “Todo el mundo es loco, es decir, delirante”, ¿podría establecerse una diferencia entre la locura, las psicosis y el delirio generalizado? A partir de la perspectiva de esta cita, ¿cómo sostener de forma coherente la coexistencia de la última enseñanza de Lacan con la perspectiva estructural de la primera enseñanza?
Voy a empezar por la última parte porque tiene mucho que ver con la primera pregunta, en efecto con la cuestión de la clínica, tal como la entendemos en psicoanálisis y tal como se desarrolla en la enseñanza de Lacan. Es cierto que él parte de la clínica psiquiátrica y de la clínica freudiana y hacia un cruce de tal manera que cada término de la clínica clásica pierde su significación anterior, una vez sumergido en la experiencia freudiana, en la obra de Freud. Pero en Lacan mismo hay un cambio, sin duda alguna hay un Lacan contra Lacan ahí. Empieza trabajando en la clínica de las neurosis, de la psicosis, de las perversiones… curiosamente ya en el propio campo freudiano estos términos se polarizaron en Neurosis y Psicosis y cuando se hizo un Encuentro Internacional del Campo Freudiano después de las neurosis y de las psicosis, se hizo uno sobre rasgos de perversión. Lo que ya indicaba que esa misma tripartición hay que reordenarla a través de la noción de rasgo, de rasgo clínico. Entonces tenemos la primera parte de la enseñanza de Lacan con lo que se ha llamado las estructuras clínicas (nota a pie de página: busquen el término de “estructuras clínicas” en los Escritos o en los Otros Escritos, tampoco lo van a encontrar, me di cuenta de que habíamos utilizado ese término dándolo por supuesto en Lacan, pero no, ahí habla de la estructura y de las neurosis, de la psicosis, etc. pero la idea de estructuras clínicas fue una lectura posterior que hicimos que tendrá sus razones, pero creo que hay razones también para pensar que Lacan no lo utilizó porque tenía una idea de estructura que luego desarrolla y que en los años 70 toma otra perspectiva y finalmente es lo real que se hace luz en el lenguaje, dice en “L'Etourdit”. En todo caso es cierto que a partir de la pluralización de los Nombres del Padre como lo hemos llamado con Miller y de la evaporación de esa brújula clasificatoria que era el Nombre-del-Padre, entramos en otro paradigma en Lacan donde hay razones para preguntarse si podemos hacer compatible lo que es la clínica estructural de la neurosis y de la psicosis con la Clínica del sinthome y la última parte de la enseñanza de Lacan. A mí me gusta tomar ahí una analogía para entenderlo porque creo que una no invalida la otra y que hay que conocer bien las dos. Me gusta tomar la analogía de la diferencia y la superación que la física de Einstein hizo sobre la física de Newton. Hay fenómenos que se pueden explicar muy bien en la física de Newton, con la ley de gravitación universal, con la fórmula matemática de Newton, etc. que ordenan muy bien toda una serie de fenómenos. Pero aparecen después otra serie de fenómenos que ponen en cuestión la universalización de esa fórmula e incluso la desuniversalizan, porque hay fenómenos singulares que no caben dentro de este paradigma. Einstein lo que hace es superar a Newton, dando otro nuevo paradigma donde hay fenómenos que no se pueden explicar según la física newtoniana. Creo que en la cuestión clínica en la enseñanza de Lacan ocurre algo de este orden. Es decir, empiezan a aparecer una serie de fenómenos que no pueden explicarse solamente con la forclusión del Nombre-del-padre y la elisión del falo, o al menos en esa implicación tan directa y binaria, y empieza a aparecer otra lógica, que es la lógica de la pluralización de los Nombres del Padre, del sinthome, de la singularidad del síntoma, etc. Una no contradice a la otra, pero la primera queda subsumida en la segunda en un ámbito restringido. Entonces creo que debemos saber utilizar los dos paradigmas, sabiendo que el primero es cada vez más restringido. Ahora nos encontramos con una serie de fenómenos que hay que leer desde otra perspectiva. Creo que cuando Miller introdujo el término de “psicosis ordinarias” fue en ese sentido, es decir en extender esa frontera que parecía tan nítida y extenderla no al estilo del borderline, que el psicoanálisis clásico había trabajado, que no dejaba de ser un borde, una frontera, sino extendiendo de tal manera los fenómenos que el binarismo neurosis-psicosis deja de existir como tal. Y creo que eso se puede demostrar si uno sigue el desarrollo de esa noción como un proyecto de investigación, no como una nueva categoría clínica a añadir a un supuesto DSM. Se trata de un proyecto de investigación que da cuenta de esa subsunción de la primera clínica de las llamadas estructuras clínicas dentro del nuevo paradigma que Lacan elabora al final de su enseñanza. Entonces a partir de aquí podemos ir a la primera parte de su pregunta: sí claro, podemos establecer entonces una diferencia entre lo que se llama locura, que es un término que tiene significaciones tan diversas como mundos simbólicos en los que se utiliza ese término, lo que podía parecer una locura en un momento deja de serlo en en otro momento, lo que es una locura en una forma social o cultural deja de serlo en otra. Es decir, la locura es un fenómeno que hay que estudiar en su historia, “historia de la locura”, podemos retomar esa expresión que tiene que ver también con la noción que tiene cada sociedad de la salud mental. Ahora eso también ha cambiado, es decir, lo que antes podía ser algo disruptivo en el orden social, ahora ha dejado de serlo y hay otras cosas que aparecen como disrupción del vínculo social y que aparecen como una forma de locura. Esto es distinto de la psicosis sin duda, hay que distinguir la psicosis como una serie de fenómenos clínicos, sean las psicosis extraordinarias o sea la psicosis ordinarias, que son fenómenos clínicos que podemos describir y que con mucha frecuencia además no dan ningún signo de locura. Incluso más, son absolutamente sintónicos con los nuevos órdenes sociales y la política nos está dando ejemplos que no voy a mencionar, pero que todo el mundo podrá tener claramente en su pensamiento. De modo que ahí sí locura y psicosis se pueden distinguir muy claramente y a la vez hay que distinguir eso de lo que llamamos el delirio generalizado: cuando fantaseamos estamos delirando también y ahí cuando Lacan dice “todo el mundo es loco, es decir delirante” ahí vincula aquello que en un momento es locura con las fantasías de la gente, con la fantasía y con los sueños, habría que añadir ahí los sueños, que son siempre delirantes. Nota al pie: me gusta siempre recordar al respecto una conversación que tuve con Ricardo Piglia que es alguien que siempre he leído y admirado como escritor, cuando hablábamos de la literatura y la ciudad y conversando llegamos a una fórmula, ya no sé si fue él o yo quien la sacó, pero me parece es casi a dúo donde pensábamos que qué interesante sería hacer un mapa de la ciudad, no a través de los discursos manifiestos de los periódicos, etc. sino con los sueños de la gente, que la gente escriba sus sueños y eso nos daría un mapa simbólico, real, imaginario de lo que es una ciudad fascinante, a la vez delirante, pero nos diría mucha más verdad que los discursos de uso común. Y ahí habrá simplemente gente que no recuerda los sueños, yo lo pregunto con frecuencia cuando viene alguien a verme, me parece que sigue siendo la vía regia al inconsciente como dijo Freud. Es curioso que hay mucha gente que no recuerda los sueños, incluso no recuerda ni haber soñado y cuando eso se introduce hay algo del discurso analítico que se pone en marcha. Por supuesto que cuando aparecen los sueños aparece un texto absolutamente delirante que el sujeto mismo a veces considera más que absurdo, algo desdeñable. Bien, con eso trabajamos, con el delirio generalizado, más allá de cualquier diagnóstico o incluso de locura, por suerte la gente del mundo común sigue soñando, y mientras sigan soñando tendremos psicoanálisis.
En ese mapa pensaba que pueden aparecer justamente los que no se acuerdan de los sueños, que sería también para interpretar. Sí, sería lo que llaman en los mapas “obscure by cloud”. Terra incógnita para el propio sujeto, no hay representación posible de eso, pero al menos se puede delimitar que ahí algo pasa.
3. ¿Qué diferencia puede establecer entre diagnosticar y patologizar? ¿Establecer un diagnóstico ya es patologizar?
Lo ha sido siempre y quizás, por primera vez el psicoanálisis cuando empezó a establecer un diagnóstico dejó de patologizar, desde el momento en que Freud mismo entendía que la persona más “normal” no era sino una especie de mezcla de todos los cuadros clínicos que podamos considerar. De modo que Freud yo diría que fue el primero que diagnosticó sin patologizar. Y mientras que siempre en la historia en la historia del ser humano, un diagnóstico ha sido para patologizar, para incluso para discriminar incluso para segregar también. La primera forma de diagnóstico no patologizante es la que utilizó Freud como tal. Ahora eso no dejaba de ser una etiqueta también, es decir, cuando hablamos de tipos clínicos que es lo que funda el diagnóstico, digamos histeria, neurosis obsesiva, psicosis paranoica, melancolía, esquizofrenia, etc. son etiquetas sin duda en el sentido de que son tipos clínicos que nos ayudan a organizar un mapa de lo real, real que no tiene esas fronteras, las introducimos siempre desde una cierta concepción simbólica. Ahí de nuevo nos encontramos con esta subversión de la enseñanza de Lacan cuando introduce, más allá de la idea de síntoma como estructurado como un lenguaje y que sí permite una clasificación por tipos clínicos, va hacia la noción de sinthome, que no permite una clasificación ni un diagnóstico en el sentido clásico. Aunque podemos decir a la vez que el mejor diagnóstico que el sujeto pueda obtener es al final de un análisis, haber situado a qué ha reducido su síntoma finalmente en su mayor singularidad. Es eso lo que llamamos sinthome una forma de goce singular, que no admite comparación con ningún otro sinthome, con ningún otro síntoma y que finalmente hace imposible una clasificación. Si hablamos de la Clínica del Pase precisamente diremos que no hay clasificación posible, realmente es la clínica de los inclasificables por excelencia. Porque no hay manera de clasificar los testimonios de los AE por formas… Y si lo hiciéramos, quiere decir que no que no ha funcionado entonces como tal la experiencia del pase. A la vez deberíamos interrogar también el término pathos para entender qué quiere decir lo patológico para el psicoanálisis. Creo que ahí debemos recuperar el término clásico, el pathos es las pasiones, las pasiones del ser porque a la vez hay algo patológico en cada ser humano. Sus pasiones del ser: el amor, el odio y la ignorancia y qué destino va a dar a esas pasiones en la experiencia analítica y en su vida. ¿Qué destino va a dar al amor, qué destino dará al odio y qué destino dará a la ignorancia? Con respecto a la ignorancia, sabemos que Lacan apreciaba la expresión de Nicolás de Cusa de la docta ignorancia. Esa pasión del ser inherente al ser humano que es la ignorancia, bien puede convertirse en algo que sea docto, en el sentido de un cierto deseo de saber que no es no es común, pero no deja de ser una pasión patológica, es decir, deseo de saber puede hacer sufrir también. Y el amor no digamos y el odio no digamos. De modo que no debemos ignorar tampoco lo que hay de patológico en el sentido analítico en el ser humano, más allá sin duda de las etiquetas diagnósticas, que por otra parte hoy en día se han pluralizado de tal manera que ya no se sabe muy bien qué designan.
4. En la Conferencia en el Malba “Despatologización: ¿quién tiene derecho a una terapia?, Ud. aclara que no hay nada más despatologizante que el trabajo que hizo Lacan, ¿puede ampliar esta idea? ¿En qué se fundan las críticas que desde algunos activismos LGBTIQ+ le plantean al psicoanálisis considerándolo patologizante?
Bueno, en realidad, yo he escuchado muy bien estas críticas, incluso he respondido porque me ha interesado mucho entrar en conversación con las posiciones críticas con respecto al psicoanálisis, porque creo que nosotros mismos debemos tener esa posición crítica y es importante poder conversar. Ahora si me pregunta en qué se fundan las críticas desde algunos activismos LGTBI, no todos porque hay muchos activistas que precisamente han encontrado en el psicoanálisis una forma de elaborar las cuestiones que se plantean, pero si por ejemplo tengo que referirme a Paul B. Preciado con el que entré en una… no en una conversación porque no tuve respuesta, pero yo al menos respondí porque debía estar además en la mesa con él en ese momento, le diré que se fundan en el desconocimiento. No he podido deducir nada más después de haber trabajado, investigado, leído todo lo que he podido sobre el tema. Creo que realmente las críticas que se han hecho, buena parte se debe al desconocimiento. También hay que añadir a los propios analistas que no hemos sabido explicar bien cuál cuál es la orientación analítica. Empezando por analistas que en algunas orientaciones explícitamente han tomado posiciones efectivamente de un autoritarismo y de una ideología edípica que Lacan ya señaló en su época, el edipismo como una ideología en el psicoanálisis. Él fue el primer crítico serio, pero conociendo muy bien aquello que criticaba. El primer gran crítico del psicoanálisis ha sido Lacan sin duda alguna. Desde los años 50 hasta el año 80 encontramos una crítica continua, una crítica de de las lecturas falocéntricas y edípicas del psicoanálisis continuamente. Bien, curiosamente, lo que he leído de los críticos al psicoanálisis desde la perspectiva LGTBI, desconocen, es decir, parece que se hayan quedado en una lectura de Lacan de segundas, más bien lecturas de lecturas de lecturas. Lo que es siempre mal consejero, hay que ir a los textos Lacan originales y leerlos, lo que implica un trabajo muy intenso, que sin duda se han ahorrado muchos críticos de de Lacan, empezando por esos ideólogos Bricmont y Sokal que no entendieron ni la ironías de Lacan, las tomaron como frases dogmáticas. Realmente hay un grado de desconocimiento, que se puede entender porque Lacan requiere de un trabajo serio, muy intenso, para no quedarse en una superficie sin orientación. Entonces primera cuestión, se debe a esos dos elementos, al desconocimiento y también a que los analistas no hemos sabido explicar bien cuál es el eje subversivo del psicoanálisis con respecto a toda la cuestión de la sexualidad, a la cuestión de las identidades sexuales, a lo que se llama los géneros, etc. Ahí hay que hacer un esfuerzo constante tomando por interlocución al discurso del sujeto, del sujeto trans o del sujeto LGTBI, pero haciendo también una crítica de sus presupuestos, como por ejemplo a Judith Butler, a otros teóricos del género, que realmente tomaron de Lacan algo muy superficial, lo que llegó a Estados Unidos y que ahora nos vuelve, a veces con la sensación de extrañeza, a mí al menos, de que Lacan han leído si no cuadra con ninguna de las lecturas que nosotros hacemos desde aquí. Es un efecto de retorno que debemos tener en cuenta y debemos ser críticos también con los modos en los que transmitimos la propia experiencia del psicoanálisis.
Entonces qué hay de despatologizante en Lacan, antes lo evocaba con la noción de sinthome realmente despatologiza radicalmente la experiencia analítica. Se puede ir a los antecedentes incluso del Campo Freudiano que son los trabajos de Canguilhem que ya pusieron en cuestión la diferencia entre lo normal y lo patológico en una orientación que era absolutamente cercana a Lacan. Fue además el primer círculo de epistemología del que surgieron los Cahiers pour l'analyse y el núcleo fuerte de lo que después sería el Campo Freudiano y de la Ecole de la Cause Freudienne. Esa inspiración canguilhemiana está en el principio del Campo Freudiano, que es de una orientación despatologizante de entrada, es decir, de poner en cuestión la frontera entre normal y patológico. Ya desde ahí encontramos esa lógica, pero eso creo que queda absolutamente depurado en la última enseñanza de Lacan, donde ya no sólo no podemos mantener la idea de una normalidad, estadística o no, sino que debemos apuntar a ese núcleo de lo singular del sujeto, que es incomparable y que vamos a decir el sujeto solo se puede comparar consigo mismo, tomándose a sí mismo como Otro en la experiencia analítica, no creo que pueda haber un grado mayor de despatologización que ese. Porque cualquier idea de patología inevitablemente se mueve en el paradigma de lo comparativo, no hay otra manera. Cuando uno sale radicalmente de ese paradigma de lo comparativo, de lo que se llama la clínica comparada incluso, no hay más idea de patológico que el pathos singular de cada sujeto. Entonces creo que debemos saber transmitir eso también, en un momento en el que quien no tiene una patología es que está muerto, alguien decía que si no te encuentras en el DSM-5 en algún rasgo es que estás absolutamente ya fuera del mundo ¿no? Porque es cierto, estamos en el mundo donde las clasificaciones patológicas están en fin empezando por la infancia. Cada día me habla gente que trabaja en el campo de la infancia, en pedagogía, en las escuelas, diciendo que es impresionante cómo en una proporción enorme de niños en la escuela están diagnosticados, sea de TDA, de Trastorno de Espectro Autista, etc. y además medicados correspondientemente. Es decir, en un mundo donde lo patológico está tan bien repartido democráticamente, introducir la idea de la despatologización que produce la experiencia analítica es fundamental sin duda.
5. Lo que está desarrollando tiene que ver con la siguiente pregunta: la vez que hay reclamos desde los activismos LGBTIQ+, de los activismos “discas”, de cuerpos disidentes y de personas “neurodivergentes” en torno a la despatologización, resulta llamativo que haya una divulgación en diferentes medios masivos, sobre todo en redes sociales, de personas famosas o influencers que hablan de sus problemas de “salud mental”, sus diagnósticos psicopatológicos. Incluso hay personas que consultan ya con un autodiagnóstico encontrado en internet. ¿Qué lectura hace de este fenómenos? En base a lo que ha respondido recién, agrego: ¿en qué punto toca algo del ser que hace necesario en todo caso salir a difundir una clasificación psicopatológica?
Eso forma parte también de este nuevo paradigma de “narcisismo generalizado”. Hay una paradoja ahí porque se superpone a la singularidad de cada sujeto, un modelo identificatorio para producir fenómenos de identificación. Eso se encuentra de una manera generalizada con el uso de Internet que ha posibilitado eso de una manera mucho más masiva. Antes era muy difícil que un sujeto pudiera exponer de una manera tan pública y tan masiva, su singularidad, sus síntomas, etc. con la paradoja que produce efectos de identificación colectivos de inmediato. Ahí el discurso histérico funciona al estilo freudiano que se encontraba en los famosos internados y ahora estamos viviendo en un hospicio generalizado diríamos en ese sentido. La paradoja es que se oculta finalmente la verdadera singularidad del sujeto porque reclama, incluso quien se expone, reclama su identificación con los otros, no con su síntoma, sino con los otros. Ahí es donde se plantea la cuestión de lo que puede introducir el psicoanálisis con la última enseñanza de Lacan, cuando él habla de identificación con el sinthome, no es la identificación con el síntoma histérico que produce comunidades sintomáticas y que tienen después su fuerza como reivindicación, como ha pedido de reconocimiento de derechos, etc. etc y tiene su función social, pero eso no es la identificación con el sinthome donde no hay modo de que otro se identifique con ese sinthome, porque es precisamente lo que ha decantado después de caer las identificaciones. Entonces ahí hay una paradoja porque es cierto también que uno puede escuchar algo de la singularidad en estas nuevas formas de exposición, del sufrimiento, de las fantasías incluso, de los síntomas de cada uno, puede escucharse una singularidad, pero de inmediato queda prendido en la red histérica de la identificación con el otro, y es así cómo se producen burbujas de comunitarismo, de identificaciones comunitarias, que luego tienen su su fuerza y su presencia, por supuesto. Y son formas que permiten a la vez localizar modos de goce. A través de síntomas descritos, incluso de manera psiquiátrica o general, de modo que eso tiene una función social, incluso diríamos que tiene una función de integración, luego voy a poner en cuestión el término de integración, pero ahí tiene una función de integración en el sentido de alienación también. Alienación a las figuras más o menos ideales, hasta el punto de que hay sujetos que quieren tener esas patologías, es decir, se produce un fenómeno muy curioso, paradójico, pero hay verdaderos deseos de patologizarse entonces. Hay que tomarlo como un signo de la época, que además está retroalimentado por Internet que produce eso de una manera casi anónima además, por otro lado, porque es un fenómeno de anonimizar la singularidad a la vez. Toma formas cada vez más extensas como tal no solo eso, sino que empiezan a producirse ya también no solo los diagnósticos, autodiagnósticos y diagnósticos, según esa relación de alineación con las imágenes ideales del otro, sino que empiezan a producirse tratamientos también en ese medio. Eso es algo que en algún momento deberemos planteárnoslo también a nivel general, políticamente, científicamente, clínicamente, psicoanalíticamente y es que el uso de los tratamientos a través de la Inteligencia Artificial va a irse produciendo sin duda alguna, el sujeto contemporáneo es capaz de atribuir a la IA un sujeto. La ciencia como tal, no supone un sujeto, como señaló Miller, forcluye al sujeto y esa es la gran paradoja: la ciencia no supone un sujeto en ningún lado, pero el producto técnico que es Internet permite suponer un sujeto, de una manera que incluso el cine ha explotado, desde la película Her, más allá de que sea buena o mala película, hace parecer ese fenómeno de una manera muy clara. No sólo la técnica no excluye la suposición de un saber, sino que la promueve de una manera delirante, entendiendo por delirante lo que hemos dicho antes, lo que va a ser cada vez más normal, entonces bien encontramos ya este fenómeno que deberemos tratar y ya no como una cuestión profesional, que creo que eso está fuera de lugar, si no como un fenómeno colectivo, iba a decir de occidente, pero es global. En fin en lo que es el nuevo mundo en el que nos toca vivir, esa suposición masiva de un sujeto a la técnica va a producir toda suerte de síntomas nuevos y toda suerte de trastornos que serán nuevos. Debemos estar anticipando desde el psicoanálisis algo de lo que va a ser, ya no sólo una cuestión clínica, porque va a ser una cuestión diríamos de malestar en la cultura, tomando el término de Freud, generalizado. No solo ya la gente viene con autodiagnósticos sacados de Internet, sino que vienen ya incluso con ideas de tratamiento posible por Internet. Una pequeña anécdota de una de una analizante, que sufre de angustia y me dijo que este fin de semana tuve una crisis de angustia, pero en lugar de llamarle lo que hice fue entrar en el ChatGPT y decirle me pasa esto esto y esto, y le pregunta ¿qué respuesta me daría, hacer posible una respuesta al estilo del que me daría mi psicoanalista Miquel Bassols. Por supuesto, me lo explicaba con un tono irónico, de broma, pero a la vez había algo muy serio en eso que estaba diciendo. Sobre todo me dijo “la respuesta que me dió, pues me pareció muy verosímil, ¡podía ser!. El Chat GPT no sé cómo se le hizo, pero agarró de aquí y de allá y le dio una respuesta a la lacaniana. Pues ella no se la tomó en serio y se la tomó en serio a la vez, dijo ¿que está ocurriendo aquí? ¿cómo es posible?, me lo preguntó a mí y yo le dije: no lo sé, habría que preguntarle cómo lo ha hecho porque yo no lo sé. Esa es una diferencia fundamental: el analista no sabe. EL Chat GPT siempre sabe, siempre tiene una respuesta. ¿Cómo hacer aparecer la función del no saber en toda esta nueva ordenación de las identidades, de los fenómenos patologizantes? Bien esa va a ser la apuesta del psicoanálisis, cómo hacer aparecer la función del inconsciente en el lugar de un saber, no sabido.
6. En su libro “La diferencia de los sexos no existe en el inconsciente” ubica los tres sujetos que en nuestra civilización encarnan el lugar del Otro segregado, uno de ellos es la locura. ¿Cómo se da la segregación de la locura hoy?
La segregación sin duda toma nuevas formas aunque sigue habiendo las formas clásicas: el hospital psiquiátrico sigue teniendo su lugar, su función y lo que consideramos locura como algo que interrumpe el buen funcionamiento social, pero sólo si interrumpe el buen funcionamiento social, entonces ahí locura se convierte en un problema de salud mental, tal como Miller lo explicitó hace tiempo, es un problema de orden público finalmente. Cuando la locura plantea problemas al orden público entonces se la lleva, se la confina al hospital psiquiátrico, pero no sólo eso, creo que debemos prestar especial atención a otro lugar donde la locura está hoy segregada que es la cárcel. Es en la cárcel donde actualmente va a parar la locura y hay ahí problemas muy serios, porque es una doble segregación, es decir, es la segregación de la locura más la segregación de la delincuencia, que no siempre coincide de una época a otra, depende de los modelos sociales que utilicemos. Sin duda la locura sigue estando marginada, segregada, confinada en lugares donde eso no plantea problemas al orden público, pero sólo si plantea problemas al orden público… Y no siempre, porque estoy pensando en algunas locuras políticas que plantean serios problemas al orden público y que están en los mejores lugares sociales sin ningún problema. Es cierto que ha habido además una gran transformación del hospital psiquiátrico, no estamos ya en la época de los años 50, se ha modificado pero no tanto tampoco, cuando uno va al hospital psiquiátrico se da cuenta de que la locura sigue estando tratada como se puede, en lugares de confinamiento, pero subrayo la importancia de la cárcel como de los lugares de segregación social, donde donde la locura, no la psicosis, sino la locura en su sentido más habitual, el de salud mental, que plantea problemas al orden público está ahí. Pero también el problema se está se está generalizando a la vez, porque no solo es la cárcel, es cierto que cada vez más está la idea de que hay que crear espacios, incluso se reivindican esos espacios, donde lo que puede aparecer como la locura o lo segregado debe encontrar su lugar. Es más, estamos en un momento donde hay un discurso que es el de la integración que intenta desde una perspectiva más o menos humanista, más o menos científica, más o menos utilitarista y cercana a lo que es el ideal del capitalismo de intentar reciclar lo que queda segregado en nombre de la idea de la integración. Eso alcanza a todos los ámbitos. Se puede hablar más del ámbito pedagógico por ejemplo donde la idea de integración es casi como una especie de significante amo. Y plantea problemas serios, porque los resultados que se están obteniendo de esta lógica de la integración suelen ser los de una doble segregación. Creo que ahí hay que cambiar la perspectiva desde el psicoanálisis, creo que incluso podemos dar indicaciones políticas sobre eso. La idea de integración sea en el ámbito que sea, la idea de asimilación según la propia imagen, lleva a impases crecientes, lleva a una mayor segregación continuada como ya Lacan avisó en los años 60. Creo que en lugar de la idea de integración para tratar lo que por estructura se segrega en nuestra civilización, hay que pensar más bien la lógica que Miller introdujo como muy de pasada en la época en que lanzó la red Zadig, modificando una frase de Kant, de la ética kantiana y en lugar de, como decía Kant, “pensar poniéndose en el lugar del otro”, finalmente para asimilarlo a la propia forma de pensamiento, Miller proponía una ligera modificación, pero que es fundamental, decía: “poner al otro en lugar en su lugar de sujeto”, esa simple variación de la frase kantiana cambia radicalmente la posición del sujeto, cambia la política, cambia incluso el modelo de civilización que podamos pensar. No se trata de integrar al otro segregado, sino de ponerlo en su lugar de sujeto, lo que quiere decir: darle todo el derecho de palabra, lo que quiere decir saberlo escuchar en su singularidad, lo que quiere decir hacerlo responsable de su palabra y de sus actos. Eso va contracorriente del discurso de la integración que está mostrando sus impases cada vez de manera más cruel. ¿Cómo introducir esta dimensión, cómo transmitir desde el psicoanálisis esta idea que Miller la ha dicho de muchas maneras cuando se empezó planteando la de dar dignidad a la psicosis, dar dignidad a la locura era una manera de decirlo? Está muy bien expresado en ese momento en el que modificó esa frase, en lugar de intentar identificarse al otro, pensando como él cosa que es imposible la empatía, la comprensión de los ideales humanistas que han mostrado su desastre trágico finalmente también. En lugar de lógica de la identificación, la lógica de colocar al otro en su dimensión de sujeto singular, en su lugar de sujeto, haciéndolo responsable de su palabra y de sus actos. Llevar esa lógica hasta el límite es muy difícil, porque uno tiende a identificarse con lo segregado, aunque parezca extraño, pero generalmente es así, el fantasma fundamental siempre es de identificación con lo segregado. En lugar de identificarse, poner al otro en su lugar de sujeto nos da otra dimensión de la experiencia y por lo tanto también de una posible política, y hablo ahí de política y ya no solamente en el sentido más genuino de la política de la cura, como la llama Lacan, si no de la política en su sentido más general. Eso no es fácil, ¿no? Estoy pensando cómo poner en su lugar de sujeto a ciertos discursos contemporáneos incluso en la política, eso es una empresa que creo que la apuesta de Miller con Zadig era esa: poner al sujeto de lo político en su lugar de sujeto desde el psicoanálisis, pero bien se ha mostrado que eso no es tan fácil, al menos como algunos podían suponer.
1. En la Conferencia de presentación del tema del último Congreso de la AMP “Todo el mundo es loco”, Miller dice que pronto la clínica tal como la entendemos será cosa del pasado, lo que resulta un pronóstico sorprendente, ¿cómo entenderlo?, ¿a qué nos referimos con el concepto de “clínica”?
Me parece una pregunta muy actual porque creo que, incluso entre nosotros, utilizamos el término “clínica” de una manera no suficientemente elaborada y me parece muy importante hacer incluso una historia de la clínica en nuestro campo, como podría evocar el título de Foucault también. Esta observación de Miller realmente toca el centro de lo que es la actualidad de la de la experiencia analítica y que anticipa esto que lo que ahora entendemos como “clínica” será cosa del pasado. En realidad, Miller mismo en una intervención que yo tomé para elaborar precisamente esta cuestión de cómo entendemos el término clínica en nuestro campo decía que cedía con gusto el término clínica al DSM, con lo que habría un gap, una separación muy importante entre lo que se llama clínica y el propio psicoanálisis. Creo que con esta indicación Miller anticipaba ya algo que podemos llamar un declive, yo lo llamaría así, el declive de la clínica en su acepción más general. Respecto a eso yo lo subrayo con frecuencia y creo que debemos debemos tomarlo como un signo importante: es que en el “Índice Razonado…” de los Escritos de Lacan tenemos en el apartado de “Clínica” dos subapartados, uno es “Clínica Freudiana” y ahí va en el uno por uno de los casos de Freud. La Clínica Freudiana en realidad se puede concebir no como una clínica de las grandes descripciones clínicas, sino del uno por uno, en cada caso. Porque ahí encontramos en ese “Índice Razonado…” elaborado por Miller en el momento de la edición de los Escritos, los casos de Freud y no son sólo los cinco, son los cinco más el Sueño de la Bella Carnicera, etc. Es decir, los casos que Lacan pescó para hacerlos casi paradigmas a partir de su singularidad, pero eso sería la Clínica Freudiana según el “Índice Razonado…” de los Escritos. El otro subapartado es “Clínica Psiquiátrica” y ahí encontramos las neurosis, la psicosis, las perversiones y cada uno en sus propias distinciones. La histeria, la neurosis obsesiva, las distintas formas de la perversión y en la psicosis: la paranoia, la esquizofrenia, creo que también está la melancolía y si no está hay que agregarla. Es decir, la clínica que el psicoanálisis heredó de la psiquiatría. Ahora bien, cuando uno sigue y dice “bueno, ahora vendrá el de la Clínica Psicoanalítica”... no está. No hay un capítulo que diga “Clínica Psicoanalítica”. La primera idea para mí fue: ha habido aquí un error, falta este capítulo y habría que hacerlo. Luego me di cuenta de que no, de que es realmente un índice razonado el que hizo Miller muy al ras de la lógica interna de los Escritos de Lacan, de los que no se puede deducir así de buenas a primeras una clínica psicoanalítica. Entonces hay que interrogar el término “clínica” cuando hablamos en nuestro campo, porque generalmente hacemos jornadas clínicas, secciones clínicas, y a la vez hablamos de la clínica del caso por caso, de la Clínica del Pase, incluso hablamos de la Clínica del Cartel. Es decir, el término clínica tiene un uso entre nosotros, pero hay que preguntarse qué quiere decir entonces este término que no es el que utilizamos habitualmente cuando hablamos de la clínica de las neurosis, de la psicosis, etc. Por qué no pensarlo así, aventuro algo, creo que finalmente con la enseñanza de Lacan, lo que era la clínica, la famosa clínica de las estructuras clínicas, eso realmente va a desaparecer y deberemos pensar otra dimensión clínica como tal. ¿Cuál es nuestra orientación para esta nueva orientación de la clínica? Voy a decirlo de manera muy sintética, creo que no hay en realidad para el psicoanálisis otra clínica que la Clínica del Pase que es una clínica del uno por uno, sin duda alguna, de la singularidad extrema que no se deja atrapar por ningún tipo clínico. Es la Clínica del sinthome para distinguir sinthome de los síntomas descriptivos que hacen tipos clínicos. El núcleo fundamental de la experiencia de la Escuela, que es la experiencia del pase, apunta a esa clínica del psicoanálisis, la única que podemos pensar lógicamente con la enseñanza de Lacan y que es la clínica de la singularidad extrema del sinthome como el producto final de un análisis, pero bueno ahí claro la clínica no está antes. Conviene que el analista conozca muy bien la clínica psiquiátrica, la clínica de los tipos, para eso hacemos las secciones clínicas pero sin duda el psicoanálisis no sólo va más allá, sino que anticipa ya de una manera clara y decidida el declive de la clínica que ahora intenta organizarse con el DSM con los distintos manuales de clasificación y que se muestran cada vez más inconsistentes e inútiles para tratar el malestar del sujeto contemporáneo.
De modo que resumo en tres puntos: Primero, no hay propiamente una clínica psicoanalítica en el sentido clásico de la palabra clínica, esa clínica en efecto se la dejamos al DSM y a su declive progresivo. Segundo, eso no quiere decir que no hagamos Secciones Clínicas donde debemos aprender la historia de estas clínicas. Tercer punto el futuro es la clínica del pase entonces que elaboramos en la experiencia de la Escuela.
2. Tomando la cita de Lacan que se trabajó en el último Congreso de la AMP: “Todo el mundo es loco, es decir, delirante”, ¿podría establecerse una diferencia entre la locura, las psicosis y el delirio generalizado? A partir de la perspectiva de esta cita, ¿cómo sostener de forma coherente la coexistencia de la última enseñanza de Lacan con la perspectiva estructural de la primera enseñanza?
Voy a empezar por la última parte porque tiene mucho que ver con la primera pregunta, en efecto con la cuestión de la clínica, tal como la entendemos en psicoanálisis y tal como se desarrolla en la enseñanza de Lacan. Es cierto que él parte de la clínica psiquiátrica y de la clínica freudiana y hacia un cruce de tal manera que cada término de la clínica clásica pierde su significación anterior, una vez sumergido en la experiencia freudiana, en la obra de Freud. Pero en Lacan mismo hay un cambio, sin duda alguna hay un Lacan contra Lacan ahí. Empieza trabajando en la clínica de las neurosis, de la psicosis, de las perversiones… curiosamente ya en el propio campo freudiano estos términos se polarizaron en Neurosis y Psicosis y cuando se hizo un Encuentro Internacional del Campo Freudiano después de las neurosis y de las psicosis, se hizo uno sobre rasgos de perversión. Lo que ya indicaba que esa misma tripartición hay que reordenarla a través de la noción de rasgo, de rasgo clínico. Entonces tenemos la primera parte de la enseñanza de Lacan con lo que se ha llamado las estructuras clínicas (nota a pie de página: busquen el término de “estructuras clínicas” en los Escritos o en los Otros Escritos, tampoco lo van a encontrar, me di cuenta de que habíamos utilizado ese término dándolo por supuesto en Lacan, pero no, ahí habla de la estructura y de las neurosis, de la psicosis, etc. pero la idea de estructuras clínicas fue una lectura posterior que hicimos que tendrá sus razones, pero creo que hay razones también para pensar que Lacan no lo utilizó porque tenía una idea de estructura que luego desarrolla y que en los años 70 toma otra perspectiva y finalmente es lo real que se hace luz en el lenguaje, dice en “L'Etourdit”. En todo caso es cierto que a partir de la pluralización de los Nombres del Padre como lo hemos llamado con Miller y de la evaporación de esa brújula clasificatoria que era el Nombre-del-Padre, entramos en otro paradigma en Lacan donde hay razones para preguntarse si podemos hacer compatible lo que es la clínica estructural de la neurosis y de la psicosis con la Clínica del sinthome y la última parte de la enseñanza de Lacan. A mí me gusta tomar ahí una analogía para entenderlo porque creo que una no invalida la otra y que hay que conocer bien las dos. Me gusta tomar la analogía de la diferencia y la superación que la física de Einstein hizo sobre la física de Newton. Hay fenómenos que se pueden explicar muy bien en la física de Newton, con la ley de gravitación universal, con la fórmula matemática de Newton, etc. que ordenan muy bien toda una serie de fenómenos. Pero aparecen después otra serie de fenómenos que ponen en cuestión la universalización de esa fórmula e incluso la desuniversalizan, porque hay fenómenos singulares que no caben dentro de este paradigma. Einstein lo que hace es superar a Newton, dando otro nuevo paradigma donde hay fenómenos que no se pueden explicar según la física newtoniana. Creo que en la cuestión clínica en la enseñanza de Lacan ocurre algo de este orden. Es decir, empiezan a aparecer una serie de fenómenos que no pueden explicarse solamente con la forclusión del Nombre-del-padre y la elisión del falo, o al menos en esa implicación tan directa y binaria, y empieza a aparecer otra lógica, que es la lógica de la pluralización de los Nombres del Padre, del sinthome, de la singularidad del síntoma, etc. Una no contradice a la otra, pero la primera queda subsumida en la segunda en un ámbito restringido. Entonces creo que debemos saber utilizar los dos paradigmas, sabiendo que el primero es cada vez más restringido. Ahora nos encontramos con una serie de fenómenos que hay que leer desde otra perspectiva. Creo que cuando Miller introdujo el término de “psicosis ordinarias” fue en ese sentido, es decir en extender esa frontera que parecía tan nítida y extenderla no al estilo del borderline, que el psicoanálisis clásico había trabajado, que no dejaba de ser un borde, una frontera, sino extendiendo de tal manera los fenómenos que el binarismo neurosis-psicosis deja de existir como tal. Y creo que eso se puede demostrar si uno sigue el desarrollo de esa noción como un proyecto de investigación, no como una nueva categoría clínica a añadir a un supuesto DSM. Se trata de un proyecto de investigación que da cuenta de esa subsunción de la primera clínica de las llamadas estructuras clínicas dentro del nuevo paradigma que Lacan elabora al final de su enseñanza. Entonces a partir de aquí podemos ir a la primera parte de su pregunta: sí claro, podemos establecer entonces una diferencia entre lo que se llama locura, que es un término que tiene significaciones tan diversas como mundos simbólicos en los que se utiliza ese término, lo que podía parecer una locura en un momento deja de serlo en en otro momento, lo que es una locura en una forma social o cultural deja de serlo en otra. Es decir, la locura es un fenómeno que hay que estudiar en su historia, “historia de la locura”, podemos retomar esa expresión que tiene que ver también con la noción que tiene cada sociedad de la salud mental. Ahora eso también ha cambiado, es decir, lo que antes podía ser algo disruptivo en el orden social, ahora ha dejado de serlo y hay otras cosas que aparecen como disrupción del vínculo social y que aparecen como una forma de locura. Esto es distinto de la psicosis sin duda, hay que distinguir la psicosis como una serie de fenómenos clínicos, sean las psicosis extraordinarias o sea la psicosis ordinarias, que son fenómenos clínicos que podemos describir y que con mucha frecuencia además no dan ningún signo de locura. Incluso más, son absolutamente sintónicos con los nuevos órdenes sociales y la política nos está dando ejemplos que no voy a mencionar, pero que todo el mundo podrá tener claramente en su pensamiento. De modo que ahí sí locura y psicosis se pueden distinguir muy claramente y a la vez hay que distinguir eso de lo que llamamos el delirio generalizado: cuando fantaseamos estamos delirando también y ahí cuando Lacan dice “todo el mundo es loco, es decir delirante” ahí vincula aquello que en un momento es locura con las fantasías de la gente, con la fantasía y con los sueños, habría que añadir ahí los sueños, que son siempre delirantes. Nota al pie: me gusta siempre recordar al respecto una conversación que tuve con Ricardo Piglia que es alguien que siempre he leído y admirado como escritor, cuando hablábamos de la literatura y la ciudad y conversando llegamos a una fórmula, ya no sé si fue él o yo quien la sacó, pero me parece es casi a dúo donde pensábamos que qué interesante sería hacer un mapa de la ciudad, no a través de los discursos manifiestos de los periódicos, etc. sino con los sueños de la gente, que la gente escriba sus sueños y eso nos daría un mapa simbólico, real, imaginario de lo que es una ciudad fascinante, a la vez delirante, pero nos diría mucha más verdad que los discursos de uso común. Y ahí habrá simplemente gente que no recuerda los sueños, yo lo pregunto con frecuencia cuando viene alguien a verme, me parece que sigue siendo la vía regia al inconsciente como dijo Freud. Es curioso que hay mucha gente que no recuerda los sueños, incluso no recuerda ni haber soñado y cuando eso se introduce hay algo del discurso analítico que se pone en marcha. Por supuesto que cuando aparecen los sueños aparece un texto absolutamente delirante que el sujeto mismo a veces considera más que absurdo, algo desdeñable. Bien, con eso trabajamos, con el delirio generalizado, más allá de cualquier diagnóstico o incluso de locura, por suerte la gente del mundo común sigue soñando, y mientras sigan soñando tendremos psicoanálisis.
En ese mapa pensaba que pueden aparecer justamente los que no se acuerdan de los sueños, que sería también para interpretar. Sí, sería lo que llaman en los mapas “obscure by cloud”. Terra incógnita para el propio sujeto, no hay representación posible de eso, pero al menos se puede delimitar que ahí algo pasa.
3. ¿Qué diferencia puede establecer entre diagnosticar y patologizar? ¿Establecer un diagnóstico ya es patologizar?
Lo ha sido siempre y quizás, por primera vez el psicoanálisis cuando empezó a establecer un diagnóstico dejó de patologizar, desde el momento en que Freud mismo entendía que la persona más “normal” no era sino una especie de mezcla de todos los cuadros clínicos que podamos considerar. De modo que Freud yo diría que fue el primero que diagnosticó sin patologizar. Y mientras que siempre en la historia en la historia del ser humano, un diagnóstico ha sido para patologizar, para incluso para discriminar incluso para segregar también. La primera forma de diagnóstico no patologizante es la que utilizó Freud como tal. Ahora eso no dejaba de ser una etiqueta también, es decir, cuando hablamos de tipos clínicos que es lo que funda el diagnóstico, digamos histeria, neurosis obsesiva, psicosis paranoica, melancolía, esquizofrenia, etc. son etiquetas sin duda en el sentido de que son tipos clínicos que nos ayudan a organizar un mapa de lo real, real que no tiene esas fronteras, las introducimos siempre desde una cierta concepción simbólica. Ahí de nuevo nos encontramos con esta subversión de la enseñanza de Lacan cuando introduce, más allá de la idea de síntoma como estructurado como un lenguaje y que sí permite una clasificación por tipos clínicos, va hacia la noción de sinthome, que no permite una clasificación ni un diagnóstico en el sentido clásico. Aunque podemos decir a la vez que el mejor diagnóstico que el sujeto pueda obtener es al final de un análisis, haber situado a qué ha reducido su síntoma finalmente en su mayor singularidad. Es eso lo que llamamos sinthome una forma de goce singular, que no admite comparación con ningún otro sinthome, con ningún otro síntoma y que finalmente hace imposible una clasificación. Si hablamos de la Clínica del Pase precisamente diremos que no hay clasificación posible, realmente es la clínica de los inclasificables por excelencia. Porque no hay manera de clasificar los testimonios de los AE por formas… Y si lo hiciéramos, quiere decir que no que no ha funcionado entonces como tal la experiencia del pase. A la vez deberíamos interrogar también el término pathos para entender qué quiere decir lo patológico para el psicoanálisis. Creo que ahí debemos recuperar el término clásico, el pathos es las pasiones, las pasiones del ser porque a la vez hay algo patológico en cada ser humano. Sus pasiones del ser: el amor, el odio y la ignorancia y qué destino va a dar a esas pasiones en la experiencia analítica y en su vida. ¿Qué destino va a dar al amor, qué destino dará al odio y qué destino dará a la ignorancia? Con respecto a la ignorancia, sabemos que Lacan apreciaba la expresión de Nicolás de Cusa de la docta ignorancia. Esa pasión del ser inherente al ser humano que es la ignorancia, bien puede convertirse en algo que sea docto, en el sentido de un cierto deseo de saber que no es no es común, pero no deja de ser una pasión patológica, es decir, deseo de saber puede hacer sufrir también. Y el amor no digamos y el odio no digamos. De modo que no debemos ignorar tampoco lo que hay de patológico en el sentido analítico en el ser humano, más allá sin duda de las etiquetas diagnósticas, que por otra parte hoy en día se han pluralizado de tal manera que ya no se sabe muy bien qué designan.
4. En la Conferencia en el Malba “Despatologización: ¿quién tiene derecho a una terapia?, Ud. aclara que no hay nada más despatologizante que el trabajo que hizo Lacan, ¿puede ampliar esta idea? ¿En qué se fundan las críticas que desde algunos activismos LGBTIQ+ le plantean al psicoanálisis considerándolo patologizante?
Bueno, en realidad, yo he escuchado muy bien estas críticas, incluso he respondido porque me ha interesado mucho entrar en conversación con las posiciones críticas con respecto al psicoanálisis, porque creo que nosotros mismos debemos tener esa posición crítica y es importante poder conversar. Ahora si me pregunta en qué se fundan las críticas desde algunos activismos LGTBI, no todos porque hay muchos activistas que precisamente han encontrado en el psicoanálisis una forma de elaborar las cuestiones que se plantean, pero si por ejemplo tengo que referirme a Paul B. Preciado con el que entré en una… no en una conversación porque no tuve respuesta, pero yo al menos respondí porque debía estar además en la mesa con él en ese momento, le diré que se fundan en el desconocimiento. No he podido deducir nada más después de haber trabajado, investigado, leído todo lo que he podido sobre el tema. Creo que realmente las críticas que se han hecho, buena parte se debe al desconocimiento. También hay que añadir a los propios analistas que no hemos sabido explicar bien cuál cuál es la orientación analítica. Empezando por analistas que en algunas orientaciones explícitamente han tomado posiciones efectivamente de un autoritarismo y de una ideología edípica que Lacan ya señaló en su época, el edipismo como una ideología en el psicoanálisis. Él fue el primer crítico serio, pero conociendo muy bien aquello que criticaba. El primer gran crítico del psicoanálisis ha sido Lacan sin duda alguna. Desde los años 50 hasta el año 80 encontramos una crítica continua, una crítica de de las lecturas falocéntricas y edípicas del psicoanálisis continuamente. Bien, curiosamente, lo que he leído de los críticos al psicoanálisis desde la perspectiva LGTBI, desconocen, es decir, parece que se hayan quedado en una lectura de Lacan de segundas, más bien lecturas de lecturas de lecturas. Lo que es siempre mal consejero, hay que ir a los textos Lacan originales y leerlos, lo que implica un trabajo muy intenso, que sin duda se han ahorrado muchos críticos de de Lacan, empezando por esos ideólogos Bricmont y Sokal que no entendieron ni la ironías de Lacan, las tomaron como frases dogmáticas. Realmente hay un grado de desconocimiento, que se puede entender porque Lacan requiere de un trabajo serio, muy intenso, para no quedarse en una superficie sin orientación. Entonces primera cuestión, se debe a esos dos elementos, al desconocimiento y también a que los analistas no hemos sabido explicar bien cuál es el eje subversivo del psicoanálisis con respecto a toda la cuestión de la sexualidad, a la cuestión de las identidades sexuales, a lo que se llama los géneros, etc. Ahí hay que hacer un esfuerzo constante tomando por interlocución al discurso del sujeto, del sujeto trans o del sujeto LGTBI, pero haciendo también una crítica de sus presupuestos, como por ejemplo a Judith Butler, a otros teóricos del género, que realmente tomaron de Lacan algo muy superficial, lo que llegó a Estados Unidos y que ahora nos vuelve, a veces con la sensación de extrañeza, a mí al menos, de que Lacan han leído si no cuadra con ninguna de las lecturas que nosotros hacemos desde aquí. Es un efecto de retorno que debemos tener en cuenta y debemos ser críticos también con los modos en los que transmitimos la propia experiencia del psicoanálisis.
Entonces qué hay de despatologizante en Lacan, antes lo evocaba con la noción de sinthome realmente despatologiza radicalmente la experiencia analítica. Se puede ir a los antecedentes incluso del Campo Freudiano que son los trabajos de Canguilhem que ya pusieron en cuestión la diferencia entre lo normal y lo patológico en una orientación que era absolutamente cercana a Lacan. Fue además el primer círculo de epistemología del que surgieron los Cahiers pour l'analyse y el núcleo fuerte de lo que después sería el Campo Freudiano y de la Ecole de la Cause Freudienne. Esa inspiración canguilhemiana está en el principio del Campo Freudiano, que es de una orientación despatologizante de entrada, es decir, de poner en cuestión la frontera entre normal y patológico. Ya desde ahí encontramos esa lógica, pero eso creo que queda absolutamente depurado en la última enseñanza de Lacan, donde ya no sólo no podemos mantener la idea de una normalidad, estadística o no, sino que debemos apuntar a ese núcleo de lo singular del sujeto, que es incomparable y que vamos a decir el sujeto solo se puede comparar consigo mismo, tomándose a sí mismo como Otro en la experiencia analítica, no creo que pueda haber un grado mayor de despatologización que ese. Porque cualquier idea de patología inevitablemente se mueve en el paradigma de lo comparativo, no hay otra manera. Cuando uno sale radicalmente de ese paradigma de lo comparativo, de lo que se llama la clínica comparada incluso, no hay más idea de patológico que el pathos singular de cada sujeto. Entonces creo que debemos saber transmitir eso también, en un momento en el que quien no tiene una patología es que está muerto, alguien decía que si no te encuentras en el DSM-5 en algún rasgo es que estás absolutamente ya fuera del mundo ¿no? Porque es cierto, estamos en el mundo donde las clasificaciones patológicas están en fin empezando por la infancia. Cada día me habla gente que trabaja en el campo de la infancia, en pedagogía, en las escuelas, diciendo que es impresionante cómo en una proporción enorme de niños en la escuela están diagnosticados, sea de TDA, de Trastorno de Espectro Autista, etc. y además medicados correspondientemente. Es decir, en un mundo donde lo patológico está tan bien repartido democráticamente, introducir la idea de la despatologización que produce la experiencia analítica es fundamental sin duda.
5. Lo que está desarrollando tiene que ver con la siguiente pregunta: la vez que hay reclamos desde los activismos LGBTIQ+, de los activismos “discas”, de cuerpos disidentes y de personas “neurodivergentes” en torno a la despatologización, resulta llamativo que haya una divulgación en diferentes medios masivos, sobre todo en redes sociales, de personas famosas o influencers que hablan de sus problemas de “salud mental”, sus diagnósticos psicopatológicos. Incluso hay personas que consultan ya con un autodiagnóstico encontrado en internet. ¿Qué lectura hace de este fenómenos? En base a lo que ha respondido recién, agrego: ¿en qué punto toca algo del ser que hace necesario en todo caso salir a difundir una clasificación psicopatológica?
Eso forma parte también de este nuevo paradigma de “narcisismo generalizado”. Hay una paradoja ahí porque se superpone a la singularidad de cada sujeto, un modelo identificatorio para producir fenómenos de identificación. Eso se encuentra de una manera generalizada con el uso de Internet que ha posibilitado eso de una manera mucho más masiva. Antes era muy difícil que un sujeto pudiera exponer de una manera tan pública y tan masiva, su singularidad, sus síntomas, etc. con la paradoja que produce efectos de identificación colectivos de inmediato. Ahí el discurso histérico funciona al estilo freudiano que se encontraba en los famosos internados y ahora estamos viviendo en un hospicio generalizado diríamos en ese sentido. La paradoja es que se oculta finalmente la verdadera singularidad del sujeto porque reclama, incluso quien se expone, reclama su identificación con los otros, no con su síntoma, sino con los otros. Ahí es donde se plantea la cuestión de lo que puede introducir el psicoanálisis con la última enseñanza de Lacan, cuando él habla de identificación con el sinthome, no es la identificación con el síntoma histérico que produce comunidades sintomáticas y que tienen después su fuerza como reivindicación, como ha pedido de reconocimiento de derechos, etc. etc y tiene su función social, pero eso no es la identificación con el sinthome donde no hay modo de que otro se identifique con ese sinthome, porque es precisamente lo que ha decantado después de caer las identificaciones. Entonces ahí hay una paradoja porque es cierto también que uno puede escuchar algo de la singularidad en estas nuevas formas de exposición, del sufrimiento, de las fantasías incluso, de los síntomas de cada uno, puede escucharse una singularidad, pero de inmediato queda prendido en la red histérica de la identificación con el otro, y es así cómo se producen burbujas de comunitarismo, de identificaciones comunitarias, que luego tienen su su fuerza y su presencia, por supuesto. Y son formas que permiten a la vez localizar modos de goce. A través de síntomas descritos, incluso de manera psiquiátrica o general, de modo que eso tiene una función social, incluso diríamos que tiene una función de integración, luego voy a poner en cuestión el término de integración, pero ahí tiene una función de integración en el sentido de alienación también. Alienación a las figuras más o menos ideales, hasta el punto de que hay sujetos que quieren tener esas patologías, es decir, se produce un fenómeno muy curioso, paradójico, pero hay verdaderos deseos de patologizarse entonces. Hay que tomarlo como un signo de la época, que además está retroalimentado por Internet que produce eso de una manera casi anónima además, por otro lado, porque es un fenómeno de anonimizar la singularidad a la vez. Toma formas cada vez más extensas como tal no solo eso, sino que empiezan a producirse ya también no solo los diagnósticos, autodiagnósticos y diagnósticos, según esa relación de alineación con las imágenes ideales del otro, sino que empiezan a producirse tratamientos también en ese medio. Eso es algo que en algún momento deberemos planteárnoslo también a nivel general, políticamente, científicamente, clínicamente, psicoanalíticamente y es que el uso de los tratamientos a través de la Inteligencia Artificial va a irse produciendo sin duda alguna, el sujeto contemporáneo es capaz de atribuir a la IA un sujeto. La ciencia como tal, no supone un sujeto, como señaló Miller, forcluye al sujeto y esa es la gran paradoja: la ciencia no supone un sujeto en ningún lado, pero el producto técnico que es Internet permite suponer un sujeto, de una manera que incluso el cine ha explotado, desde la película Her, más allá de que sea buena o mala película, hace parecer ese fenómeno de una manera muy clara. No sólo la técnica no excluye la suposición de un saber, sino que la promueve de una manera delirante, entendiendo por delirante lo que hemos dicho antes, lo que va a ser cada vez más normal, entonces bien encontramos ya este fenómeno que deberemos tratar y ya no como una cuestión profesional, que creo que eso está fuera de lugar, si no como un fenómeno colectivo, iba a decir de occidente, pero es global. En fin en lo que es el nuevo mundo en el que nos toca vivir, esa suposición masiva de un sujeto a la técnica va a producir toda suerte de síntomas nuevos y toda suerte de trastornos que serán nuevos. Debemos estar anticipando desde el psicoanálisis algo de lo que va a ser, ya no sólo una cuestión clínica, porque va a ser una cuestión diríamos de malestar en la cultura, tomando el término de Freud, generalizado. No solo ya la gente viene con autodiagnósticos sacados de Internet, sino que vienen ya incluso con ideas de tratamiento posible por Internet. Una pequeña anécdota de una de una analizante, que sufre de angustia y me dijo que este fin de semana tuve una crisis de angustia, pero en lugar de llamarle lo que hice fue entrar en el ChatGPT y decirle me pasa esto esto y esto, y le pregunta ¿qué respuesta me daría, hacer posible una respuesta al estilo del que me daría mi psicoanalista Miquel Bassols. Por supuesto, me lo explicaba con un tono irónico, de broma, pero a la vez había algo muy serio en eso que estaba diciendo. Sobre todo me dijo “la respuesta que me dió, pues me pareció muy verosímil, ¡podía ser!. El Chat GPT no sé cómo se le hizo, pero agarró de aquí y de allá y le dio una respuesta a la lacaniana. Pues ella no se la tomó en serio y se la tomó en serio a la vez, dijo ¿que está ocurriendo aquí? ¿cómo es posible?, me lo preguntó a mí y yo le dije: no lo sé, habría que preguntarle cómo lo ha hecho porque yo no lo sé. Esa es una diferencia fundamental: el analista no sabe. EL Chat GPT siempre sabe, siempre tiene una respuesta. ¿Cómo hacer aparecer la función del no saber en toda esta nueva ordenación de las identidades, de los fenómenos patologizantes? Bien esa va a ser la apuesta del psicoanálisis, cómo hacer aparecer la función del inconsciente en el lugar de un saber, no sabido.
6. En su libro “La diferencia de los sexos no existe en el inconsciente” ubica los tres sujetos que en nuestra civilización encarnan el lugar del Otro segregado, uno de ellos es la locura. ¿Cómo se da la segregación de la locura hoy?
La segregación sin duda toma nuevas formas aunque sigue habiendo las formas clásicas: el hospital psiquiátrico sigue teniendo su lugar, su función y lo que consideramos locura como algo que interrumpe el buen funcionamiento social, pero sólo si interrumpe el buen funcionamiento social, entonces ahí locura se convierte en un problema de salud mental, tal como Miller lo explicitó hace tiempo, es un problema de orden público finalmente. Cuando la locura plantea problemas al orden público entonces se la lleva, se la confina al hospital psiquiátrico, pero no sólo eso, creo que debemos prestar especial atención a otro lugar donde la locura está hoy segregada que es la cárcel. Es en la cárcel donde actualmente va a parar la locura y hay ahí problemas muy serios, porque es una doble segregación, es decir, es la segregación de la locura más la segregación de la delincuencia, que no siempre coincide de una época a otra, depende de los modelos sociales que utilicemos. Sin duda la locura sigue estando marginada, segregada, confinada en lugares donde eso no plantea problemas al orden público, pero sólo si plantea problemas al orden público… Y no siempre, porque estoy pensando en algunas locuras políticas que plantean serios problemas al orden público y que están en los mejores lugares sociales sin ningún problema. Es cierto que ha habido además una gran transformación del hospital psiquiátrico, no estamos ya en la época de los años 50, se ha modificado pero no tanto tampoco, cuando uno va al hospital psiquiátrico se da cuenta de que la locura sigue estando tratada como se puede, en lugares de confinamiento, pero subrayo la importancia de la cárcel como de los lugares de segregación social, donde donde la locura, no la psicosis, sino la locura en su sentido más habitual, el de salud mental, que plantea problemas al orden público está ahí. Pero también el problema se está se está generalizando a la vez, porque no solo es la cárcel, es cierto que cada vez más está la idea de que hay que crear espacios, incluso se reivindican esos espacios, donde lo que puede aparecer como la locura o lo segregado debe encontrar su lugar. Es más, estamos en un momento donde hay un discurso que es el de la integración que intenta desde una perspectiva más o menos humanista, más o menos científica, más o menos utilitarista y cercana a lo que es el ideal del capitalismo de intentar reciclar lo que queda segregado en nombre de la idea de la integración. Eso alcanza a todos los ámbitos. Se puede hablar más del ámbito pedagógico por ejemplo donde la idea de integración es casi como una especie de significante amo. Y plantea problemas serios, porque los resultados que se están obteniendo de esta lógica de la integración suelen ser los de una doble segregación. Creo que ahí hay que cambiar la perspectiva desde el psicoanálisis, creo que incluso podemos dar indicaciones políticas sobre eso. La idea de integración sea en el ámbito que sea, la idea de asimilación según la propia imagen, lleva a impases crecientes, lleva a una mayor segregación continuada como ya Lacan avisó en los años 60. Creo que en lugar de la idea de integración para tratar lo que por estructura se segrega en nuestra civilización, hay que pensar más bien la lógica que Miller introdujo como muy de pasada en la época en que lanzó la red Zadig, modificando una frase de Kant, de la ética kantiana y en lugar de, como decía Kant, “pensar poniéndose en el lugar del otro”, finalmente para asimilarlo a la propia forma de pensamiento, Miller proponía una ligera modificación, pero que es fundamental, decía: “poner al otro en lugar en su lugar de sujeto”, esa simple variación de la frase kantiana cambia radicalmente la posición del sujeto, cambia la política, cambia incluso el modelo de civilización que podamos pensar. No se trata de integrar al otro segregado, sino de ponerlo en su lugar de sujeto, lo que quiere decir: darle todo el derecho de palabra, lo que quiere decir saberlo escuchar en su singularidad, lo que quiere decir hacerlo responsable de su palabra y de sus actos. Eso va contracorriente del discurso de la integración que está mostrando sus impases cada vez de manera más cruel. ¿Cómo introducir esta dimensión, cómo transmitir desde el psicoanálisis esta idea que Miller la ha dicho de muchas maneras cuando se empezó planteando la de dar dignidad a la psicosis, dar dignidad a la locura era una manera de decirlo? Está muy bien expresado en ese momento en el que modificó esa frase, en lugar de intentar identificarse al otro, pensando como él cosa que es imposible la empatía, la comprensión de los ideales humanistas que han mostrado su desastre trágico finalmente también. En lugar de lógica de la identificación, la lógica de colocar al otro en su dimensión de sujeto singular, en su lugar de sujeto, haciéndolo responsable de su palabra y de sus actos. Llevar esa lógica hasta el límite es muy difícil, porque uno tiende a identificarse con lo segregado, aunque parezca extraño, pero generalmente es así, el fantasma fundamental siempre es de identificación con lo segregado. En lugar de identificarse, poner al otro en su lugar de sujeto nos da otra dimensión de la experiencia y por lo tanto también de una posible política, y hablo ahí de política y ya no solamente en el sentido más genuino de la política de la cura, como la llama Lacan, si no de la política en su sentido más general. Eso no es fácil, ¿no? Estoy pensando cómo poner en su lugar de sujeto a ciertos discursos contemporáneos incluso en la política, eso es una empresa que creo que la apuesta de Miller con Zadig era esa: poner al sujeto de lo político en su lugar de sujeto desde el psicoanálisis, pero bien se ha mostrado que eso no es tan fácil, al menos como algunos podían suponer.
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